“La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra.” -Génesis 4:10 (LBLA)

Nosotros en Christianity Today amamos profundamente a la iglesia. Servir a la novia de Cristo, hacer crecer su amor por Dios y contar la historia de su obra redentora y transformadora en el mundo es el corazón mismo de lo que hacemos. No nos deleitamos en la historia de su pecado, pero no podemos amar bien a nuestros hermanos y hermanas si no podemos contar la verdad de su historia. Y no podemos contar la verdad de su historia si no podemos confesar nuestra participación en ella. La Biblia es honesta acerca de los defectos y errores incluso de las personas más notables y, por lo tanto, debemos seguir su ejemplo.

Dos pecados originales han plagado a esta nación desde su formación: la destrucción de sus habitantes nativos y la institución de la esclavitud. Ambos surgieron de la incapacidad de ver a personas de otras razas como iguales. Como bien lo dijo el obispo Claude Alexander, el racismo estaba en el líquido amniótico del que nació nuestra nación. Había un virus presente en el medio ambiente que nutrió el desarrollo de nuestro país, nuestra cultura y nuestra gente. El virus del racismo infectó nuestra iglesia; nuestra Constitución y nuestras leyes; y nuestras actitudes e ideologías. Y nunca lo hemos derrotado por completo.

Los primeros esclavos llegaron a estas costas antes que los peregrinos, antes de que hubiera un Massachusetts o un Connecticut. La esclavitud se había desarrollado durante 113 años para el año en que George Washington nació, y durante 157 años ...

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