Treyson West no tiene un nombre para ello, pero si quieres llamarlo evangelismo, está bien.

No cree tener una estrategia o un modelo para intentar cambiar las creencias de la gente. Simplemente le interesa fomentar la amistad y aprender a confiar en el Espíritu Santo.

«Lo más importante es mostrar a alguien cuál podría ser su identidad a través de Cristo», dice este joven de diecinueve años, graduado del bachillerato [high school] en los suburbios de Dallas. «Todo el mundo te empuja a estar polarizado. Y, al final, eso solo te empuja a un sentido de “no pertenencia”, y la generación Z se hunde más en la soledad».

Por eso, cuando West quiere hablarle a un adolescente de Jesús, no se lo dice. Los escucha y les hace preguntas para conocerlos, les demuestra que se preocupa por ellos. Y cuando Dios se vuelve real para uno de sus amigos, le gusta señalarlo.

Recientemente, West estaba sentado con un amigo en un auto frente a su casa, y el amigo estaba hablando de su vida y sus luchas, y de si podía creer en Dios. West le preguntó cómo se sentía justo en ese momento, hablando acerca de Dios en el auto.

«Mi corazón se siente como… cálido», dijo su amigo.

«Eso que sientes es el Espíritu Santo», dijo West. «Ese es Dios, justo ahí».

El amigo aceptó a Jesús antes de salir del auto.

Un nuevo estudio del Grupo Barna presentado en agosto dice que el enfoque de West no es inusual para los cristianos más jóvenes. Los creyentes de la generación Z quieren hablar a otros acerca de Jesús, y están teniendo conversaciones profundas y personales sobre su fe con sus amigos. Pero tienen reservas sobre la idea del evangelismo y se muestran escépticos ante las estrategias evangelísticas.

Según el informe Reviving Evangelism in the Next Generation [Reavivando el evangelismo en la próxima generación], elaborado en colaboración con Alpha USA [enlace en español], el 82 % de los cristianos de entre 13 y 18 años dicen que para ellos es importante compartir su fe. Y casi el 80 % dice que ha tenido una conversación sobre la fe con alguien al menos una vez en el último año.

El estudio se basa en una encuesta en línea realizada a más de 1300 adolescentes entre marzo y abril de 2021. Los padres fueron seleccionados por muestreo aleatorio y las respuestas de los adolescentes fueron ponderadas por datos demográficos, que incluyen el sexo, la etnia y la región geográfica, para asegurar que Barna estaba analizando una muestra representativa. Barna dice que las cifras tienen un margen de error de cerca de tres puntos.

El 70 % de la muestra se identificó como cristiano, según Barna, y el siguiente grupo más numeroso, alrededor del 12 %, se identificó como «nada en particular». El 7 % se identificó como «espiritualmente abierto», mientras que el 3 % se declaró ateo y el 3 %, agnóstico.

En general, se considera que la generación Z incluye a cualquier persona nacida después de 1996 [enlace en inglés]. Los mayores ahora tienen veinticinco años. Tenían doce años cuando colapsó el mercado inmobiliario y Barack Obama fue elegido presidente. Barna decidió centrarse en el grupo de jóvenes que actualmente están en el bachillerato, personas que nacieron aproximadamente entre la aparición del primer teléfono móvil con cámara y el lanzamiento del primer iPhone.

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Según el estudio, los jóvenes de 13 a 18 años que se identifican como cristianos «sienten rechazo por el uso de un lenguaje específicamente evangelístico y de las prácticas persuasivas», pero «hablan de su fe con los no cristianos» y creen que «las conversaciones espirituales relacionales y neutrales con los no cristianos fortalecen su fe».

La mayoría de los cristianos de la generación Z no creen que sea importante tener todas las respuestas a las preguntas sobre la fe. Son escépticos ante los argumentos que pretenden hacer cambiar de opinión a alguien. Casi ninguno cree que sea una buena idea señalar rápidamente las incoherencias en las perspectivas de los demás, lo cual ha sido un componente clave de algunos enfoques de la apologética.

En cambio, el 66 % dice que quiere ser alguien que escuche sin juzgar, el 62 % dice que quiere mostrarse confiado al compartir su propia perspectiva, y el 54 % dice que es importante hacer buenas preguntas.

Los cristianos de la generación Z «parecen ser compañeros de conversación sumamente considerados», según el informe, «se sienten impulsados a escuchar y aprender de los demás y prefieren “demostrar” su fe con sus acciones más que con sus palabras».

A pesar de su larga exposición a los medios de comunicación social (o quizás debido a ello) los cristianos de la generación Z no son grandes defensores del evangelismo digital. El estudio de Barna descubrió que menos de un tercio piensa que publicar algo en las redes sociales o compartir contenido en línea debería considerarse evangelismo.

Jordan Whitmer, de 22 años y fundador de una organización evangelística de la generación Z llamada HowToLife Movement [enlace en inglés], dijo que hay jóvenes cristianos que proclaman el evangelio en las redes sociales, especialmente en TikTok, el sitio para compartir videos. Él ve esa modalidad como algo importante.

«Si Billy Graham hoy tuviera 25 años, estaría en TikTok. Al igual que Luis Palau o D. L. Moody. Ellos podían detectar una oportunidad evangelística a una milla de distancia, y hoy está ahí», dijo Whitmer, cuyo abuelo Ron Hutchcraft es un evangelista que trabajó con Juventud para Cristo y la Asociación Evangelística Billy Graham.

Pero los evangelistas actuales de TikTok son conscientes de los inconvenientes y peligros de las redes sociales. No es su primera opción para hablar de cosas importantes.

«No conozco a ninguno de mis amigos que publican TikToks o contenido de redes sociales, ni a nadie de la generación Z que diga: “Me encantan las redes sociales”», dijo Whitmer. «Nunca verías eso en una camiseta. Es una bendición y una maldición, pero aunque el 90 % de las veces sea una maldición, tratas de enfocarte en el 10 %».

HowToLife se centra principalmente en eventos presenciales de evangelización. Hasta ahora han realizado más de cien, organizados por jóvenes cristianos en una iglesia o una escuela con el apoyo de la organización nacional.

En cierto modo, los eventos son tan tradicionales como las cruzadas de Billy Graham o los antiguos avivamientos en tiendas de campaña. Pero como están organizados por la generación Z para la generación Z, también hay diferencias notables, dijo Whitmer. Los 102 eventos que el grupo ha apoyado hasta ahora tienden a promover la narración de historias, los paneles de discusión y las sesiones de preguntas y respuestas, todo acompañado de mucha música.

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De vez en cuando, un joven predica. Whitmer también es conocido por concluir los eventos con un llamado al altar, que él llama «una invitación directa de pasar al frente, al estilo de Billy Graham». Pero la mayoría de las veces, los actos terminan con pequeños grupos de amigos que simplemente se juntan a conversar.

Jordan Biere, director nacional de la división de jóvenes de Alpha USA, dijo que la conexión es increíblemente importante para los jóvenes de hoy. Esa necesidad no ha hecho más que aumentar durante la pandemia.

«Son extremadamente relacionales», dijo Biere, que tiene treinta y cuatro años. «Necesitan estar presentes unos con otros, y la presencia física les importa».

Alpha, que comenzó en la Iglesia Anglicana de Gran Bretaña, ofrece un curso de diez semanas para introducir a la gente a los fundamentos de la fe cristiana. Las sesiones se centran en el debate, y se plantean como «una oportunidad para explorar el sentido de la vida».

Muchos de estos cursos se realizan en iglesias de Estados Unidos, pero Biere dice que cada vez ve más estudiantes de secundaria y bachillerato que dirigen sus propios grupos, a menudo en sus casas. Para ellos, los grupos Alpha facilitan las relaciones y profundizan las amistades.

«La conversación sobre la fe es en realidad un punto de profunda conexión para la generación Z», dijo. «Tienen un profundo anhelo de pertenencia, y la conversación sobre sus creencias es un punto de conexión».

Eso es lo que pensaba Graham Varnell cuando comenzó un grupo Alpha en su iglesia bautista en Richardson, Texas, hace unos años, después de terminar el bachillerato. La iglesia siempre había enfatizado el evangelismo, pero cuando intentó hablar acerca de su fe con uno de sus compañeros, eso perjudicó su amistad.

El amigo le dijo que nadie quiere ser un proyecto. Varnell se sintió dolido por el comentario, pero también pensó que su amigo tenía razón: lo había estado considerando como un proyecto.

Cuando comenzó con el grupo Alpha, decidió adoptar un enfoque diferente y centrarse realmente en escuchar, en la hospitalidad y la amistad. Las primeras semanas, las reuniones terminaban por lo general con pizzas sobrantes, pero pronto se conformó un grupo habitual, en el cual estaba también Treyson West, y se formaron amistades, conversaciones y luego conversiones.

«La amistad es absolutamente primordial, eso es lo que he aprendido», dijo. «Los amigos traen a sus amigos y entonces invitamos al Espíritu Santo a venir, y el Espíritu viene con poder».

Recientemente, como Varnell y West han hablado tanto acerca de escuchar, comenzaron a cambiar su forma de orar, de modo que ahora procuran escuchar a Dios más de lo que hablan. El resultado, según Varnell, ha sido «una especie de brote carismático», aunque se apresura a añadir que no está seguro de que ese sea el término correcto.

«Pones las manos sobre alguien y le pides al Espíritu Santo que venga y esperas como tres o cuatro minutos», dijo. «Se crea un espacio en el que no hay una estructura, o hay una estructura distendida. ... Lo que más veo con los estudiantes es que lloran. Lloran y lloran hasta que se alegran, y Dios los emociona y los enciende y se levantan para orar unos por otros».

Varnell no sabe si esto es evangelismo propiamente dicho. Pero sus amigos y los amigos de sus amigos están experimentando el amor de Dios, y están hablando y compartiendo sobre la fe y Jesús. Para Varnell, y para muchos otros cristianos de la generación Z, eso parece más importante que el nombre por el que se le llame.

Traducción por Sofía Castillo

Edición en español por Livia Giselle Seidel

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