Cuídese de los lobos de los préstamos rápidos de día de pago
Image: Departamento de Pesca y Vida Silvestre de Oregon / Flickr

En la primavera del año 2013 mi esposo, el pastor Carlos Valencia, y yo tuvimos uno de esos golpes en la puerta que te rompen el corazón, cuando un miembro de la iglesia se aparece destrozado y sufriendo. La señora Mendoza (no su verdadero nombre) estaba desesperada, derrotada y avergonzada. No sabía a quién acudir aparte de su pastor, alguien en quien ella confiaba.

Con lágrimas nos compartió que ella era responsable de que su familia perdiera su casa, y ahora estaba a punto de perder su automóvil, y no sabía cómo decírselo a su esposo. Quedamos sacudidos, confusos y enojados. ¿Cómo era posible que esta familia tan trabajadora perdiera su casa?

La señora Mendoza se había atrasado en los pagos cuando algunas de las cuentas resultaron ser mayores de lo acostumbrado. Se cansó de pedir ayuda a sus amigos y recordó haber visto unos grandes letreros y otras publicidades de préstamos de día de pago que afirmaban que ellos podían ayudar. Fue a uno de esos lugares donde vio que era muy fácil obtener un préstamo pequeño. Lo único que necesitaba era comprobar su empleo y una cuenta de cheques de donde se cobrarían automáticamente sus pagos. La señora Mendoza salió con un préstamo de $300 dólares que solamente le iba a costar $75 dólares adicionales, monto que debía pagar en dos semanas. Parecía muy sencillo. Esa transacción rápida se convirtió en una trayectoria horrorosa—una trampa enfermiza e interminable. Dos semanas más tarde ella tuvo que extender ese préstamo inicial y pagar otros $75. Eso terminó en que tuviera que sacar un préstamo tras otro para pagar los intereses y las cuotas adicionales que se acumulaban cada dos semanas.

Encontrándose completamente hundida en las deudas y amenazada por los cobradores, no halló otra salida que usar los pagos de hipoteca para pagar el pago de la deuda rápida. Este ciclo continuó por varios años, y terminó pagando más de $10,000 dólares por un préstamo que comenzó en $300 dólares.

Mi esposo y yo revolvimos cielo y tierra llamando a bancos, abogados y a cualquier persona que pensábamos que podría ayudar a salvar la casa de esta familia. Lamentablemente, era demasiado tarde. El banco se apropió de la casa y la vendió, y ahora ella estaba por perder su automóvil, que necesitaba para ir al trabajo. Decidimos ir con ella al lugar donde pidió el préstamo para ver si podíamos ayudar pero no hubo nada que pudiéramos hacer. El prestamista que ofreció ayudarle cuando ella necesitaba desesperadamente esa ayuda le había tendido una trampa.

Le prestamos el dinero para cancelar definitivamente ese último préstamo, pero salimos de allí horrorizados y desesperados al descubrir que hay empresas como esa que se visten como ovejas anunciando ayudar y, en vez de eso, son lobos listos para devorar a su presa.

Tristemente, esta fue solo la primera de muchas historias que he encontrado. Según un estudio reciente hecho por Lifeway Research, el 24 por ciento de los hispanos cristianos han usado un préstamo rápido de día de pago—es decir, uno de cada cuatro miembros de nuestras congregaciones hispanas. Hay iglesias que están usando sus fondos de benevolencia o juntando dinero para ayudar a sus miembros a cancelar estos préstamos. El préstamo típico puede tener una tasa de intereses y cuotas de más del 400 por ciento. La ganancia de este comercio descansa en el ciclo vicioso de la deuda. Más del 75 por ciento de todos los pagos cobrados por los prestamistas del día de pago provienen de personas que sacan más de 10 préstamos por año.

November
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