El plan de Dios es siempre mejor
Image: Brandon Seidel / Getty Images

Todo iba muy bien en mi vida. Mi esposo y yo vivíamos en Texas y estuvimos en el seminario durante tres años preparándonos para servir al Señor. Queríamos ir y cambiar el mundo por Jesús. Pensábamos en todos esos lugares maravillosos donde íbamos a decirle a la gente acerca de su amor y compasión. Estábamos listos para cumplir Mateo 28:19-20 en nuestras vidas, “Por tanto, id y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a obedecer todo lo que yo te he mandado. Y ciertamente estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. La palabra naciones hizo que la Gran Comisión fuera algo muy atractivo y divertido. Después de todo, ¿no es esa la razón por la que fuimos al seminario? Seguramente Dios tenía un hermoso lugar para que nuestra familia pudiera ir a los confines de la tierra para predicar el Evangelio.

“Sí Señor”, dije; “envíame… ¡Iré!” Entonces el teléfono empezó a sonar, ¡y era Dios! Hay un dicho que he aprendido muy rápido, “ten cuidado con lo que deseas” La llamada vino de una iglesia en un pueblo muy pequeño en el este de Texas que estaba siendo obediente a Dios para llegar a la comunidad hispana que no asistía a una iglesia. Ellos pensaron que sería una buena cosa trabajar juntos y compartir a Jesús, en español. En ese momento cuestioné el plan de Dios. O estaba confundido acerca de “las naciones” o estaba confundido acerca de mi vocación. Esta dulce pequeña ciudad que ni aparecía en el mapa, ubicada en Texas, estaba a sólo unas pocas horas de distancia. Podría conducir mi coche y llegar el mismo día. Señor, ¿estás seguro de que este es el lugar correcto? No me parecía que esta pequeña ciudad era ir a los extremos de la tierra.

“Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” Jeremías 29:11. ¿Recuerdas el llamado de Dios? ¿Recuerdas esa dulce ciudad que te dije que no está en el mapa? Tenlo en cuenta porque un año después, Dios y yo volvimos a hablar y llegamos a un acuerdo. Yo dije, “Señor, iré, pero déjame quedarme en casa. Déjame criar a mis hijos y cuando crezcan, tal vez nos envíes a un lugar lejano para ser misioneros. Mi esposo puede servirte, y puedo orar por él desde casa”. Ese plan tampoco me funcionó. Aprendí un nuevo refrán del sur del país, “Bendice tu corazón [bless your heart]”. Al principio me pareció que era una cosa dulce decir. No se me ocurrió entonces que en Texas este es un dicho que la gente usa cuando sienten pena hacia alguien. Bueno, “Bendice mi corazón” porque tres meses más tarde estaba firmando un contrato para comenzar un nuevo trabajo como maestra de primaria. Mire usted, la llamada de Dios es personal. Servimos como una familia, pero Dios tiene un propósito único para cada uno de nosotros individualmente.

November
Subscribe to CT and get one year free.
Tags:
View this article in Reader Mode
Christianity Today
El plan de Dios es siempre mejor