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Como una bomba atómica

Los que conocen Woodberry pueden imaginárselo fácilmente en el oeste de África—un hombre alto y desgarbado en busca de respuestas con tenacidad y precisión. Podría trabajar en una película como doble de un detective privado si se le pusiera una gabardina sobre los hombros, subiéndole el cuello y enviándolo a un callejón oscuro.

"Fue divertido ver su proceso de descubrimiento" dice Smith, quien supervisó el comité de disertación de Woodberry. "Recolectó evidencia muy rara y dispersa y la unió en un conjunto coherente de datos. Uno sentiría que [el proyecto] era demasiado grande para un estudiante de doctorado, pero él era obstinado, independiente y meticuloso."

Lo que comenzó a emerger era un constante y controvertido patrón que podría dañar la carrera de Woodberry, advirtió Smith. "Pensé que era un proyecto grande y audaz, pero le advertí que a mucha gente no le iba a gustar si la historia resultaba cierta," Smith dice. "Sugerir que el movimiento misionero tenía esta influencia fuerte y positiva en la democratización liberal—no se podía pensar en una historia más increíble y ofensiva que contar a un montón de académicos seculares."

Pero la evidencia seguía llegando. Mientras estudiaba en el Congo, Woodberry hizo uno de sus más dramáticos descubrimientos iniciales. La explotación de la época colonial en el Congo era bien conocida: colonizadores tanto en el Congo Belga como el Congo Francés habían obligado a los aldeanos a extraer caucho de la selva.

Como castigo por no cumplir quemaron aldeas, castraron a los hombres y cortaron las extremidades de los niños. En el Congo francés las atrocidades pasaron sin comentarios ni protestas, excepto un solo reporte en un periódico Marxista en Francia. Pero en el Congo Belga, estos abusos despertaron el movimiento de protesta internacional más grande desde la abolición de la esclavitud.

¿Por qué la diferencia? Trabajando en una corazonada, Woodberry trazó las estaciones misioneras en todo el Congo. Misioneros protestantes, se vio después, se les permitió entrar solo en el Congo Belga. Entre esos misioneros estaban dos bautistas Británicos llamados John y Alice Harris quienes tomaron fotografías de estas atrocidades—incluyendo una foto famosa de un padre mirando los restos de su hija—y después las contrabandearon fuera del país. Con la evidencia en mano, viajaron a través de los Estados Unidos y Gran Bretaña para despertar la presión del público y, junto con otros misioneros, ayudaron a elevar una protesta contra estos abusos.

November
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Christianity Today
El mundo que los misioneros hicieron