Andrea Ramírez, Directora Ejecutiva de la Coalición de Fe y Educación para la NHCLC, recientemente le pregunto a Katrina Boone como las Iglesias y los padres pueden ayudar y apoyar a estudiantes minoritarios para que sean exitosos. Como una maestra de Ingles en la escuela secundaria y como Afro-Americana quien asistió a escuelas públicas, Katrina ofreció una perspectiva única y practica. Actualmente sirve como Directora de Teacher Outreach para la organización, Collaborative for Student Success.

Katrina, ¿que desafíos experimentaste como una estudiante afro-americana siendo criada en un ámbito de pobreza?

Como niña, pase mucho tiempo sintiéndome confundida y sin estabilidad. Mis hermanos y yo crecimos con el tipo de pobreza que venía y se iba como olas. En veces se pagaban las facturas, nuestras pancitas estaban llenas y teníamos cable para ver televisión. Pero en veces, no comíamos, no teníamos calefacción durante los inviernos. Ese tipo de imprevisibilidad me siguió a la escuela. Batalle social y emocionalmente y constantemente dudaba si mi maestra y los otros estudiantes verdaderamente me querían. No sabiendo de donde vendría mi próximo alimento o si tuviera un lugar seguro y calientito para dormir fue una carga que lleve conmigo a todo lugar.

La estructura de la escuela me confundía también. Me gustaba aprender, y era buen estudiante. Pero nunca me sentí en paz en el salón. Me sentía estresada y aislada. Sabía que era más pobre que mucho de los otros estudiantes, olía mal y estaba sucia, era color café en un mar de blanco. Me sentía que la escuela era un juego en el cual yo era muy buena, pero también me sentía que el juego estaba amañado contra otros estudiantes pobres o café. Deberíamos de haber estado enfocados en aprender, pero estábamos distraídos por el gruñir de nuestros estómagos vacios. Cuando batallábamos para controlar nuestras emociones, nos retiraban de la oportunidad para aprender. La escuela era un juego el cual me preocupaba que no debería de estar jugando, y como maestra, me he encontrado con muchos otros estudiantes que se han sentido de esa misma manera.

Llegaste a no solo graduarte de la escuela secundaria, pero del colegio – y obtuviste una Maestría. ¿Quien te ayudo poder imaginar tal futuro? ¿Como te apoyaron durante el proceso?

Me acuerdo, a una edad temprana, me dijeron que iría al colegio. Nunca se sintió como una opción, y estoy agradecida por ello. Mis hermanos y yo pasamos mucho tiempo en una iglesia pequeña, en el lugar donde vivíamos, y allí había una familia llamada, Thompson, que hablo esa verdad a mi vida. La Señora Thompson platicaba a fondo conmigo acerca de los libros que estaba leyendo y de las materias sobre las cuales yo quisiera aprender en el colegio y al ella hacer esto, me hizo sentir que el aprender, en la escuela y en la iglesia, era algo lo cual debería valorar.

La manera en la cual esta familia Thompson amo a mis hermanos y a mí, como hicieron el esfuerzo para hacernos sentir que pertenecíamos a la iglesia tal como cualquier otro, era algo radical para mi, a comparación de cómo me sentía en mi casa, y en la escuela. Y en mis conversaciones con la Señora Thompson fue la primera vez que realice que el “aprender en la escuela” podía vivir fuera del salón de clase y ser parte de otras áreas de mi vida.

November
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