Justicia para el extranjero

Las historias humanas detrás de los números.
Justicia para el extranjero
Image: alberto cervantes / Shutterstock

Don Hilario Medina (no es su verdadero nombre), un inmigrante de 73 años, había cruzado la frontera sur de los Estados Unidos en 1968, sin dinero, sin familia y con muchas ganas de trabajar. Su falta de educación formal le impidió hacer mucho más que trabajar en labores agrícolas toda su vida. En la época que entró a los Estados Unidos era muy fácil obtener una tarjeta de seguro social. Bastaba con presentarse en la oficina más cercana y solicitarla, así que eso fue lo que hizo.

En todos los años que trabajó, don Hilario recibió pago por cheque y el Departamento de Seguridad Social descontó mes tras mes las cuotas de ley para su jubilación. Don Hilario es un buen hombre; sencillo, humilde y trabajador, nunca tuvo problemas con la ley. Tras una larga vida de duro trabajo, don Hilario se jubiló, pero su falta de estatus legal le impedía recibir los beneficios de ley.

Don Hilario supo del ministerio del Proyecto ISAAC y solicitó nuestra ayuda. Tras un análisis de su caso, determinamos que era elegible para un beneficio llamado Registry, mediante el cual una persona que entró a los Estados Unidos como indocumentado desde enero 1 de 1972, que nunca ha tenido problemas con la ley, nunca ha salido del país y puede demostrar su presencia física en los Estados Unidos desde entonces, puede recibir una tarjeta de residente permanente. ISAAC lo representó legalmente en el proceso de solicitud y obtuvo su tarjeta de residente.

El Proyecto ISAAC (Immigration Service and Aid Center, por sus siglas en inglés) nació en el año 2006 como un esfuerzo de parte de la Comisión de Vida Cristiana de los Bautistas de Texas a fin de amar y servir a la comunidad inmigrante. Una de las más grandes necesidades de los inmigrantes en nuestro país es la de recibir servicios legales a bajo costo. Muchos de ellos no pueden pagar los servicios de un abogado de inmigración y, desgraciadamente, esta necesidad es aprovechada por personas que se hacen llamar “notarios” o “consultores de inmigración”. Estos individuos carecen de licencia para ejercer las leyes de inmigración y estafan diariamente a miles de familias. Les llenan formas de solicitud migratoria y solicitan beneficios a favor de ellos, pero sin saber nada de procesos legales ni tener permiso para hacerlo. Esto resulta muchas veces en la deportación del inmigrante, o por lo menos en el robo de su dinero.

Existe un proceso mediante el cual la Junta de Apelaciones Migratorias (Board of Immigration Appeals), una rama del Departamento de Justicia de los Estados Unidos, reconoce a iglesias y organizaciones sin fines de lucro y acredita a sus representantes para ofrecer servicios legales sin necesidad de tener un título de abogado. Ofrecer servicios legales sin tener un título de abogado y hacerlo como ministerio para cubrir esta necesidad es solo posible en los Estados Unidos y constituye un privilegio enorme.

El Proyecto ISAAC recibió su reconocimiento en el 2013, y ha ayudado a cientos de personas en la comunidad inmigrante de San Antonio. Además, ISAAC ha ayudado a otras iglesias y ministerios en Texas, Florida y Virginia a obtener su reconocimiento y acreditación de parte de la Junta de Apelaciones Migratorias.

¿Qué es lo que hacemos? Es muy sencillo: el inmigrante que busca ayuda hace una cita con nosotros, nos da una hora de su tiempo para contarnos su historia migratoria y su necesidad. Analizamos su caso y mediante consejería legal tratamos de encontrar los beneficios migratorios para los que es elegible. Si podemos ayudarlo, llenamos las formas correspondientes y nos convertimos en sus representantes legales ante el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

Ver los rostros de aquellos que salen de las sombras para convertirse en residentes permanentes o simplemente adquirir el estatus migratorio que les permita vivir sin temores en nuestro país es una expresión tangible del amor de Cristo.

¿Por qué lo hacemos? Porque el amor de Jesucristo nos constriñe. La Biblia es clara cuando habla de lo que Dios espera de nosotros al respecto de los inmigrantes. Es evidente, de acuerdo a Mateo 25:31-46, que al fin de los tiempos el Señor nos pedirá cuentas sobre cómo alimentamos al hambriento, cómo vestimos al desnudo, si visitamos a los prisioneros, a los enfermos, y si cuidamos del forastero, del extraño, del que es diferente a nosotros.

Una razón adicional por la que llevamos a cabo este ministerio, es que alguna vez nosotros mismos fuimos extranjeros, y alguien nos amó y proveyó para nosotros a fin de que pudiéramos ser traídos a la plena conexión con Dios y con la comunidad. Debemos ir y hacer los mismo por los demás.

Don Hilario es uno de millones de extranjeros entre nosotros que espera a que el Cuerpo de Cristo se preocupe y haga algo por su necesidad. El extranjero estará presente legalmente o en papel de indocumentado, pero Dios lo ama a pesar de todo. Quien sirve a los inmigrantes intenta verlos con los ojos de Cristo Jesús, y busca ver a Cristo mismo reflejado en el rostro de ellos.

Jesús Romero es Director del Proyecto ISAAC (Centro de Servicios y Ayuda de Inmigración), un ministerio de los Bautistas de Texas.

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