Un demagogo carismático seduce a un poderoso imperio y gana poder con la promesa de restaurar la gloria pasada. Un pueblo traiciona sus principios fundacionales, apostatando de la fe de sus padres para perseguir sueños de inmortalidad. Su gran ciudad se tambalea al borde de la guerra civil. Un remanente fiel es perseguido y acusado de traición por una multitud empeñada en alcanzar la ruina.

No es un resumen de los profetas del Antiguo Testamento ni del New York Times de ayer, estas son algunas de las historias de El Silmarillion de J. R. R. Tolkien, la biblia del saber de la Tierra Media. Pasadas por alto durante mucho tiempo, las historias finalmente han encontrado su momento en el centro de atención.

El señor de los anillos: Los anillos de poder de Amazon ha llegado.

Con la reputación de ser el programa de televisión más caro jamás producido, el proyecto de mil millones de dólares es una adaptación de una parte muy pequeña de la obra de Tolkien. En la línea de tiempo ficcional creada por el autor, la historia de la Tierra Media se desarrolla a lo largo de tres eras. La mayor parte de El Silmarillion se refiere a la Primera Edad, mientras que la trilogía de libros y películas más famosa y querida, El señor de los anillos, cubre el final de la Tercera Edad. El nuevo programa de televisión de Amazon se establece justo en medio.

Tolkien no escribió casi nada sobre este periodo. Sin embargo, lo poco que elaboró ​​vibra con resonancia política. En las 23 páginas cortas de «Akallabêth», un capítulo de El Silmarillion, Tolkien habla de la gloria del reino de Númenor y también de su arrogancia y locura.

En la mitad del siguiente capítulo, «Los anillos de poder», Tolkien escribe sobre los anillos del mismo nombre y describe esencialmente la Tercera Guerra Mundial, un conflicto catastrófico tan destructivo que, aunque los buenos ganaron, el mundo nunca se recuperó.

Es una narrativa extraordinaria (y extraordinariamente relevante): una de pasión política, ambición, manipulación y engaño; intriga geopolítica; guerra religiosa; teodicea; y apocalipsis. Es una historia sobre aquellos que se abren camino hacia el liderazgo mediante el honor, el engaño o la conquista, y una historia de advertencia sobre la destrucción que pueden causar los hombres y mujeres ambiciosos cuando se les otorga un poder asombroso.

Si planea ver la serie, esto es lo que necesita saber sobre la historia en la que se basa y, si me lo permite, qué lecciones vale la pena extraer de ella.

El reino de Númenor

En el texto original de Tolkien, los numenoreanos eran marineros famosos, «sabios y gloriosos», altos y longevos. Aprendieron a hablar élfico, el idioma del aprendizaje, y «escribieron cartas, pergaminos y libros» en los que escribieron «muchas cosas de maravilla y sabiduría durante la marea alta de su reino».

Númenor es el reino original, del cual Gondor — mejor conocido por los lectores y espectadores de El señor de los anillos—, es la copia. Númenor es el centro imperial, mientras que Gondor es el reino en el exilio.

Los hombres y mujeres que luego se convirtieron en el reino de Númenor son famosos por su fidelidad a los dioses. Como recompensa, se les da un hogar, un reino insular frente a la costa de la Tierra Media, así como una era dorada de prosperidad y sabiduría.

En su grandeza, los numenoreanos visitan la Tierra Media. Al ver la pobreza y la ignorancia del «mundo abandonado», les dan a los hombres inferiores el regalo del imperialismo benévolo de Númenor, una intervención humanitaria que pretende elevar su condición y ayudar «en el orden de su vida».

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Númenor, entonces, es la visión idealizada de un gran poder que hace uso de su grandeza para hacer justicia.

Pero la grandeza del reino se convierte en la fuente de su tentación. Después de miles de años de dicha y gloria, algunos de los numenoreanos comienzan a codiciar lo único que no tienen. «El deseo de la vida eterna, de escapar de la muerte y del final del deleite se hizo fuerte en ellos; y cada vez que su poder y gloria crecían, su inquietud aumentaba».

Caen presa del clásico pecado de la arrogancia.

Con el pueblo dividido, la mayoría de los numenoreanos y sus líderes se alejan de los dioses, aunque un pequeño remanente permanece fiel. El más grande de sus reyes está «lleno del deseo de poder ilimitado y del dominio exclusivo de su voluntad».

Aquí, la historia de Tolkien se desarrolla con el mismo ritmo de 1 y 2 Reyes, donde el pueblo cae cuando caen sus líderes.

Númenor comienza a despilfarrar su riqueza y poder, ya que «aquellos que vivieron se volcaron más ansiosamente hacia el placer y el desenfreno». En su orgullo y hedonismo, el imperio se vuelve rapaz, escribe Tolkien, «y ahora deseaban riqueza y dominio» (puesto que se les había negado la vida eterna) y «aparecían ahora más como señores, amos y recolectores de tributos que como ayudantes y maestros».

No es difícil ver la intención de Tolkien en este juego de moralidad política. El Reino Unido, así como Númenor, era un reino insular que se veía a sí mismo como un imperio benévolo. Pero cuando Tolkien elaboró ​​El Silmarillion en el siglo XX, el imperio decaía día a día y la sociedad occidental parecía cada vez más materialista y secular.

Fue una época de pesimismo para miembros de la élite occidental como Tolkien, quien veía un mundo cada vez más hostil a la herencia cultural con la que había crecido. Una nostalgia por la gloria pasada impregna su obra.

La historia de Sauron

Si eso fuera todo, el «Akallabêth» no sería extraordinario, no sería apto para una adaptación televisiva de mil millones de dólares, y sería indigno del otro trabajo de Tolkien. Pero la imaginación católica de Tolkien le dio más perspicacia psicológica y ambición espiritual.

La historia no es un llamado neoreaccionario para la renovación de la civilización occidental o el imperialismo británico. Es mucho más pesimista que eso. Tolkien tiene un personaje en la historia que llama a la renovación y la grandeza nacional. Sin embargo, quizás con la Segunda Guerra Mundial todavía fresca en la memoria, pone ese llamado en boca de su villano.

En la historia de declive cultural y espiritual de Númenor entra un demagogo engañoso: nada menos que el propio Sauron. Aunque se le representa como un ojo en llamas en lo alto de su torre en El señor de los anillos, en este cuento anterior es un personaje que camina y habla, «astuto de mente y boca», con «adulación dulce como la miel... siempre en su lengua».

Dicho de otra manera, Sauron es un influenciador profesional. Con la ayuda de los anillos de poder, se abre camino en los consejos del rey a través de promesas de «riquezas incontables... para que el aumento de su poder no tenga límite».

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Sauron juega hábilmente con el miedo a la muerte de los numenoreanos, prometiéndoles alturas de poder cada vez mayores al tomar de los dioses lo que es legítimamente suyo. El rey numenoreano se aparta «totalmente de la lealtad de sus padres» y trata a los numenoreanos que permanecen fieles como rebeldes, ofreciéndolos como sacrificios humanos en el templo recién construido de Sauron. El imperio numenoreano, ya rapaz, ahora es brutal y violento.

En esta parte de la historia, Tolkien parece transmitir una conexión natural entre el poder, la demagogia y la violencia. Un gran poder atrae naturalmente al estafador, que gana influencia halagando a la mafia y apelando a sus instintos básicos. A su debido tiempo, el poder aliado a la demagogia siempre conduce al derramamiento de sangre, tanto en casa como en el extranjero.

Las lecciones de Númenor

El final de «Akallabêth» es impactante y apocalíptico, contado más como una parábola o un mito que como una simple ficción. Sauron persuade al rey numenoreano para que le declare la guerra a los dioses, invada su morada y les arrebate la vida eterna por fuerza de las armas.

El rey, que se ha vuelto loco por la vejez y la arrogancia, conduce su armada a través del mar. En respuesta, los dioses parten el mar por la mitad y ahogan la armada, el propio reino de Númenor y la mitad de la Tierra Media. Es el apocalipsis contado por los condenados. (Reto a Amazon a poner eso en la pantalla).

La combinación de alusiones paganas y bíblicas (Atlántida y Faraón, el Imperio romano y los reinos de Israel y Judá) es típica de Tolkien. Al basarse en fuentes dispares en el canon occidental, toma prestado un sentido de peso histórico e importancia religiosa. También pinta en un lienzo tan vasto que la historia se siente importante y vigorosamente trágica.

En este paisaje oscuro, Tolkien ofrece un rayo de esperanza. En «Los anillos de poder» (el capítulo final de El Silmarillion), el remanente fiel huye de Númenor antes de su destrucción, establece Gondor y lidera la última alianza de elfos y hombres en una desesperada guerra final contra Sauron. (Como referencia, esta es la gran batalla desde el prólogo hasta la versión cinematográfica de El señor de los anillos y es probable que sea la escena final de Los anillos de poder dentro de cinco temporadas).

Los buenos ganan, pero es demasiado tarde para que cualquier victoria valga ese nombre. Sauron es derrotado, pero casi todos los héroes mueren, el mundo queda arrasado y el anillo de Sauron sobrevive.

¿Fue inútil el esfuerzo? Conocemos el final de la historia: después de una larga demora, Sauron y su anillo finalmente son vencidos, aunque los fieles numenoreanos nunca lo ven.

Aquí, entonces, está la lección final de Tolkien, y la que debemos tener en cuenta al ver Los anillos de poder en el contexto de la iglesia de hoy:

En cualquier era de hedonismo, demagogia, rapacidad y violencia (incluida la nuestra), es posible que aquellos en el remanente fiel nunca vean su victoria final o los frutos de su sacrificio. Pero siguen luchando, porque saben que, al final de la historia, la providencia reivindicará sus esfuerzos. A la luz de eso, solo podemos preguntarnos si estaremos entre el remanente o entre los condenados.

«Es un cuento de hadas, aunque triste, como todos los cuentos de la Tierra Media», les dice Aragorn a los hobbits en La comunidad del anillo.

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Como veterano de la Primera Guerra Mundial, Tolkien entendió la caída del mundo, el orgullo del género humano, y las tentaciones del poder de forma tan profunda que sabía que no debía darle un final feliz a ninguno de sus cuentos.

La brillantez de Peter Jackson fue mantenerse fiel a Tolkien y terminar su trilogía de El señor de los anillos más como una tragedia que como una fantasía. Cuando la mayor parte del entretenimiento comercial sigue la demanda de resoluciones completas, es atrevido contar una historia madura sobre un mundo quebrantado y condenado al juicio, donde todos los héroes tienen fallas y cada victoria terrenal es condicional.

También es inspirador porque es realista, incluso si viene vestido con elfos y magos. Cuanto más se adhiera Los anillos de poder de Amazon a estas verdades, mayor será su contribución, no solo para nuestro entretenimiento, sino también para nuestra edificación.

Paul D. Miller es profesor en la Universidad de Georgetown y miembro investigador de la Comisión de Ética y Libertad Religiosa.

Traducción por Sergio Salazar.

Edición en español por Livia Giselle Seidel.

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