Cuando conocí a Andrew, yo tenía 19 años, y me enamoré inmediatamente. Él era el hijo de un pastor y se sentía llamado al ministerio, así que no tardé mucho en darme cuenta de que mi vida con él sería una vida como esposa de pastor.

Crecí asistiendo a la iglesia todos los domingos, pero no fue sino hasta que pasé tiempo con la familia de Andrew que comencé a percibir cómo era la vida en las trincheras del ministerio. Al acercarme, escuchar y aprender, vi que, aunque servir en el ministerio puede ser significativo y hermoso, también puede ser estresante, decepcionante, desalentador y solitario.

En 2015, Andrew se convirtió en el pastor principal de la iglesia de sus padres, y pronto encontré la forma de desempeñar mi nuevo papel como la esposa del pastor principal. Servía en el equipo del ministerio de mujeres, facilitaba el grupo de madres de niños en preescolar de los miércoles, y llegaba temprano para el primer servicio todos los domingos.

El ministerio lo era todo. Todo nuestro mundo giraba en torno a la iglesia local y el llamamiento que Dios había puesto sobre la vida de Andrew. Su llamamiento se volvió mi llamamiento; su pasión, mi pasión; y su propósito, mi propósito.

Pero, el 25 de agosto de 2018, tras un periodo de agotamiento, depresión y ansiedad, mi amado esposo Andrew falleció trágicamente por suicidio.

Mi vida tal como yo la conocía cambió para siempre. En su lugar, me fue dada una vida completamente nueva como viuda y madre soltera de nuestros tres hijos pequeños. De repente, nuestra ...

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