Imagínese que alguien quiere correr en un maratón, sin embargo, no está en condición física. Lo mejor que podemos hacer es comenzar a entrenar para perfeccionar nuestras habilidades físicas y mentales, y así aumentar nuestra posibilidad de tener éxito en el maratón. En otras palabras, este corredor necesita practicar la disciplina —la preparación para realizar una tarea— para lograr el objetivo.

La misma idea se aplica en el contexto del liderazgo en la iglesia. He estado en muchos puestos de liderazgo, y he descubierto que las siguientes disciplinas son vitales para ser una líder eficaz y exitosa.

¿Disciplinas? Desafortunadamente, a menudo esta palabra tiene connotaciones negativas. Por ejemplo, el diccionario Merriam-Webster define disciplina de seis maneras, y tres de ellas tienen connotaciones negativas, tales como el castigo, el control o una regla. Dos de las otras definiciones hablan de la disciplina de estudio o instrucción, y otra menciona que la disciplina es “entrenamiento que corrige, moldea o perfecciona las facultades mentales o el carácter moral”. Esta última definición comunica el significado más positivo, y es la que se aplica a la vida de la líder latina.

En particular, hay tres áreas de la vida en que la disciplina es clave:

1. La disciplina espiritual

Para la líder cristiana, la disciplina espiritual es la base para el resto de su vida. Esta disciplina la lleva a someterse a Jesús como la fuente de vida y energía. Él dijo que aparte de él no podremos hacer nada, ni dar ningún fruto (Juan 15:4-5). Además, el Espíritu Santo es quien nos sostiene y empodera para cumplir nuestro llamado (Hechos 1:8 y Juan 14). Asimismo, el fruto del Espíritu Santo es el que nos permite vivir la vida cotidiana con la actitud correcta (Gálatas 5:22).

El someterse a la sabiduría, dirección, y poder de la Trinidad es el único camino al éxito.

No debemos “usar” a Dios con el fin de garantizar nuestro éxito. No, es una relación que se moldea de acuerdo a Mateo 6:33 “Más bien, busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.” Es una disciplina motivada por la alegría de relacionarse con Dios, y el resto es una consecuencia. ¿Cómo cultivamos esta disciplina? La oración, la lectura de la Biblia y la meditación son los pasos a seguir.

Pero en el caso de las mujeres, la disciplina espiritual implica también tener una relación con una Santa Trinidad que está a favor de las mujeres y no en contra de ellas. Desafortunadamente, algunas iglesias exaltan el liderazgo masculino, y los dones de liderazgo de las mujeres son subestimados. Una buena disciplina espiritual debe llevarnos a reconocer que Dios levantó muchas mujeres líderes en la Biblia, y que Él ha creado a las mujeres con habilidades de liderazgo.

Como por ejemplo, está Deborah, una jueza en Israel, que le dijo a Barak que el Señor Dios de Israel le ordenó dirigir un ataque contra las fuerzas de Jabín, rey de Canaán y su comandante militar Sísara (Jueces 4:6-7). O la reina Ester, cuyo valor e iniciativa salvaron a su pueblo de la destrucción (vea el libro de Ester).

November
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Christianity Today
Tres disciplinas que hacen (o deshacen) a la líder latina