Tuve una infancia inusual para un estadounidense. Los miembros de mi familia extendida eran organizadores sindicales y radicales de izquierda, y mis padres incluso habían sido miembros del Partido Comunista Americano. Mi adoctrinamiento en los dogmas del comunismo y el ateísmo fue profundo y duradero. Al mismo tiempo, mi padre me enseñó a amar la ciencia y la razón, y me enseñó la importancia de hacer preguntas. Estos dones, junto con mi entrenamiento en pensamiento e investigación científica, eventualmente abrieron la celda de la prisión que mantuvo cautiva mi alma durante esos primeros años.

Liberarme fue un proceso lento, similar a tratar de raspar la puerta de un calabozo con una cuchara sin filo. Cuando era joven, mi curiosidad me llevó a hacer preguntas. Vi contradicciones en algunos aspectos de lo que me habían enseñado. Si los humanos fueran un producto ciego del azar evolutivo, sin un propósito o significado especial, entonces, ¿cómo podrían tener sentido los objetivos establecidos del socialismo: promover la dignidad y el valor humano? Y si la religión, particularmente el Cristianismo, fue realmente un mal histórico tan terrible, ¿por qué tantos miembros del clero cristiano participaron en el movimiento para conseguir derechos civiles?

Cuando estudié ciencias y comencé mi carrera de investigación en bioquímica y biología molecular, formé un apego apasionado a una vida de conocimiento arraigada en la cosmovisión científica. Encontré consuelo y alegría en la belleza, la complejidad y la sabiduría ...

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