La clase de mujer que quiero ser

Es mucho mejor que la mujer que el mundo quiere que yo sea.
La clase de mujer que quiero ser
Image: Ben White / Unsplash

Al observar a las mujeres en la iglesia hoy en día, vemos que la gran mayoría se esfuerza por alcanzar la perfección. Han permitido que la sociedad y los medios de comunicación actuales influyan en su visión de lo que las mujeres deberían ser. Muchas mujeres se sienten abrumadas por las expectativas poco realistas que el mundo les ha puesto y que también han puesto sobre sí mismas. Ellas han caído presa de la mentalidad que dice que deben ser perfectas en sus tareas como esposas, madres, y amas de casa, y que tienen que ser más inteligentes, más fuertes y más exitosos que las demás y mostrar que todo lo tienen bajo control todo el tiempo. Tienen que jugar el papel, aunque en el interior están luchando con el quebrantamiento y los desafíos de todos los días.

Como mujeres cristianas, necesitamos evaluar nuestros corazones y preguntarnos qué es lo que nos motiva a luchar por la perfección. ¿Estamos tratando de agradar al hombre o a Dios? Por favor, no me malinterpreten, debemos esforzarnos por ser lo mejor que podamos y vivir una vida que traiga gloria a Dios, pero creo que necesitamos mantener una perspectiva espiritual. Me gusta lo que dice Pablo en Colosenses 3:1-3, “Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en Gloria”. Estos versículos siempre me traen de vuelta a donde tengo que estar, porque como todos nosotros, a veces puedo irme por un camino lateral. Creo que la clave aquí es lo que nos dice Pablo. Él dice que centremos nuestros corazones. Eso significa despertar todos los días y decir: “Señor hoy, ayúdame a concentrarme en lo eterno; Guíame para hacer todo lo que me has llamado a hacer hoy. Sé que en ti soy todo lo que debo ser y estoy completa”.

Yo animo a las mujeres a reenfocarnos y poner nuestros corazones en la búsqueda de su presencia y su dirección para nuestras vidas. No nos dejemos llevar por lo que las normas del mundo dicen que debemos ser. Debemos prosperar, pero debemos dejar que Dios sea el que abre las puertas y nos coloca donde quiere que estemos.

Cuando somos llamadas a dirigir —en nuestros hogares, carreras y ministerio— para hacer una diferencia en el mundo que nos rodea y abogar por el cambio, debemos recordar que el cambio que Dios quiere y el cambio que tanto necesitamos es el cambio del corazón. Dios quiere traer luz a las áreas oscuras de nuestra vida. Necesitamos permitir que el amor y la presencia de Dios sanen nuestra alma.

El corazón de una mujer que ha sido transformada por el poder de Dios trae cambio a los que la rodean. Está segura de saber dónde está en la vida y que lo que está haciendo es suficiente para Dios, porque ha puesto su corazón en sólo complacerlo.

No podemos dejar que las expectativas humanas nos guíen o nos lideren, las únicas expectativas para vivir son las que Dios nos ha dado —ser obedientes a su Palabra y confiar en él. Dios sabe que no somos perfectos y nos recuerda que su fuerza se perfecciona en nuestra debilidad, que conoce nuestra naturaleza y que nos ama. Ya somos suficientes —todo lo que debemos ser— en él. Pensando en lo que mi corazón desea, oro para que esté en línea con los deseos de Dios y lo que él desea para mi vida. Mi deseo es que haya un mismo sentir en el corazón suyo: que los deseos de Dios para usted también estén en sintonía con los suyos mientras Dios nos habla y calma nuestra vida sobreocupada y pone nuestro corazón y mente de nuevo en una perspectiva celestial.

Quiero prosperar Señor, pero quiero que tú seas el que abre puertas y me coloca donde necesito estar.

Quiero guiar, pero primero ser guiado por ti, Señor.

Quiero hablar, pero primero quiero oírte hablar conmigo.

Quiero amar, en la forma en que me amas Señor.

Quiero abogar por el cambio, pero del corazón.

Quiero ser una mujer que cree, pero primero quiero confiar y creer en ti que sostienes todas las cosas.

Quiero ser una amiga que hable una palabra de verdad para animar, como su palabra me anima.

Quiero ser una madre que ama y deja un legado en sus hijos a través de sus acciones.

Quiero ser una esposa que hace soñar a su esposo y aspirar a buscar más de Dios.

Quiero ser una mujer que trae gloria a Dios y su identidad está envuelta en él. Una mujer que sabe que es aceptada y amada. Una mujer con una confianza que viene de saber que ella fue creada y hecha para ser un instrumento que traiga cambio a aquellos que están a su alrededor. Una mujer que es poderosa, pero su poder proviene de la presencia de Dios en su vida. También quiero ser la mujer que tantas niñas necesitan. Alguien que puede animarlas a buscar a Dios, tal vez no tanto por mis palabras, sino por cómo vivo mi vida —en fe y confianza en un Dios vivo.

Carolina Pflücker estudió en Calvary Chapel Bible College. Actualmente trabaja con su esposo en una compañía cristiana que distribuye literatura y productos cristianos a nivel nacional. Su pasión es servir a otras mujeres para desarrollar una relación más profunda con Dios y para fomentar la lectura de libros que cambian la vida a través del ministerio que fundó en 2010 que se llama “Añade color a tu vida”. Vive con su familia en Corona, California.

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December
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