¿Puede un matrimonio apoyar dos llamados?
Image: Pan Xunbin / Shutterstock

Después de sufrir un ataque de pánico en una oficina municipal en Shenzhen, yo comencé a preguntarle a Dios por qué él me había traído a la China.

Mi esposo y yo nos habíamos mudado al otro lado del mar creyendo que habíamos sido llamados a trabajar en la nueva empresa de mi esposo. Yo dejé mi trabajo y amistades que amaba para apoyar su sueño de proveer productos solares para los países en desarrollo. Yo me convencí a mí misma que ese también era mi sueño.

Pero en menos de un año, nuestro intento de forjar una vocación mutua se disipó. El trabajo continuo de empresario, combinado con el navegar de mi identidad china americana en una cultura sorprendente extraña, me empujó a una debilitante depresión. Sin una comunidad, carrera, o la salud emocional para buscarlas, yo ya no tenía sentido de propósito. Y culpé al fuerte llamado que Dios le había hecho a mi esposo y que nos había llevado allá.

Al final, tuvimos que confrontar una pregunta que muchas parejas se hacen: Dios nos ha llamado juntos en matrimonio, ¿pero qué llamados tiene para cada uno de nosotros? ¿Cómo armonizamos—y apoyamos—nuestros distintos dones y propósitos?

En el matrimonio, el esposo y la esposa se ofrecen a sí mismos en sumisión mutua y amor sacrificial. Pero una sola carne no necesariamente significa un solo llamado. A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás.” (1 Cor. 12:7, NVI).

La manera en que nosotros practicamos nuestro “algo que hacer” dentro del matrimonio y la familia puede ser frustrante cuando el llamado del cónyuge—ya sea en el hogar, el despacho, o la iglesia—es totalmente consumidora y requiere gran sacrificio de su cónyuge.

Parecía que mi esposo y yo teníamos que turnarnos para vivir con propósito divino. En tanto que estuvimos en la China, yo sufría mientras mi esposo florecía. Si regresábamos a los EU, él dejaría la oportunidad de su vida para que yo pudiera regresar a mi trabajo y a la gente que yo amaba.

Demasiados matrimonios—de empresarios, pastores, misioneros, ejecutivos, defensores, y otros profesionales apasionados—se dan por vencidos por este desbalance. Puede conducir a la insatisfacción, resentimiento e infidelidad. Y tiene consecuencias para nuestra fe. Ambos hombres y mujeres se sienten inquietos cuando pierden de vista el propósito que Dios les ha dado mientras ven que otros sí siguen los de ellos. El deseo de encontrar ese propósito puede ser abrumador.

El teólogo William Placher escribió:

Si el Dios que nos ha hecho ha concluido que hay algo que nosotros debemos hacer—algo que se ajusta a la forma en que fuimos creados, y que al hacerlo nos permitirá glorificar a Dios, servir a otros, y vivir más ricamente nosotros mismos—entonces la vida deja de ser tan vacía: mi historia tiene un significado como parte de una historia mayor finalmente formada por Dios.

Todos tenemos el mutuo deseo innato de unir nuestra historia a una historia más grande. Ese deseo no se desvanece con el matrimonio. Durante mi etapa obscura, aprendí que Dios no nos pide escoger entre apoyar a nuestro cónyuge y seguir nuestro propio llamado. Él desea darnos las dos cosas. Y, en su creatividad infinita, Dios puede hacerlo.

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