Por qué estamos perdiendo la guerra contra la pobreza
Image: Foto por Scott Suchman

Una noche en diciembre del 2003, una niña de 8 años de edad de nombre Yuri fue secuestrada, violada, y brutalmente asesinada en la remota aldea Quechua de la Unión, Perú. El día siguiente, su hermano de 11 años encontró su cuerpo desnudo tirado en el camino principal de la aldea.

La historia de Yuri da inicio al libro The Locust Effect: Why the End of Poverty Requires the End of Violence [El efecto de la langosta: Por qué el fin de la pobreza requiere el fin de la violencia] (Oxford University Press), el nuevo libro escrito por Gary Haugen, fundador de International Justice Mission (IJM). Los asesinos de Yuri evadieron la justicia, mientras que otro hombre fue equivocadamente condenado y sentenciado a 30 años de prisión. El título del primer capítulo del libro, titulado "lo que el mundo no puede ver," pone el dedo en una de las fuentes básicas de la arraigada pobreza que pasa desapercibida a los bien intencionados forasteros: oficiales corruptos del gobierno que permiten que los criminales victimicen con impunidad a los pobres. Por ejemplo, las estadísticas nacionales muestran que el 90 por ciento de los asesinatos en México quedan sin resolver.

La falta de cuerpos policiales fiables, argumenta Haugen, expone a los pobres a la peor violencia predatoria, socavando el bien que se logra con los miles de millones de dólares que gastan las agencias de socorro en su lucha contra la pobreza.

Haugen quiere que los occidentales—y las agencias de socorro que ellos apoyan—sean tan resueltos en su lucha contra la violencia criminal como lo son contra el hambre y el VIH/sida. El autor habló recientemente con Timothy C. Morgan, editor principal de periodismo global de CT.

¿Qué es "el efecto de la langosta," y de qué manera afecta a los pobres?

Imagínese un agricultor pobre tratando de rasguñar una salida de escape a su pobreza. Y cuando por fin su cultivo empieza a mostrar promesa, las langostas descienden y devoran todo su duro trabajo. Ese es el efecto de la langosta—la manera en que la violencia impacta a los pobres en el mundo en vías de desarrollo. Las cosas tradicionales que hacemos para ayudar a los pobres a salir de la pobreza no paran la violencia. El libro The Locust Effect cuenta la historia de la plaga escondida de la violencia.

Su libro enfatiza la ley y los cuerpos policiales. Sabemos que las iglesias no tienen ningún poder policial ni el poder de procesar por un crimen, por lo tanto, ¿qué pueden hacer los líderes religiosos?

Tengo la esperanza de que los cristianos recobren su papel construyendo comunidades donde los pobres son protegidos de la violencia. Los cristianos jugaron un papel maravilloso en sonar la alarma de la epidemia del VIH/sida. Se convirtieron en líderes mundiales, confrontando la epidemia y combatiéndola. Mostró a la iglesia en su mejor perfil.

Los cristianos proveen autoridad moral asegurándose que los sistemas judiciales no sirvan solamente a cierta facción política o a los intereses adinerados, o que sean usados para propósitos de extorsión o corrupción. Puedes encontrar, una y otra vez, cómo los líderes cristianos encabezaron esa lucha hace 100 y 150 años.

November
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Christianity Today
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