Lo que usted debe hacer es imaginar todas las cosas malas que podrían suceder. Imagine cada una de las aterradoras posibilidades mientras permanece despierto a las tres de la mañana, dejando que imagen tras imagen inunde su mente. Piense en cómo podría soportarlo si estuviera enfermo por el coronavirus, o si la COVID-19 afectara a algún ser querido.

Eso es lo que aconsejaría Escrutopo. Mucha gente busca consejos prácticos en la actualidad, y un recurso excelente es una serie de cartas «escritas por Escrutopo» y publicadas por C. S. Lewis. Por supuesto, el autor de la serie The Screwtape Letters [publicado en español como Cartas del diablo a su sobrino], que cayó en manos de Lewis en algún momento durante el implacable bombardeo de los nazis en Londres entre 1940 y 1941, no habla específicamente sobre nuestra situación. Escrutopo no dijo nada sobre el coronavirus en sus consejos a su sobrino Orugario, un demonio novato cuya tarea era tentar a un humano en particular durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, podemos aprender varias cosas del demonio mayor, y las lecciones pueden aplicarse a nuestra situación actual.

Por ejemplo, Escrutopo tiene sugerencias sobre lo que podríamos pensar cuando no podemos dormir por la noche. Le dice a Orugario que anime a la mente del humano a divagar. «Nos conviene que esté en la máxima incertidumbre, para que su mente se llene de visiones contradictorias del futuro, cada una de las cuales suscita esperanza o temor». A los humanos les encanta tener «valor». Les gusta imaginarse cómo «serían fuertes» y ejercerían control sobre el universo en numerosos futuros hipotéticos diferentes. «Déjale olvidar», escribe Escrutopo, «que, puesto que dichos futuros hipotéticos son incompatibles, no todos le pueden sobrevenir. Y déjale practicar la fortaleza y la paciencia necesarias en esas situaciones por anticipado».

Lewis, que era un cristiano bastante anticuado, trató de disuadir a la gente de escuchar este sabio consejo. «Se aconseja a los lectores que recuerden que el diablo es un mentiroso», escribió en el prefacio de Cartas del diablo a su sobrino en 1942. «No todo lo que dice Escrutopo debe asumirse como cierto, ni siquiera desde su propio punto de vista».

Lewis diría que lo que tenemos que hacer en esta situación es «aceptar con paciencia la tribulación que [nos] ha caído en suerte, el suspenso y la ansiedad actuales». Para él, la ansiedad que sentimos por nuestro futuro es nuestra cruz presente. El desafío para el cristiano es tomarla, así como Jesús tomó su cruz. Debemos reconocer nuestro miedo, pedir ayuda a Dios, y luego orar como Cristo nos enseñó: «Hágase tu voluntad». Cuando hacemos esto, algo sorprendente comienza a suceder: el poder que el miedo ejercía sobre nosotros, si bien no es eliminado, al menos disminuye, y encontramos la fuerza para seguir adelante.

Sin embargo, basta con permanecer despierto durante una o dos horas reflexionando sobre los datos de aquel artículo informativo sobre los primeros síntomas de la COVID-19 para saber que el consejo de Escrutopo es mucho más convincente. ¡No es difícil elegir entre la oración confiada y la preocupación insomne!

Enfóquese en las relaciones personales

Escrutopo ofrece más consejos. Nos aconseja que alimentemos la hostilidad interpersonal en estos tiempos, lo cual es fácil de hacer cuando nos desborda la ansiedad. En una crisis, los demás pueden convertirse en una amenaza o, al menos, en fuentes de irritación. Es lo que sentimos cuando vamos al supermercado en busca de desinfectante y papel higiénico y solo encontramos estantes vacíos. Al instante nos invade la irritación e incluso la ira hacia las personas que compraron más de lo que necesitaban. Empezamos a ver a todos los demás en la tienda a través de una lente de juicio. Aliente ese proceso, dice Escrutopo. Quéjese de que los demás son estúpidos. Busque el GIF perfecto para transmitir su desprecio. Puede que le lleve un rato encontrarlo, pero está bien. Tómese ese tiempo para embeberse en esos sentimientos hostiles.

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Una vez que se sienta profundamente molesto con extraños que no conoce, puede dirigir su atención a la gente más cercana. Escrutopo recomienda cultivar «una costumbre sólidamente establecida y consistente en que se fastidien mutuamente, pinchándose todos los días».

En el caso particular tratado en Cartas del diablo a su sobrino, el demonio experimentado da consejos sobre la relación entre madre e hijo. Pero podemos adaptar fácilmente el consejo a nuestras circunstancias particulares: ¡funciona entre cónyuges, compañeros de cuarto o hermanos, igual que entre padre e hijo! Quienquiera que sea esa persona con quien tenga que convivir, fíjese en su comportamiento más irritante. Piense en por qué hace esas cosas. Recuérdese con frecuencia que usted nunca haría esas cosas y especule sobre las posibles motivaciones de la otra persona.

Es especialmente importante en este punto limitar su imaginación para evitar alimentar la compasión. No piense, bajo ninguna circunstancia, en los miedos e inseguridades que pueden haber llevado a la otra persona a este momento. Si lo hace, podría vislumbrar a la persona real en medio de su propia lucha, y entonces perdería la oportunidad de despreciarlos adecuadamente.

La importancia de mantenerse ocupado

Otro consejo en esta época de cuarentena: Escrutopo nos exhorta a evitar los simples placeres y bellezas que nos rodean. Está bien pensar en la belleza como una abstracción, por supuesto. Lo que no debe hacer es salir a pasear y empezar a decirse a sí mismo cosas estúpidas como «eso es un pájaro» cuando ve un pájaro, o «esa es la brisa» cuando sopla el viento.

El problema son las ráfagas sensoriales de placer que nos distraen de nuestro plato lleno de ansiedades. Lewis defendía la vieja y aburrida noción tradicionalista de que el propósito de la vida humana es glorificar a Dios y disfrutar de él para siempre. Pensaba que los humanos tienen la capacidad distintiva de percibir esa gloria a través del regalo de la retina y el paladar. Los pequeños e intrascendentes placeres se convierten en adoración si son percibidos en el momento en que se producen.

«Experimentar la menuda teofanía es, en sí misma, adorar», escribió en otro libro, Letters to Malcolm [publicado en español como Si Dios no escuchase: Cartas a Malcolm]. «Estamos siendo tocados por el dedo de una mano derecha en la que hay placeres por siempre jamás».

Qué tontería. Escrutopo nos enseña una forma útil de cómo evitar esto: manteniéndonos ocupados. Esto puede ser difícil, por supuesto, en una época en la que las tiendas están cerradas, los eventos son cancelados y la gente se ve obligada a quedarse en casa y pasar tiempo a solas o con sus familias, pero con un poco de esfuerzo todavía es posible. Hay un montón de videos que ver, estados en las redes sociales que actualizar y diversas formas de entretenimiento a las que unirse. Todo lo que tenga ruido es bueno, ya que el ruido «nos defiende de dudas tontas, de escrúpulos desesperantes y de deseos imposibles».

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La preocupación también demanda mucha atención, al igual que la ambición. Piense en cómo puede anticiparse a los tiempos, ya que todo está en constante cambio en esta situación actual, y elabore una estrategia para lograr sus futuros éxitos.

Los detalles precisos de su preocupación no son importantes, según Escrutopo. Si el tiempo pasa y no se da cuenta, significa que lo está haciendo bien.

Finalmente, Escrutopo querría que ignoráramos cualquier conciencia dolorosa de nuestro estado precario como humanos que existen en el tiempo. Normalmente, no es algo que nos cueste hacer. Pero en momentos como estos, cuando nuestras vidas se ven alteradas por un virus, existe un riesgo real de que nos enfrentemos a nuestra mortalidad, a nuestras limitaciones y a nuestra falta de control. Pero eso puede evitarse.

Una buena idea, en este caso, es recurrir a cuestiones técnicas. Escrutopo escribe que el mejor método es concentrarse en las formas en que «la Tierra puede ser convertida en el Cielo en alguna fecha futura por la política o la eugenesia o la ‘ciencia’ o la psicología o cualquier cosa». La ciencia es complicada, porque puede hacer que uno empiece a imaginar que no sabe algunas cosas, y a pensar en las grandes extensiones de tiempo y espacio que están más allá de la comprensión humana. Pero mientras se centre en la parte que le da una sensación de dominio, probablemente estará bien.

La idea es evitar la exposición a pensamientos de peligro. Cuando hay una guerra, como cuando Escrutopo escribía, o una pandemia, como en nuestro presente, puede ser muy difícil porque «ni siquiera un humano puede creer que va a vivir para siempre».

El problema con ese pensamiento inquietante es que puede despertar pensamientos de lo que hay más allá de esta vida, y suscitar un «apetito del Cielo». Ese apetito es terriblemente incómodo para aquellos lo suficientemente desafortunados como para adquirirlo, ya que no puede satisfacerse con nada de lo que uno haga.

Según Escrutopo, el escenario ideal sería que los humanos se enfrenten a la muerte solo cuando estén rodeados de «doctores que mienten, enfermeras que mienten, amigos que mienten, tal y como les hemos enseñado, prometiendo vida a los agonizantes, estimulando la creencia de que la enfermedad excusa toda indulgencia e incluso, si nuestros trabajadores saben hacer su tarea, omitiendo toda alusión a un sacerdote, no sea que revelase al enfermo su verdadero estado».

No hay tiempo como el presente

Como bien saben los cristianos, solo en el presente tenemos la libertad de actuar: de obedecer la «presente voz de la conciencia», tomar «la cruz presente», recibir «la gracia presente» o dar gracias «por el placer presente». Lewis añadiría que solo en el presente podemos recordar el pasado, cuando Dios fue fiel, o mirar al futuro, cuando Dios restaurará y cumplirá todas las cosas.

Afortunadamente, podemos ahorrarnos ese desorden si elegimos vivir en el pasado, y nos centramos en los remordimientos que no podemos enmendar. O mejor aún: mientras nos enfrentamos a la amenaza de esta pandemia actual, podemos obsesionarnos con el futuro, jugando interminablemente con escenarios de «qué pasaría si», en lugar de pensar en lo que está por venir «solo lo necesario para planear ahora los actos de justicia o caridad que serán probablemente [nuestro] deber mañana».

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Sea lo que sea lo que depare el futuro, debemos hacer lo posible por evitar el momento en que «el tiempo coincide con la eternidad». Porque es allí, escribe Escrutopo, «y solo allí, donde residen todos los deberes, toda la gracia, todo la sabiduría y todo el placer». ¡Menos mal que tenemos un demonio mayor tan sabio para darnos consejos prácticos sobre cómo afrontar el presente!

Gary S. Selby es profesor de formación ministerial en el Seminario Cristiano Emmanuel de Milligan y autor dePursuing an Earthly Spirituality: CS Lewis and Incarnational Faith.

Traducción por Sofía Castillo

Edición en español por Livia Giselle Seidel

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