Les ofrezco este escrito con la siguiente advertencia: No creo que todo lo que escribí es verdadero en su totalidad. Bueno, al menos la parte donde digo que no conozco ninguna otra identidad sino la de predicador. Soy primero, y lo que es más importante, un hijo amado de Dios, y esa identidad es definitivamente mucho más profunda que cualquier cosa relacionada con mi llamamiento. Pero no es eso lo que siempre siento.

Ofrezco esto en tributo a todos los hombres y las mujeres valientes que aguantan el peso de nuestro llamado. Espero que comunique algo de la ambigüedad, belleza, y tensión envueltas en decir "sí" cuando Dios te llama al púlpito.

Por medio de la locura de la predicación, Dios ha escogido demostrar el poder del evangelio. Desde Pedro el día del Pentecostés hasta Martin Luther King predicando en Memphis, Tennessee, la predicación sigue cambiando al mundo. Nunca se olvide de eso, y siga predicando por todos ...

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