La próxima gran cosa en la educación hispana
Image: Andy Dean Photography

Históricamente, ¿cuándo se han necesitado líderes?

Según Ronald A Heifetz, en su libro Leadership Without Easy Answers, “El liderazgo está orientado por la tarea de hacer trabajo adaptativo”. Es decir, los líderes son necesarios cuando las soluciones tradicionales a los problemas producen un resultado inferior al deseado. Los líderes inspiran a otros a ofrecer soluciones creativas a nuevos desafíos o a los problemas que continúan a pesar de los intentos de resolverlos.

¿Dónde se necesitan hoy los líderes?

Donde veo que el cambio y el desafío se entrecruzan es en las tendencias de los estudios de K-12 (kínder a grado 12) y la educación superior de las minorías, particularmente entre los hispanos, en los Estados Unidos.

El cambio: el porcentaje de graduados de la preparatoria hispanos está aumentando lenta pero constantemente, de aproximadamente uno de cada diez alumnos en 1998 a una proyección de tres de cada diez alumnos en la próxima década (National Center for Education Statistics).

El desafío: un informe anual publicado por ACT (The Condition of College & Career Readiness 2015), encontró que solo uno de cada cuatro estudiantes hispanos estaba “preparado para la universidad”. Y para estudiantes afroamericanos la situación es peor: sólo uno de cada diez lo están. De acuerdo con un informe de 2016 de Learning Heroes, una organización nacional que fortalece a los padres para hacerse cargo de la educación de sus hijos, el 90 por ciento de los padres hispanos quieren que sus hijos vayan a la universidad —un porcentaje más alto que cualquier otro grupo étnico— pero solamente el 42 por ciento de los estudiantes hispanos llega a la graduarse de la universidad. Aunque vemos a muchos hispanos ingresando a la fuerza laboral competitiva sin ningún título universitario —asociado, licenciatura o maestría— estos individuos pueden carecer de la ventaja competitiva (es decir, mayores niveles de educación) que muchas empresas, compañías y el público desean.

Aquí es donde el liderazgo como trabajo adaptativo entra en juego. Muchas universidades cristianas reconocen el valor (más allá del valor monetario) que la comunidad hispana contribuye a la sociedad norteamericana. En parte esto se debe a cómo valoramos la lealtad a la familia, tenemos una fuerte ética de trabajo, respetamos la autoridad, y somos religiosamente devotos. Estas universidades también reconocen que la comunidad hispana tiene el potencial de impactar significativamente a la sociedad con estos valores, y aún más cuando alcanzan mayores niveles de educación. Sin duda, los niveles más altos de logro académico pueden abrir puertas que pueden propulsarlos en mayores esferas de influencia en el mercado secular.

El consejo tradicional dado a los estudiantes hispanos de “trabajar más duro, mantenerse enfocado, obtener mejores calificaciones y no abandonar la escuela”, aunque verdadero e inspirador, no toma en cuenta las circunstancias particulares que enfrentan los hispanos. Estas preocupaciones incluyen barreras lingüísticas entre los padres hispanos de primera generación y la información educativa que sus hijos traen a casa, bajos niveles de reclutamiento universitario en las escuelas públicas urbanas e incapacidad para poder pagar la matrícula universitaria. .

November
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Christianity Today
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