Este artículo fue escrito originalmente en mandarín.

El drama coreano Squid Game [El juego del calamar] fue un éxito en 2021, pues lo vieron más de 140 millones de usuarios de Netflix en todo el mundo. La serie usó juegos que les resultan familiares a los niños coreanos para describir la patología social de los adultos en el contexto de la «competencia justa» del mundo moderno. A su vez, satiriza el sistema en el cual las personas tienen que hacer cualquier cosa para sobrevivir, aunque sea a expensas de los demás.

En la vida real, la guerra entre Rusia y Ucrania es el evento más reciente que pone de manifiesto la fealdad de los conflictos humanos. Cada uno trae división, con partidarios y opositores cada vez más polarizados.

Sin embargo, ¿los cristianos tienen que escoger solo entre los extremos polarizados de apoyo u oposición total en los conflictos del siglo XXI? Dos libros del Antiguo Testamento sugieren que no.

Distintas narrativas

Los israelitas del Antiguo Testamento muchas veces fueron víctimas de la crueldad humana. Sufrieron agresiones por parte de extranjeros y estaban en guerra continuamente. El hijo de Gedeón, Abimélec, mató a 70 de sus hermanos en un día para poder volverse rey de Siquén (Jueces 9:1-6, NVI). Un levita iba de regreso a casa acompañado de su concubina, pero un grupo de malhechores locales la violaron hasta matarla. Las noticias de dicho incidente llegaron a las otras tribus y desencadenaron una guerra que casi acaba con toda la tribu de Benjamín (Jueces 19-21).

El escritor de Jueces resume la situación de ese periodo con la repetición de la frase: «En aquella época no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía mejor» (Jueces 21:25). Cuando los miembros de la sociedad hacen lo que les parece mejor, cada decisión está basada en sus propios intereses, lo que trae como resultado una generación despiadada. La palabra misericordia no se hallaría en su diccionario.

Fue durante este período que Rut, una mujer moabita, llegó a Belén de Judá para comenzar su vida como extranjera en esa tierra (Rut 1:22). La oración de su suegra, Noemí, la impulsó a seguir adelante: «Que el Señor tenga misericordia de ustedes…» (v.8, NBLA). La oración de Noemí por misericordia para sus dos nueras puede ser entendida como lealtad, pero también puede ser entendida como bondad amorosa. Esta oración motivó el camino de gracia de Rut.

Antes de que Rut dejara Moab, ella discutió con su suegra. Noemí le aconsejó no ir a Judá porque allí no había misericordia de Dios, sino solo su juicio (Rut 1:12-13). Ella pensaba que sus nueras debían permanecer en Moab para buscar la misericordia de Dios (vv. 8, 15). La respuesta de Rut fue todo lo contrario: «—¡No insistas en que te abandone o en que me separe de ti! Porque iré adonde tú vayas» (v.16, NVI).

Su decisión de emigrar es enigmática. ¿Por qué escogería Rut la sociedad cruel y despiadada que se describe en Jueces cuando cualquier persona normal escogería emigrar a un país en paz, seguro y con potencial económico? ¿Podría haber elegido el lugar equivocado?

El final del primer capítulo de Rut parece ofrecer una respuesta. Ellas llegaron a Belén cuando «comenzaba la cosecha de cebada» (v.22). Había una ley que protegía a las personas como Noemí y Rut en la sociedad israelita: «Cuando recojas la cosecha de tu campo y olvides una gavilla, no vuelvas por ella. Déjala para el extranjero, el huérfano y la viuda. Así el Señor tu Dios bendecirá todo el trabajo de tus manos» (Deuteronomio 24:19).

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Esta era la manera de Dios de mostrar misericordia a las personas más desafortunadas. Pero, en una generación en la que «cada uno hacía lo que le parecía mejor», ¿acaso alguien guardaba la ley? Las palabras que Booz le dirige después a Rut sugieren que la gente de Belén no lo hacía, y que incluso la acosaban (Rut 2:8-9).

De hecho, la cuestión a la que se enfrentaba Rut no era solo si los israelitas estaban dispuestos a obedecer la ley, sino también si ellos estaban dispuestos a quebrantarla. Aunque la ley descrita en Deuteronomio protegía a las viudas que vivían en la tierra, también le prohibía a los moabitas como Rut ingresar a la comunidad de Israel (Deuteronomio 23:3). A menos que alguien tuviera la gracia suficiente para omitir esta prohibición, aquellos que se esforzaban por cumplir la ley se abstendrían de ayudarla.

Tal parece que esta cosecha no era solo una señal del favor renovado de Dios hacia Belén (Rut 1:6), sino también una prueba de la generosidad del pueblo. Rut parece haber estado al tanto de las dificultades que enfrentaría y la misericordia que necesitaría (2:2).

Lo que sigue es una serie de eventos providenciales. Rut fue detrás de los segadores para espigar; «y dio la casualidad» de que los siguió a un campo en específico; y «en eso» Booz, el dueño del terreno, llegó de Belén (Rut 2:3-4). Booz no solo le permitió a Rut segar el trigo de su campo, sino que también la protegió (vv. 8-9). Le ordenó a sus sirvientes que no le hicieran pasar vergüenza y que no la reprendieran (vv. 15-16).

Rut encontró la bondad que necesitaba, y fue mucho más de lo que había esperado (v. 10). Cuando no pudo resistirse a preguntarle a Booz por qué era tan bueno, su respuesta indicó que él creía que lo que había sucedido no fue una coincidencia, sino un acto misericordioso del Señor en recompensa por su fe (v. 12). Noemí llegó a la misma conclusión después de escuchar a Rut contarle todo lo que había pasado en el campo (v. 20).

Fuertes contrastes sociales

En la narrativa del libro de los Jueces hay israelitas apóstatas, jueces idólatras y lujuriosos (Gedeón y Sansón, respectivamente), sacerdotes levitas de santuarios idólatras, benjamitas perentorios y la turba de Guibeá que violó a la concubina del levita. La tierra de Israel era un lugar con invasiones constantes por parte de extranjeros y guerras tribales que surgían de problemas internos.

Sin embargo, en la narrativa de Rut, el lector ve una sociedad bondadosa y cariñosa, una Belén en la que el Señor demostró su misericordia y gracia a través de los israelitas. No es solo Booz, que estaba lleno de gracia para con los moabitas, sino también los diez ancianos que bendicen el matrimonio de Rut y Booz (Rut 4:11-12).

Vemos contrastes agudos entre los dos libros. Jueces nos cuenta la historia de una mujer extranjera que es abusada y asesinada en Guibeá, mientras que Rut muestra a una mujer extranjera que no solo fue aceptada en Belén, sino también honrada como uno de los ancestros de Israel; al igual que Raquel y Lea.

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El escritor de Jueces atribuye el caos una y otra vez al hecho de que «en esos días no había rey en Israel». En vez de criticar el ambiente, el libro de Rut termina deliberadamente con la genealogía del Rey David (4:17-22), dando a entender que el rey esperado durante el tiempo de los jueces era David, quien prefiguraba a Cristo, el Príncipe de Paz.

La narrativa de Rut ofrece lo que Charles Taylor describe como una «realidad social alternativa», similar a la «conciencia alternativa» proclamada por los profetas del Antiguo Testamento, tal como lo describe Walter Bruggemann en The Prophetic Imagination [enlaces en inglés].

La conciencia social polarizada

En años recientes, ha habido un repunte en los incidentes de polarización entre los cristianos, siendo un claro ejemplo los debates sobre las restricciones de salud pública durante la pandemia provocada por la COVID-19. Las razones detrás de estos conflictos no son necesariamente bíblicas, sino más bien surgen de nuestras polarizadas visiones en temas de política, relaciones raciales, teoría de género, ética sexual, nacionalismo cristiano y otros muchos asuntos.

Entre los evangélicos, cada lado define el evangelicalismo de acuerdo con su propio conjunto de valores. Como dijo Jim Cymbala, pastor principal de The Brooklyn Tabernacle [el Tabernáculo de Brooklyn] de la ciudad de Nueva York, durante un sermón en enero: «Los cristianos de Norteamérica ya no definen a una persona evangélica por si cree en Jesús, sino por si es demócrata o republicana, por si está a favor o en contra de la vacunación, y por si lleva o no mascarilla».

«Esta era mi gente, pero ahora no sé quiénes son, o tal vez, yo no sé quién soy», dijo Timothy Dalrymple, CEO y editor en Jefe de Christianity Today, citando a un amigo [enlace en español]. En febrero, él le dijo a David Brooks para New York Times: «Uno de los factores más sorprendentes es que me he dado cuenta de que había gente con la que estaba de acuerdo en casi todos los temas, y ahora nos separa un abismo de indiferencia e incomprensión mutua. Nunca hubiera pensado que eso podría suceder tan rápido» [enlace en inglés].

Uno de los elementos que ha llevado las relaciones evangélicas hasta este punto es la formación de burbujas de información divisiva, creadas por las redes sociales y los medios de comunicación polarizados. Cada bando elige absorber o diseminar solo la información de su propio círculo. La realidad social detrás de los valores de cada lado se vuelven los ojos del observador, culminando en una distinción abrupta entre enemigos y amigos. Muy pocas personas le creen al bando opuesto, y cada uno habla su propio lenguaje. Para cada círculo, la realidad social vista por sus pares es la verdadera realidad social, mientras que la realidad social de otros círculos es vista como «noticias falsas» o «desinformación».

Casi se trata de un fenómeno más en el que «cada uno hace lo que le parece mejor».

Esta realidad de polarización social no deja espacio para la realidad objetiva. Si los dos bandos están en riesgo, ninguno de los dos podrá detectarlo debido a la falta de visión objetiva. Aún más lamentable es el hecho de que dentro de nuestra propia comunidad cristiana haya rivalidades y enemistades. Aquellos que buscan la verdad están en desventaja. Mucha gente ha creado un mundo de narrativas frías y crueles, sin la gracia y misericordia del Señor.

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Una realidad alternativa

El libro de Rut brinda algo de luz e incluso ofrece un modelo para los cristianos que se enfrentan a los conflictos de conciencia de estos días. Rut nos muestra que incluso en medio del caos más oscuro, hay narrativas positivas que contar en este mundo que Dios ha creado. Al igual que los escritores bíblicos, los cristianos pueden crear una realidad social más saludable al usar los ejemplos positivos que existen en medio del conflicto. Tal realidad social no niega el lado oscuro del presente, pero se centra en las historias positivas dentro de la sociedad.

Por ejemplo, en la guerra entre Rusia y Ucrania, podemos enfocarnos en el apoyo humanitario provisto por muchas organizaciones de beneficencia y asociaciones cristianas. Como cristianos, deberíamos ser especialmente conscientes de las contribuciones de las congregaciones y misioneros en estos tiempos. Muchos misioneros eligieron quedarse aunque pudieron haber sido evacuados de la zona de guerra. (Los padres de uno de mis estudiantes de teología decidieron permanecer en Ucrania para servir y acompañar a los cristianos locales en apuros).

Otro ejemplo es el reporte reciente de CT sobre Shanghai, en el que explican que entre las dificultades y el caos del confinamiento de la ciudad debido al confinamiento por la COVID-19, los cristianos locales han ayudado a sus vecinos y su comunidad con generosidad.

Desafortunadamente, el enfoque diario de los medios de comunicación polarizados de hoy en día ignora con frecuencia el ministerio de estos cristianos, que rara vez se escucha incluso dentro de la iglesia. Sus historias necesitan hacerse públicas para que podamos crear un sentido de realidad alternativo dentro de una realidad social antagonista tan prevaleciente. El Señor aún está en control en medio del caos, y aún está ejerciendo su misericordia entre las masas. Esta es la narrativa que necesita escuchar la gente que está confundida entre realidades sociales opuestas. Necesitamos enseñarles que en esta época tan fría, los seres humanos aún pueden disfrutar de la calidez humana gracias a la intervención de Dios.

De hecho, lo que Jesús nos dio con sus tres años y medio de ministerio fue una realidad social diferente. Él a menudo estaba atrapado entre los judíos que estaban a favor de Roma y los que estaban en contra, y sus seguidores incluían a personas de ambos bandos. Al enfrentar semejante polarización, Jesús escogió proclamar la realidad alternativa del reino de los cielos: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca» (Mateo 4:17). Una lectura cuidadosa de los relatos de los evangelios revela que tanto el mensaje de Jesús como su ministerio de sanidad fueron más allá de la imaginación de los profetas del Antiguo Testamento, quienes no pudieron concebir un reino eterno en el que hubiera amor tanto para enemigos como para amigos, tal como el que Jesús describió.

Jesús dijo que antes de su regreso, las guerras continuarían haciendo estragos en el mundo y que los seres humanos estarían divididos «nación contra nación, y reino contra reino» (Mateo 24:7). No importa de qué lado estuvo la gente, ni sus posturas políticas sobre la guerra, al final todo pasará. El enfoque de los cristianos no debe desdibujarse ante la realidad abrumadora de las guerras y las luchas. Nuestra narrativa debe ser como la de Jesús: la de una realidad celestial alternativa. Debemos orar como Jesús oró al Padre: «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mateo 6:10), y ayudar a las personas a ver una realidad social alternativa en medio de una generación dividida y un mundo en crisis.

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El Dr. Samuel Goh tiene dos maestrías en teología y un doctorado. Fue pastor de una iglesia en Singapur durante muchos años y actualmente es profesor de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico de Brisbane en Australia.

Traducción por Sergio Salazar e Hilda Moreno Bonilla.

Edición en español por Livia Giselle Seidel.

Traducido al inglés por Sean Cheng.

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