René Padilla, teólogo, pastor, editor y miembro de largo plazo de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos, falleció el martes 27 de abril a la edad de 88 años.

Padilla era conocido por ser el padre del modelo “Misión integral”, un marco teológico que ha sido adoptado por más de 500 misiones cristianas y organizaciones de ayuda, tales como Compassion International y World Vision. Dicho modelo impulsó a los evangélicos de todo el mundo a ampliar su misión cristiana, argumentando que la acción social y la evangelización eran componentes esenciales e indivisibles, en palabras de Padilla: “como las dos alas de un avión”.

La influencia de Padilla creció considerablemente después del Congreso de Lausana de 1974, donde pronunció un vibrante discurso plenario. Cerca de dos mil quinientos líderes evangélicos protestantes de más de 150 países y 135 denominaciones se reunieron en Lausana, Suiza, en un encuentro financiado principalmente por la Asociación Evangelística Billy Graham (BGEA, por sus siglas en inglés). Una influyente revista calificó Lausana como “un foro formidable, posiblemente la reunión de cristianos más amplia jamás celebrada”. Cuando Padilla subió al escenario, era portador de las esperanzas y los sueños de muchos evangélicos del Sur global que buscaban igualdad en la toma de decisiones de las iglesias y organizaciones misioneras mundiales.

Padilla hizo un llamado específico al arrepentimiento de los evangélicos estadounidenses, por haber exportado el “estilo de vida americano” a los campos de misión de todo el mundo, desprovisto de responsabilidad social y de atención a los pobres, explicando a la vez su modelo de misión integral.

Acuñó el término inspirado por el pan integral que hacía en casa, refiriéndose a un enfoque espiritual y estructural sintetizado de la misión cristiana.

“Jesucristo no vino sólo a salvar mi alma, sino a formar una sociedad nueva”, dijo en Lausana.

La historia de la vida de Padilla fue sorprendente por su alcance global, pasando de una infancia empobrecida en Colombia y Ecuador, hasta llegar a influenciar a los evangélicos en todo el mundo. Ministró con los misioneros estadounidenses Jim Eliot, Nate Saint y Pete Fleming antes de sus prematuras muertes a las afueras de Quito en 1956; tradujo para las cruzadas de Billy Graham por América Latina en los años sesenta; compartió una íntima amistad y giras de conferencias con John Stott en los años setenta; tendió un puente para cerrar la creciente brecha entre una generación de jóvenes evangélicos del Sur Global y los líderes de Estados Unidos y Gran Bretaña en los tumultuosos años sesenta y setenta; y dirigió organizaciones evangélicas mundiales. Sus escritos fueron publicados ampliamente en revistas teológicas y publicaciones estudiantiles como la de InterVarsity Christian Fellowship (IVCF).

Gran parte del legado de Padilla permanece dentro de América Latina entre pastores, teólogos y líderes laicos. Aunque a menudo se le ofrecieron puestos en Estados Unidos, Padilla eligió quedarse en América Latina, pastoreando entre los pobres, dirigiendo el Centro Kairos para la Misión Integral y publicando por primera vez a cientos de autores latinoamericanos a través de su editorial, Ediciones Kairos. Padilla también fue cofundador de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) y de la Fraternidad Internacional de Teólogos Misioneros Evangélicos, y fue presidente de Tearfund Reino Unido e Irlanda, así como de la Micah Network [Red Miqueas].

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Carlos René Padilla nació en Quito, Ecuador, el 12 de octubre de 1932. Padilla creció junto a la comunidad misionera estadounidense en la región, siendo pionero en proyectos de evangelización y traduciendo programas de radio estadounidenses cuando era apenas un joven adolescente para el ministerio de radio HCJB. De niño, Padilla sabía que era diferente, marcado por una identidad religiosa constantemente marginada y excluida por la cultura latinoamericana más amplia. El padre de Padilla era sastre de profesión como fuente de ingresos, pero un plantador de iglesias evangélicas de corazón. Sus padres se convirtieron en cristianos evangélicos antes de que él naciera gracias a la influencia del tío de Padilla, Eddie Vuerto, quien, según Padilla, fue uno de los primeros pastores evangélicos de Ecuador.

La plantación de iglesias era una tarea peligrosa en la Colombia católica, adonde su familia se trasladó en 1934. Sus casas fueron bombardeadas y se produjeron múltiples intentos de asesinato contra él y su padre mientras plantaban iglesias y realizaban actividades de evangelización al aire libre. Padilla tenía cicatrices de cuando le arrojaron piedras cuando tenía siete años mientras caminaba por las calles de Bogotá, intentando asistir a la escuela local.

Mirando hacia atrás, Padilla señaló que esto formaba parte de ser un fiel cristiano evangélico: “En Colombia tenías que identificarte como cristiano evangélico, y si lo hacías, tenías que pagar las consecuencias”.

Como migrante económico y miembro de una comunidad religiosa minoritaria, Padilla se vio marcado por un contexto de violencia, opresión y exclusión. La relación entre el sufrimiento y la teología era orgánica para Padilla. De joven, recordaba que “anhelaba comprender el significado de la fe cristiana en relación con cuestiones de justicia y paz en una sociedad profundamente marcada por la opresión, la explotación y el abuso de poder”. La cuestión para Padilla no era si el Evangelio tenía algo que decir al desafiante contexto latinoamericano, sino qué exactamente. Estas preguntas llevaron a Padilla a buscar respuestas en la educación teológica y el ministerio práctico entre los estudiantes universitarios.

Cuando era adolescente, Padilla voló en el avión del misionero estadounidense Nate Saint sobre los Andes ecuatorianos. Saint, junto con Jim Elliot y Pete Fleming, había organizado recientemente un campamento bíblico para niños evangélicos en un pequeño pueblo a las afueras de Quito. Mientras Padilla miraba a través de la cabina la selva amazónica que había debajo, recordó el consejo de Saint: “Vas a estudiar teología; ten cuidado de no tomarte la teología sin digerir”. Cuando los tres misioneros fueron asesinados por los indígenas waorani en un intento fallido de evangelización en 1956, Padilla era un estudiante del alma mater de Elliot, Wheaton College. Su repentina muerte le causó, según sus palabras, un “enorme impacto” mientras estudiaba en Wheaton.

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Después de llegar al campus en el otoño de 1953, Padilla buscó la ayuda del presidente de la escuela, Victor Raymond Edman, quien había servido como misionero en Quito, trabajando junto a los padres de Padilla con la Alianza Cristiana y Misionera. Edman apoyó a su nuevo estudiante —que apenas hablaba inglés y estaba endeudado por el precio del boleto de avión— ayudándole a encontrar un trabajo y a ponerse en contacto con los recursos del campus. Para 1959, Padilla había obtenido una licenciatura en filosofía y un máster en teología, pero se graduó en ausencia, pues ya formaba parte del personal de los movimientos de la Fraternidad Internacional de Estudiantes Evangélicos en Venezuela, Colombia, Perú y Ecuador. (IFES, por sus siglas en inglés, y que es el organismo mundial que surgió de movimientos nacionales como el US-InterVarsity Christian Fellowship y el Universities and Colleges Christian Fellowship de Gran Bretaña).

Desde América Latina, Padilla también propuso matrimonio a su amiga estadounidense de largo tiempo, compañera de Wheaton y miembro del personal de InterVarsity, Catharine Feser. Describió su propuesta de matrimonio como explícitamente doble: casarse con él y casarse con América Latina. El compromiso de ella con América Latina como campo misionero desempeñaría un papel importante en el ministerio compartido de la pareja. Catharine editó casi todo lo que René escribió, incluido su discurso de Lausana de 1974. Ella proveyó un puente crucial entre el dominio del inglés y la fluidez nativa.

El nuevo papel de Padilla llegó seis meses después de que el régimen de Fulgencio Batista fuera derrocado en Cuba por las fuerzas comunistas leales a Fidel Castro. El levantamiento despertó a los jóvenes de la región a la realidad de que el imperialismo estadounidense no era inevitable, y su éxito incrementó las tendencias nacionalistas, sembrando gran duda acerca de todas las ideas extranjeras. La mayoría de los materiales teológicos evangélicos de América Latina tenían poco que decir sobre la influencia de las ideologías marxistas. El regreso de los suburbios estadounidenses al tumultuoso contexto político de América Latina conmocionó al joven ecuatoriano y puso en tela de juicio sus categorías teológicas, en particular las impartidas por su educación en Wheaton.

El descontento de Padilla con los enfoques existentes del ministerio, mezclado con la demanda de los estudiantes de compromiso social, lo impulsó a explorar soluciones innovadoras tanto en el campo misionero como en la teología. Su amplio contacto con las universidades y los estudiantes de la América Latina de la Guerra Fría le dio una perspectiva única. Pero la experiencia práctica en el ministerio no era su único conocimiento. Sus credenciales de educación evangélica le dieron una mayor credibilidad para intervenir en los debates teológicos, tales como los de Lausana.

De 1963 a 1965, Padilla completó su doctorado en la Universidad de Manchester bajo el liderazgo de F. F. Bruce, Profesor Rylands de Crítica y Exégesis Bíblica, “el más prominente erudito bíblico evangélico conservador de la era de la posguerra”, como lo describió más tarde el historiador Brian Stanley. Estudiar con Bruce hizo que Padilla se ganara la confianza del mundo evangélico en general, lo que finalmente condujo a la famosa invitación para que diera una charla en Lausana, y a asociarse con John Stott, lo que resultaría crucial para la posterior inclusión de elementos sociales en el Pacto de Lausana.

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En los años sesenta y principios de los setenta, Padilla comenzó a hablar de la pobreza teológica de América Latina, lamentando que las preguntas locales se respondieran con respuestas extranjeras. Padilla se unió a sus colegas del IFES Samuel Escobar y Pedro Arana, así como al misionero Orlando Costas, creando una coalición ecléctica de teólogos inquietos. Juntos, compartían experiencias de vivir en contextos injustos y desiguales durante la Guerra Fría y una frustración por el trato que muchas organizaciones evangélicas daban a los latinoamericanos.

Una de esas frustraciones ocurrió en el primer “Congreso Latinoamericano de Evangelización”, patrocinado por la BGEA en 1969, más conocido como CLADE. El evento buscaba ayudar a los pastores y teólogos latinoamericanos a ver los peligros de las teologías de influencia marxista, a la vez que buscaba imponer las categorías teológicas estadounidenses en la región. La BGEA había observado el avance aparentemente incontrolado de los movimientos teológicos radicales por parte de destacados teólogos de la liberación de primera generación, y el compromiso con la misión evangelizadora protestante tradicional había empezado a decaer. Pero para la embrionaria izquierda evangélica latinoamericana, la CLADE representaba un resurgimiento del paternalismo e imperialismo evangélico estadounidense. Padilla tildó a la conferencia de “hecha en Estados Unidos” y dijo que el paternalismo era “típico de la forma en la que a veces se trabaja en el sector conservador”.

En respuesta, Padilla, Costas, Escobar y otros fundaron la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL). La organización impulsó a Padilla a publicar y producir respuestas a profundas y preocupantes preguntas en materia de misiones, y sus primeros años proporcionaron algunas de las teologías contextuales más significativas para los evangélicos protestantes latinoamericanos, incluyendo el libro de Padilla Mission Between the Times: Essays on the Kingdom [La misión entre los tiempos: Ensayos sobre el Reino].

Padilla ya estaba ganando prominencia y afinando su voz crítica incluso antes de Lausana. En un artículo de 1973 para Christianity Today -el primer artículo de la revista que abordó directamente la teología de la liberación- Padilla advirtió a los evangélicos conservadores que debían atender sus propios prejuicios ideológicos antes de criticar la teología de la liberación. También rechazó la propia teología de la liberación, mientras concluía: “¿Dónde está la teología evangélica que propondrá una solución con la misma elocuencia pero también con una base más firme en la Palabra de Dios?”

En julio de 1974, Catharine Feser Padilla reunió a sus hijos en torno a un atlas mundial en su casa del barrio de Florida Este en Buenos Aires. Su hija, Ruth Padilla DeBorst, recordaría más tarde: “El tono de su voz tenía una cierta urgencia inusual: ‘Hoy, cuando dé su charla aquí, en Lausana, Suiza’ —dijo mientras señalaba la ciudad en el mapa— ‘Papi dirá algunas cosas que no todos van a querer escuchar. Oremos por él y por que la gente lo escuche”.

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En el Congreso de Lausana de 1974, por primera vez, los líderes del Sur Global ocuparon un lugar en la mesa de los líderes evangélicos del mundo, trayendo consigo su emergente marca de cristianismo social. Los latinoamericanos hablaron con una voz particularmente fuerte, habiendo perfeccionado su crítica como comunidad religiosa minoritaria. El editor de Crusade Magazine escribió que los comentarios de Padilla “realmente encendieron el congreso” y recibieron “la ronda de aplausos más larga concedida a cualquier orador hasta ese momento”. Incluso la revista Timedestacó el discurso de Padilla en su cobertura, llamándolo “uno de los discursos más provocativos de la reunión”.

Aprovechando el impulso de su ponencia plenaria y la de Escobar, Padilla, junto con John Howard Yoder, reunió a un grupo ad hoc de 500 asistentes al que llamaron “la reunión del discipulado radical”, que buscaba agudizar los elementos sociales del borrador del Pacto de Lausana. Después del congreso, Padilla recordó el documento producido por el discipulado radical como “la declaración más fuerte sobre las bases de la misión integral jamás formulada por una conferencia evangélica hasta esa fecha”. También declaró la muerte de la dicotomía entre acción social y evangelización en la misión cristiana.

La presentación de Padilla causó un gran revuelo. Stott, por ejemplo, había rechazado previamente esta opinión, pero se retractó públicamente en su libro de 1975 Christian Mission in the Modern World [Misión cristiana en el mundo moderno]. Sin embargo, también puso nerviosos a muchos otros líderes evangélicos, no sólo en Norteamérica y Gran Bretaña, sino también en el Sur Global. El secretario general de InterVarsity, Oliver Barclay, discrepó con la esencia de la presentación de Padilla en Lausana y, más tarde ese mismo año, le advirtió de la reacción a su documento en los “medios de comunicación” e intentó frenar al joven líder.

En Lausana, Padilla había relacionado la misión de la iglesia con el contenido del propio mensaje del Evangelio, un contenido que contenía realidades sociales. Al hacerlo, desafió la teología predominante del evangelismo protestante que consideraba que la acción social era una implicación del mensaje evangélico, y no algo inherente a él. Pero para algunos, decir que la ética social es parte del mensaje del evangelio olía de manera inquietante a “evangelio social” y a liberalismo teológico.

Sin embargo, en la visión de Padilla, abrazar el mensaje evangélico más amplio era crucial para la misión cristiana. “La falta de apreciación de las dimensiones más amplias del Evangelio conduce inevitablemente a un malentendido de la misión de la iglesia”, dijo. “El resultado es un evangelismo que considera al individuo como una unidad autocontenida, un Robinson Crusoe al que se dirige el llamado de Dios como si estuviera en una isla”.

En las décadas siguientes, Padilla ayudó a dar forma a la trayectoria del Movimiento de Lausana, dirigiendo coloquios y conferencias por todo el mundo. Siguió afinando su mensaje, incluso criticando el papel de Estados Unidos como potencia mundial. Su legado en materia de misiones quizás se puede apreciar con más claridad en los documentos del Congreso de Lausana en Ciudad del Cabo en 2010. Por primera vez, la misión integral se incluyó en los documentos oficiales del movimiento de Lausana.

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Hoy en día, es un lenguaje habitual para muchos evangélicos hablar de un mensaje evangélico más amplio: para el individuo, para el prójimo y para la creación. Más allá de los encuentros mundiales, Padilla dedicó gran parte de su tiempo a la formación teológica en misión integral con pastores y líderes laicos de toda América Latina a través del Centro de Estudios Teológicos Interdisciplinarios (CETI), fundado con Catharine en 1982.

Padilla fue precedido en la muerte por su colega de toda la vida y primera esposa, Catharine Feser Padilla, en 2009. Le sobreviven su segunda esposa, Beatriz Vásquez, y sus cinco hijos con Catharine: Daniel, Margarita, Elisa, Sara y Ruth, además de muchos nietos.

Traducción y edición en español por Livia Giselle Seidel

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