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Poner la guerra en juicio
Image: Eric Vandeville / Gamma-Rapho / Getty

Este mes, el ex dictador guatemalteco Efraín Ríos Montt fue condenado por genocidio contra los pueblos indígenas del país y por crímenes en contra de la humanidad. Visto desde el trasfondo histórico de corrupción judicial e intimidación en Guatemala, el veredicto fue monumental. Aunque el fallo ha sido anulado, el juicio sigue generando gran interés a nivel mundial.

Ríos Montt llegó al poder por un golpe de estado en Marzo de 1982 y fue derrocado por un contra-golpe en agosto de 1983. Estuvo al frente del país por 17 meses en medio de más de tres décadas de guerra de guerrillas. Ríos Montt había hecho una confesión de fe en Cristo y participaba en una iglesia pentecostal, por lo tanto en aquel entonces, los evangélicos lo presentaban como un instrumento de Dios contra los males del marxismo. Dentro y fuera de Guatemala, se veía a Ríos Montt como un testamento a la mano de Dios, narrativa que el mismo Ríos Montt afirmaba también. Su presidencia coincidió con el centenario de la llegada de los primeros misioneros protestantes a Guatemala, un país históricamente católico.

Yo, como otros que vivieron en Guatemala durante la era de Ríos Montt, me siento en conflicto. Mi madre era guatemalteca, y he pasado muchos años allí. El amor por "la tierra de la eterna primavera" fluye en mis venas. Sin minimizar las terribles atrocidades que pasaron mientras Ríos Montt estaba en el poder, me pregunto si los cargos de genocidio y crímenes contra la humanidad distorsionan la naturaleza de una guerra larga y compleja.

Los evangélicos, tanto en Guatemala como en Estados Unidos, podemos aprender de la presidencia de Ríos Montt y de las cosas terribles que ocurrieron durante ese tiempo. Por un lado, nos recuerda lo complicado que pueden ser las realidades socio-políticas. Nosotros con frecuencia ignoramos la historia, o marcamos líneas ingenuas entre el bien y el mal. Su presidencia también levanta interrogantes sobre la practica de los cristianos de abogar por la guerra como un medio para derrotar lo que percibimos como maldad.

No se piensa concienzudamente si el conflicto armado de veras refleja el evangelio del Príncipe de Paz o cómo promueve la misión de Su iglesia.

Ríos Montt subió al poder a principios de los ochentas, cuando los conflictos de la guerra fría se propagaban mundialmente y la lucha persistía dentro de Guatemala. Desde el golpe de 1954 patrocinado por EU, el gobierno guatemalteco había sido dirigido por militares o por aquellos influenciados fuertemente por las fuerzas armadas. La guerra de guerrillas nacional abarcó décadas, empezando en 1960 y terminando por fin en 1996. Algunas de las peores atrocidades ocurrieron durante la presidencia de Romeo Lucas García, el general que precedió a Ríos Montt.

Con Ríos Montt, la política de tierra quemada contra los revolucionarios y supuestos simpatizantes continuó. A través de la campaña denominada fusiles y frijoles, el presidente intentó coordinar la acción militar, la formación de patrullas civiles, y la ayuda caritativa a las áreas de conflicto. Las fuerzas de la guerrilla alcanzaron una fuerza considerable a principios de los 1980s—la estrategia del presidente fue diseñada para erradicar la amenaza de las guerrillas. Dichos esfuerzos tuvieron un alto costo humano, ahora denominado genocidio en el reciente juicio.

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