Los samaritanos del día de hoy
Image: Ray Chen Smith/Flickr

Durante los 1980s, conocí a una mujer hispana en el aeropuerto en Los Ángeles. Ella había llegado a los EU de Cuba cinco años antes. Le pregunté lo que le gustaba de su nuevo país. Rápidamente mencionó las cosas que disfrutaba, muy alto en su lista estaban la libertad y la oportunidad. Luego le pregunté qué cosas no le gustaban de este país. Terminantemente me dijo, "no me gusta que me llamen mexicana," revelando sentimientos de una persona que se considera devaluada o subestimada. Se sorprendió cuando le dije que soy de descendencia mexicana y que nací mexico-americano. Entonces agregó, "oh, ¡pero puedo ver que usted no es como uno de ellos!"

¿Qué fue lo que vio? En poco tiempo ella, sin que fuera su intención, se había catalogado a si misma y a otros hispanos en este país incorrectamente. Nuestra breve conversación reveló que los hispanos no somos todos iguales y la necesidad que existe de que entendamos mejor las realidades y sutilezas de la diversidad racial y étnica. Sin embargo, lo que a ella se le escapó fue su propia identidad colectiva como nueva ciudadana norteamericana.—ahora es cubana-americana.

Una vida en el guión

La historia del encuentro de Cristo con la mujer samaritana (Juan 4) representa su compromiso con cambiar la condición de aquellos que viven una existencia entre aquí y allá. Los samaritanos, siendo tanto judíos como gentiles, eran los mestizos de aquel día. Los discípulos, como encargados de mantener la tradición judía dominante se encuentran entumecidos, indiferentes, y totalmente despistados durante este encuentro profético. Mientras tanto, Cristo afirma el valor de la mujer como persona y la guía a depositar su fe en él. Ella, por su parte, comparte las buenas nuevas del evangelio a su comunidad, creando un nuevo paradigma cultural y espiritual.

El mensaje que esta historia comunica depende de dónde nos ubicamos dentro de ella. En los Estados Unidos, en manera muy parecida a los samaritanos, los étnicos viven en medio de "dos mundos," es decir, viven en el guión. Poner un guión entre dos palabras significa que hemos conectado o hemos dividido las dos palabras. Los aztecas en México usaban la palabra Nepantla (tierra entre medio) para describir esa idea de estar en medio, es decir, tanto esto como aquello, una existencia entre aquí y allá.

La iglesia no debe ver la diversidad como un problema que resolver, sino como la manera de completar su identidad profética.

Los mexico-americanos fueron los primeros en enfrentar una vida en el guión. Ya que vivían a lo largo del Camino Real de los españoles, los mexicanos se volvieron norteamericanos después de la guerra de EU con México (1846-1848). Este evento determinante para las dos naciones forjó una nueva identidad. Los demás llegaron después de las 22 naciones de América Latina y el Caribe, cada grupo llegó con su propia historia y sus diferencias culturales. Pero debajo de nuestra piel, todos somos parientes. Somos todos miembros de la raza humana y de la familia.

En este momento, los hispanos se han vuelto muy visibles y son el tema de muchas conversaciones, debates, y propuestas, desde la Casa Blanca hasta la tienda de la esquina. La tasa de natalidad y los factores migratorios sugieren que los hispanos en EU seguirán creciendo por muchos años venideros. El "asunto hispano" está aquí para quedarse y exige que se resuelva constructiva y eficazmente.

October
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