Una ética antigua, muy antigua
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El aborto empezó a atraer la atención de los evangélicos a fines de los años 1970s. Fue entonces que el cirujano neonatal C. Everett Koop y el apologista Francis Schaeffer iniciaron su gira con su serie de películas: Whatever Happened to the Human Race? [¿Qué le pasó a la raza humana?] Ellos argumentaban que el abortó por demanda—parte del desliz más amplio de esta sociedad que es la perdida del respeto a la dignidad humana—podía convertirse en un nuevo holocausto.

Luego, en 1982, la casa publicadora Intervarsity Press publicó el libro del erudito del Nuevo Testamento Michael J. Gorman titulado Abortion and the Early Church [El aborto y la iglesia primitiva.] El libro mostró con claridad, basándose en nuestros documentos no canónicos más antiguos, que los cristianos, a diferencia de la cultura Romana, prohibían el aborto y el infanticidio.

Esto debía haberle complacido a Schaeffer. Pero cuando se le pidió que hiciera una reseña del libro para CT, Schaeffer sólo dedicó 9 líneas del texto para afirmar el mensaje. Dedicó 66 líneas quejándose del epílogo, dónde Gorman conectaba la oposición de la iglesia al aborto, desde muy temprano en su historia, con la repugnancia que tenía a derramar sangre, incluyendo una repugnancia a la participación en el servicio militar y a la pena de muerte. Al tratar de desligar el aborto del resto del compromiso que la iglesia primitiva tenía a la santidad de la vida, Schaeffer obró más como un ideólogo que como un erudito.

Recientemente, otros autores han estudiado la oposición de la iglesia primitiva al derrame de sangre. Y ya no es posible negar, como lo hiciera Schaeffer, que a través de los escritos de los primeros cristianos corre una ética consistente a favor de la vida (pro-life). El libro del escritor de ética Ron Snider The Early Church on Killing [La iglesia primitiva sobre el tema de matar], provee material comprensivo original, mientras que el libro por el erudito George Kalantzis Ceasar and the Lamb [Cesar y el Cordero], aunque enfocado en la posición de la iglesia hacia el servicio militar, incluye también evidencia de que la iglesia se oponía al aborto.

Ya no es posible negar que a través de los escritos de los primeros cristianos corre una ética consistente a favor de la vida (pro-life).

Sin embargo, los cristianos pronto hicieron concesiones en su ética a favor de la vida para acomodarse a nuevas realidades sociales. Para el año 170 después de Cristo, ya algunos cristianos participaban en el ejército Romano. En 378, tan sólo 66 años después de que Constantino mostrará el favor imperial a los cristianos, Ambrosio de Milán fue el primero en articular la teoría de la guerra-justa.

En el libro The Sacredness of Human Life [La santidad de la vida humana] David Gushee narra la historia del pensamiento cristiano a favor de la vida—y nuestro fracaso al no poder llegar a vivir de acuerdo a esa ética. Aquí esta el eje de su argumento: La santidad de la vida humana que nos presenta la Biblia y los primeros líderes de la iglesia no está anclada en ningún tipo de calidad de vida. Los filósofos han tratado de ubicar nuestra esencia humana en diferentes cosas, desde nuestra habilidad para razonar hasta nuestra capacidad para relacionarnos. Pero, en el pensamiento bíblico, los seres humanos tienen santidad por el solo hecho de que el Dios Creador-Redentor les atribuye tal valor. Esta perspectiva centrada en Dios (teocéntrica) es vital porque los infantes, aquellos con incapacidades, y muchos de los de la tercera edad ya han perdido algunas capacidades claves, sin embargo siguen siendo de valor máximo y singular para Dios.

October
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Christianity Today
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