Justamente en el punto donde el paseo por el océano de la Habana se encuentra con los fuertes históricos que protegen su puerto, una muchedumbre de cubanos jóvenes se ha reunido un jueves por la noche. Ellos están junto a una docena de carros alegóricos estacionados en preparación para el carnaval de verano de Cuba. Pero cuando un carro alegórico comienza a tocar música salsa a todo volumen, al grupo no le agrada el ritmo; uno de ellos extiende y gira la mano con desaprobación.

Mientras un faro alumbra por encima, la muchedumbre joven termina de cantar un lento coro sobre desear que sus vidas sean “como perfume a tus pies.” Luego se lanza de lleno a un bullicioso llamado y respuesta:

“Yo soy cristiano,
para que tú lo sepas.
No me falta nada.
Mi vida está completa.”

Un turista de los EE. UU. se acerca a la muchedumbre.

“¿Hablas inglés? ¿Están ellos hablando de Jesús?” le pregunta. El turista había pasado la semana anterior en el centro de Cuba en un viaje misionero. “Yo sabía que había cristianos aquí, pero no esperaba verlos así.”

En seguida, un pastor le dice a la muchedumbre que se de la vuelta mirando hacia la Habana Vieja, el centro del distrito turista de la capital, enfrente de la calle. Ellos levantan sus teléfonos celulares al aire en modo de linterna y gritan, “Yo soy luz en medio de la oscuridad.”

Christianity Today viajó a Cuba la misma semana en que el Secretario de Estado John Kerry volvió a abrir la Embajada de EE.UU. en el paseo marítimo Malecón en la Habana. CT asistió a una reunión exclusiva de educadores teológicos para analizar cómo sacar provecho de La Apertura—la nueva apertura diplomática y económica entre Cuba y los Estados Unidos.

Los cristianos de ambos lados de las 90 millas de las aguas del Caribe que separan a Cuba de la Florida se sorprendieron por esa apertura. Este año, Barack Obama y Raúl Castro anunciaron el final de la enemistad de la guerra fría y relajaron las restricciones de viaje y comunicación. (Una inversión completa del embargo comercial de los EE. UU. exige un voto del Congreso.) Muchos residentes esperan—y los turistas temen—que la isla no permanecerá más “suspendida en el tiempo.” Un pastor, reflexionando en las dificultades económicas de la isla, le dijo a CT, “Lo absurdo es nuestra realidad.”

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De seguro, muchos legados de la Revolución Cubana permanecerán. Pero aun antes que la bandera estadounidense fuera izada en la Habana por primera vez en 54 años, la bandera se divisaba alrededor de la capital en las playeras de los hombres y los pantalones de las mujeres. Los cristianos públicamente miran una escena satírica de las negociaciones entre EE. UU. y Cuba al ritmo de música pop de Shakira y Enrique Iglesias. Los líderes de los seminarios, sorprendidos de la manera tan abierta en que una destacada socióloga criticaba el anticuado sistema educativo de la isla, le preguntan, “¿Cómo te aprobaron la tesis?”

Viviendo un milagro

Al final del bulevar del centro comercial, una gran muchedumbre se reunió por la medianoche. No están en fila para la Cafetería Vera, la desolada tiendita azul con rosa, que tiene más sillas para la clientela que mercancía. En lugar de eso, los cubanos se sientan encaramados en cada banca, macetero, escalera de entrada, y orilla de la calle.

Todos sus rostros están brillantes—pero no por lo cigarros cubanos. Las pantallas de smartphones, tabletas, y computadoras portátiles alumbran la muchedumbre. Como unas 35 zonas interactivas vinieron a las grandes ciudades de Cuba en julio. Se puede comprar una tarjeta de una hora de acceso a la red inalámbrica por 3 pesos cubanos (como $3 dólares). Muchos usuarios navegan Facebook, mientras otros charlan por video.

“Esto es lo más feliz que la gente en las calles ha estado,” explica un vendedor de tarjetas de 29 años de edad luciendo una camiseta con la bandera americana, una medalla con la Virgen de Guadalupe, y un tatuaje de Géminis en el antebrazo.

“Es parte del milagro que estamos viviendo,” dice la esposa de un pastor destacado.

Un taxista dice que la primera vez que él usó la internet fue hace 20 días. Él le llamó a la familia de su esposa en Italia. Por los primeros minutos, nadie habló. Todos estaban mudos de la emoción.

Hoy, los turistas que vienen a tomar fotografías del puerto de la Habana los domingos en la mañana se encontrarán con una de las vistas más inesperadas en Cuba: todo un culto en una iglesia evangélica, completo con altavoces y bailarines coreografiados.

Cuando CT anteriormente informó desde Cuba en el 2009, Alcance Victoria—una iglesia que alcanza a la juventud metida en pandillas, drogas, y prostitución—evangelizaba en las calles por las noches entre semana. Ahora la iglesia se congrega los domingos por la mañana en uno de los lugares más públicos de la Habana: La Punta, donde el Malecón se junta con la desembocadura del puerto.

El Pastor Abel Pérez Hernández dice que su congregación que tiene 13 años, ahora cuenta con 500 en asistencia, y con 42 grupos en hogares congregándose semanalmente.

En seguida a los grandes cañones que apuntan hacia la desembocadura del puerto, la mitad de la congregación se agrupa bajo sombrillas decoradas con imágenes de pinturas clásicas. La iglesia adora con cantos de salsa y reguetón mientras que 10 jóvenes hacen danzas coreografiadas en frente del rompeolas, garabateado con grafiti profesando amor eterno. Les ayuda un equipo misionero de corto plazo, no de Estados Unidos sino de Brazil. Es la cuarta visita del grupo, y pagaron lo doble por venir este año por la reciente devaluación de su moneda.

“Esto muestra qué tan importante nos es esto, estar juntos,” dice Filipe Santos, director de misiones de la mega iglesia bautista de 13,000 miembros cerca de São Paulo.

Casi todo líder Cristiano que CT entrevistó tienen el mismo sentir: tienen la esperanza de una vida mejor, económica y políticamente; están preocupados por la venidera “avalancha” de ideologías y bienes materiales; y están convencidos que ni los cristianos norteamericanos ni los cubanos están adecuadamente preparados para los cambios rápidos que están en marcha.

Avalancha de extranjeros

Por el lado pesimista, los líderes cristianos se preguntan si los visitantes estadounidenses destruirán la cultura cubana con su materialismo y el nominalismo trivial—o si los cubanos se destruirán ellos mismos.

“Nuestra mentalidad es muy marxista, aun cuando no hemos tenido la facilidad de consumir por 50 años,” dice Alfredo Forhans Hernández, director de las instalaciones Holguín del Seminario Evangélico Nuevos Pinos. “Ahora los Estados Unidos podrán hacer de nuestro consumismo una realidad. No estamos preparados.”

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Los cristianos de Cuba han prosperado a pesar de la política y la pobreza de la isla. Su improbable avivamiento a lo largo de décadas a menudo se le ha comparado sólo con el de la China. “Es increíble. La gente viene de voluntad propia, buscando a Dios,” dice un líder Bautista Occidental. (Los bautistas en Cuba tienen dos convenciones, Occidental y Oriental.)

Pero la apertura les trae preocupación: ¿Se apreciará el avivamiento una vez que los cubanos tengan recursos? A un líder del seminario le preocupa que “el gran crecimiento de la iglesia, a pesar de nuestros recursos limitados, no será ya más una distinción.”

Otro desafío: la avalancha de extranjeros que vienen a ayudar. “Hay muchos pájaros que quieren aterrizar en Cuba,” explica Eduardo González del Río, rector del Seminario Teológico Bautista Oriental en Santiago de Cuba—“gente que quiere traer su doctrina para ayudarnos.”

“Cuba ha estado cerrada, ahora las puertas se están abriendo,” dice Yaniel Marrero Báez, presidente de la Escuela Evangélica Cubana de Estudios Teológicos en Placetas. “En el pasado, había muy pocas oportunidades para que vinieran visitantes que recibíamos a todos. Pero ahora las iglesias cubanas tendrán opciones para elegir.”

Por ejemplo, los cubanos cristianos ahora están circulando CDs del pastor de una mega iglesia guatemalteca, Cash Luna y otros maestros del evangelio de la prosperidad. “Es una guerra de los medios de comunicación,” dice González. “Tristemente no tenemos buenos cristianos que estén haciendo esto.” El gobierno cubano todavía restringe la industria editorial y el acceso a los medios de comunicación.

En general, los líderes de las iglesias cubanas están ansiosos de colaborar con más iglesias americanas. Pero ellos quieren respeto, a pesar de la desigualdad de tamaño y riqueza.

“Nuestro problema es cuando los extranjeros vienen a decirnos lo que necesitamos hacer. Hemos estado aquí por muchos años, hemos propagado la Palabra bajo muchas dificultades, y hemos podido triunfar,” dice un líder Bautista Occidental. “Nos encanta la idea de colaboración, pero no la de imposición.”

“Estamos en un contexto especial. No podemos copiar lo que el resto del mundo está haciendo,” dice Enoel Gutiérrez Echevarría, presidente del Seminario Evangélico Metodista en la Habana. “Por supuesto no somos perfectos, pero sí somos expertos en Cuba. La iglesia cubana es un ejemplo de avivamiento para el mundo. Lo que otros tengan para ofrecer no debe interrumpir lo que nosotros estamos haciendo.”

González está feliz con los arreglos que su iglesia tiene con su benefactor principal en Dallas. El enfoque ha sido en capacitación en liderazgo, no en ayuda económica. “Si ellos nos dieran mucho dinero, la gente atribuiría el éxito de nuestra iglesia a la ayuda económica de EE. UU. y no a Dios,” dice él. “Es importante para los americanos no venir como un billete de dólar con pies y cabeza.”

El dinero obviamente sí ayuda, y hay muchas formas de usarlo sabiamente. (“Ayuden a abastecer nuestras bibliotecas,” sugiere un pastor.) Una socióloga dice que un médico que ella conoce gana más dinero trabajando como ayudante de mozo que lo que gana en su trabajo oficial. Pero muchos líderes le dijeron a CT que lo que ellos más quieren es capacitación en liderazgo de trabajo en equipo.

Aunque ustedes puedan ayudar económicamente, lo que nosotros más necesitamos es aprender a cómo trabajar en grupos,” dice un líder del seminario. “La mayoría de los pastores son vistos como jefes y hacen todo. Hay pocos comités.”

Eso es en parte por buena razón, dado a la cultura de vigilancia del régimen de Castro. “No sabemos a quién confiar en grupos. “¿Quién en este mismo salón puede estar al otro lado?” explica el líder. “La desconfianza hacia los demás está en nuestra sangre. Colaboración es lo que nos falta.”

Sin embargo, los cristianos cubanos nunca se han sentido más audaces. Eduardo E. Pérez Ramos utiliza su próspero estudio fotográfico para conectar las iglesias a través de Cuba. Él trata de captar y circular eventos que muestran una iglesia cubana sólida, como una reunión reciente en la ciudad de Holguín, donde miles de cristianos lo demostraron en la calle. Su fotografía favorita, titulada “Una Isla Un Corazón,” capta la reunión nacional de la Liga Evangélica de Cuba en un campamento metodista en Santa Clara. El grupo da forma exacta a la isla, con cada persona de pie en su provincia natal.

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Los evangélicos han hecho mucho avance en la educación a distancia—necesidad y estrategia que CT recalcó en el 2009—vía CENCAP, un programa que inició Los Pinos Nuevos, una destacada denominación autóctona. Ahora en su quinto año, CENCAP ha capacitado a más de 51,000 pastores y líderes de 21 denominaciones. Recientemente cambió su enfoque de cómo los pastores pueden correr mejor sus iglesias a cómo las iglesias pueden servir mejor a sus comunidades.

A los protestantes en Cuba no se les conoce por el trabajo social. (Para ser justo, ellos lo trataron después de que cuatro huracanes azotaran la isla en el 2008, pero los oficiales les ordenaron parar, diciéndoles que era el trabajo del gobierno reconstruir,) CENCAP está trabajando para abordar esto, colaborando con el gobierno para ayudar a alimentar a los niños y a los ancianos. Esto anima al gobierno para otras actividades y muestra a las iglesias que ellos pueden “propagar el evangelio sin predicar,” explica un cubano milenario, hijo de pastor. Él acaba de recibir un envío de arroz fortificado. Él y otros hombres jóvenes forman una línea de montaje, moviendo cajas de un camión de volcar al salón multiusos de la iglesia, luego al santuario. Terminan a las 3 de la mañana.

Preparándose para ‘algo grande’

La capilla del Seminario Bautista Occidental en la Habana tiene un mapamundi labrado en madera. Flechas prominentes salen de cada dirección de Cuba. Es tentador interpretarlas como la emigración de cubanos, pero ellos realmente están hablando de un profundo deseo por las misiones.

Cuba fue una vez temida como exportadora de la revolución comunista. Ahora está lista para exportar el cristianismo.

Esta primavera, los bautistas enviaron de Cuba sus primeros misioneros de tiempo completo en 54 años. Primero fue Ecuador, donde una pareja de esposos, tan inspirados por Nate Saint y Jim Elliot, llamaron a su grupo de hogar en honor de Punta de Lanza. En seguida es África: se están preparando equipos para Senegal y Guinea Ecuatorial. La última meta es el Medio Oriente y la Ventana 10/40.

Las restricciones gubernamentales de viajar han impedido que las iglesias envíen misioneros, así que las iglesias se conformaron con misiones médicas informales (dado que los doctores cubanos son una de las mayores exportaciones de la isla). “Ahora las puertas se han abierto,” dice un líder Bautista Occidental, “y nosotros estamos muy entusiasmados de que ahora libremente podemos cumplir nuestro sueños.”

Pero el dinero permanece como una barrera. “No tenemos los recursos económicos para enviar a la gente, pero sí tenemos los recursos humanos,” dice González. “Nosotros creemos que Dios nos está preparando algo grande.”

El programa de misiones bautistas, Cubanos a las Naciones, tiene 250 personas en capacitación, dice el director Karell Lescaille. “Queremos aprender cómo otras personas han hecho misiones mundiales y ponerle nuestra salsa cubana [sabor].”

González dice que en la reunión anual de la Convención Bautista del Sur en junio, los asistentes hablaron de la “crisis espiritual” en los Estados Unidos y de cómo los cubanos podrían ayudar. Tal vez Cuba podría traer un avivamiento en los Estados Unidos,” dice él. “Los Estados Unidos nos trajeron el protestantismo, así que sí estamos endeudados.”

En general, los líderes están agradecidos por La Apertura. Ahora ellos oran que Dios les ayude a prepararse para los cambios impredecibles que están por venir.

“Si usted quiere ver lo que alguien realmente es, dele dinero y dele poder,” dice un líder del seminario. “Ahora vamos a ver qué tipo de cristianos somos.”

Jeremy Weber es editor asociado de noticias de CT.

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