Llevamos ya una semana de guerra abierta con Rusia. Por supuesto, Rusia comenzó la guerra contra Ucrania desde 2014, pero esta es una fase sin precedentes. Aun así, es sorprendente lo rápido que uno se acostumbra a la mundana realidad de la guerra.

El primer día, las noticias de que otras ciudades estaban siendo bombardeadas causaron gran ansiedad en la ciudad de Svitlovodsk, donde vivimos mi familia y yo. Por supuesto, el hecho de que la noticia nos despertara antes del amanecer y fuera bastante inesperada lo hizo mucho peor. La intención de causar pánico parecía planeada.

Ahora, en el séptimo día, la adrenalina ha desaparecido. Nos hemos acostumbrado al toque de queda de las 8 p.m. y a estar sentados en un apartamento oscuro por la noche. Nos hemos dado cuenta de que ignoramos algunas de las sirenas de ataque aéreo, sobre todo las que se escuchan a mitad de la noche, ya que estamos agotados. También hemos aprendido que no todas las sirenas significan que pueda caer una bomba sobre nuestras cabezas.

Pero siempre que nos dirigimos al refugio antibombas, mi familia y yo aprovechamos la oportunidad para compartir la esperanza de Cristo con nuestros vecinos.

Debo admitir que nunca me imaginé tener un «ministerio en los refugios antibombas». Y, sin embargo, ya estamos viendo lo fructífero que ha sido. En la última semana, la mayoría de nuestros vecinos han oído más sobre Cristo, han escuchado más las Escrituras y han orado junto con nosotros probablemente más que en toda su vida.

Además de la oración del Padre Nuestro, he empezado a leer varios Salmos con ellos, un libro especialmente apropiado para nosotros en Ucrania, ya que David a menudo clama a Dios en medio de la persecución de sus enemigos.

Uno de nuestros vecinos es el equivalente a ser la superintendente del edificio. La otra noche, en el refugio antibombas, dijo con lágrimas en los ojos lo agradecida que estaba por tener vecinos como nosotros. Dijo que no puede entender «de dónde venimos». Tuvimos que recordarle que si hay algo diferente en nosotros, es solo por la esperanza que Cristo nos da.

En el refugio también he recibido preguntas sobre cómo leer la Biblia correctamente. El adulto mayor que me preguntó al respecto recibió un curso intensivo sobre la cristocentricidad de las Escrituras. A menudo nos quedamos allí abajo discutiendo asuntos de fe mucho tiempo después de que las sirenas fueron silenciadas.

A pesar de haber pasado mucho tiempo en el refugio antibombas durante los ataques aéreos, hasta la fecha nuestra ciudad no ha recibido ningún bombardeo real. Las razones prácticas son su tamaño relativamente pequeño (45 000 habitantes), y la escasez de objetivos estratégicos en las cercanías. Todo esto, además del hecho de que nos encontramos en una encrucijada dentro del país, ha convertido a Svitlovodsk en un destino para los refugiados: eso y la providencia de Dios.

El brutal bombardeo de objetivos civiles en Kharkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania, ha provocado la salida de otra oleada de refugiados en las últimas 24 horas. Anteriormente, los objetivos habían sido mayoritariamente militares. Esto significó para nosotros que nuestra iglesia acogiera esta noche a 16 refugiados más: 10 en nuestro edificio y 6 con una familia de nuestra iglesia.

Uno de los jóvenes padres de familia que se quedaron en nuestra iglesia está metido en la espiritualidad hindú y tenía muchas preguntas sobre el cristianismo. Tuve la oportunidad de hablar con él sobre lo que hace que el Evangelio sea diferente de otras religiones —es decir, la gracia de Dios— durante casi una hora. Creo que llegó a ver el cristianismo bajo una nueva luz. Intercambiamos números para seguir en contacto puesto que saldrán hacia el oeste en los próximos días.

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Así ocurre con la mayoría de los refugiados que llegan hasta aquí. Solo somos una posada para los viajeros cansados del camino. Pero esperamos servirles y ayudarles a experimentar el amor y la paz de Cristo, aunque solo sea por unas horas. No es nuestro trabajo obligarlos a tener fe: ese es un enfoque de evangelización que rara vez da buenos resultados. Más bien, desempeñamos el papel que Dios decida concedernos: plantar una semilla, regar... o cosechar cuando esté listo. Él es quien da el fruto en su momento, y nosotros podemos descansar en ello.

Todas estas historias deberían recordarnos una verdad vital: que la victoria de Dios es siempre subversiva. Todo lo que el enemigo planea para mal, Dios siempre lo toma y lo utiliza para bien. Esto significa que cuanto más se enfurece el enemigo, solo se acerca a su propia destrucción. Dios vuelve las armas del enemigo contra él, como hizo David con la espada de Goliat —y como lo hizo Cristo de forma suprema con su muerte en la cruz—.

Cuando el enemigo pensó que por fin tenía a Jesús donde quería, resultó que estaba asestando su propio golpe mortal. Nuestro Señor venció utilizando las propias armas del enemigo contra él. Eso nos reconforta, sobre todo porque Ucrania se enfrenta a un enemigo que llena su furia, tanto en el Diablo, al que le encanta «robar, matar y destruir», como en esos pseudoreyes que no son más que los peones del Diablo.

Creo que ambos serán derrocados en breve por la maravillosa e irónica victoria de Dios. Pero mientras tanto, rogamos que oren por nosotros.

Oren por los numerosos refugiados que esperamos en los próximos días, sobre todo provenientes de Kharkiv. Oren que podamos servirles bien y les mostremos el amor de Cristo, así como que Dios abra puertas. Oren para que Dios provea para todos ellos.

Oren que Dios nos conceda fuerza y sabiduría en medio de tantas necesidades. Todo el mundo está trabajando sin parar y no duerme lo suficiente. Oren también por el equipo ministerial de nuestra iglesia y por que yo pueda usar cada invitación a tomar entrevistas, artículos, podcasts y más para glorificar a quien es nuestra roca y refugio.

Oren que mis amigos mencionados anteriormente lleguen a conocer la belleza del evangelio en sus vidas.

Oren que la victoria subversiva de Dios llegue rápidamente contra el tirano que aterroriza a nuestro país. Oren que Dios sea glorificado al humillar el orgullo del hombre.

Benjamin Morrison es el pastor de la Capilla del Calvario de Svitlovodsk, Ucrania, la cual está recaudando ayuda para los refugiados. Originario de Estados Unidos, ha sido misionero durante los últimos 20 años. Él y su esposa ucraniana tienen dos hijos.

Traducción y edición en español por Livia Giselle Seidel.

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