Billy Graham se encuentra con Martin Luther King Jr.—Otra vez

El reverendo Samuel Rodríguez quiere reclamar la visión evangélica que une la evangelización, la reforma moral, y las cruzadas sociales.
Billy Graham se encuentra con Martin Luther King Jr.—Otra vez

El libro La agenda del Cordero: Por qué Jesús le llama a una vida de rectitud y justicia (Thomas Nelson) es un libro que pone en el mismo ámbito a personajes que no se acostumbran juntar—y eso es algo bueno. El libro cuenta con dos prólogos, uno por Jim Daley de Focus on the Family y otro de Bernice A. King, hija de Martin Luther King, Jr., y decana del legado de King.

La meta del pastor Rodríguez es crear un movimiento que cambie para bien a la sociedad norteamericana a través del enlazamiento de la evangelización y la labor de la justicia social–en una manera muy parecida a como los evangélicos de antaño lucharon contra los males de la industria de las bebidas alcohólicas y la injusticia del comercio de esclavos, trayendo un evangelio transformador a aquellos que se encontraban atrapados por dichas fuerzas y al mismo tiempo luchando por eliminar de la sociedad dichos males.

Desde una perspectiva histórica, hay poco nuevo en el libro. John Wesley, Charles Finney, y la Secta Clapham de William Wilberforce también entrelazaban la evangelización, la reforma moral, y las cruzadas sociales. Ciertamente, Rodríguez no es el primero en abogar en contra de que el cristianismo sea cautivo de un partido político en particular y que no debemos dejar que dichos partidos nos usen como sus "idiotas útiles." Al contrario, debemos dejar que el llamado profético de Jesucristo a la compasión y la justicia enjuicie a ambos partidos y rinda relativas todas las ideologías.

Poco antes de las elecciones del 2004, Jim Wallis y Sojourners condujo una campaña vigorosa por liberar el activismo cristiano de la esclavitud a los partidos políticos. La campaña que lanzaron con el título de: "Dios no es un republicano … ni un demócrata" consiguió más de 40,000 firmas. Inmediatamente después de las elecciones, Wallis atacó en su libro God's Politics la identificación que los medios masivos hacen de los cristianos con el Partido Republicano.

Rodríguez, siempre en su papel de predicador, enmarca el slogan de Wallis en términos zoológicos: "Como seguidores de Cristo, permanecemos comprometidos en avanzar no la agenda del burro [de los demócratas] o del elefante [de los republicanos], sino solamente la agenda del Cordero." (Si no has escuchado predicar al pastor Rodríguez, quizás quieras empezar con el discurso principal durante la celebración nacional de Martin Luther King, Jr., de 2013 en la iglesia que King pastoreara, Ebenezer Baptist Church.)

El Cordero no toma sus indicaciones ni del burro ni del elefante. El juzga tanto al Tea Party como al movimiento Occupy. La agenda del Cordero solo se puede descubrir en la visión combinada del Dr. Martin Luther King, Jr. y el Rev. Billy Graham. La agenda del Cordero se revela en la intersección de los brazos verticales y horizontales de la cruz. Por lo tanto, Rodríguez dice un firme no a las fuerzas contrarias que demandan se escoja una u otra y que polarizan nuestros tiempos, y dice un sonoro sí al testimonio profético bíblico.

Sin embargo, ¿ha tenido éxito Rodríguez en distanciarse de los corredores de poder y los personajes que polarizan y que buscan un lugar en la política? Rodríguez y su esposa Eva han orado durante las reuniones de la convención republicana. Él se asocia con cristianos teocráticos y habla en sus eventos. La organización People for the American Way cita 19 menciones relacionadas con Rodríguez en su página RightWingWatch.org. Se rascan la cabeza y se preguntan cómo "ha logrado de alguna manera ser un activista de la derecha radical y al mismo tiempo gozar de una reputación como moderado a quien regularmente se le invita a la Casa Blanca y a eventos presidenciales."

Para bien o para mal, La agenda del Cordero probablemente no va a cambiar la mente de los progresivos que critican a Rodríguez. Toma posiciones firmes con los conservadores en asuntos de pruebas determinantes como el aborto y el matrimonio tradicional. También se une al coro de aquellos que critican el mandato de la administración de Obama que con gran dificultad deja exentas a algunas de las organizaciones que objetaban a que se usaran fondos federales para el uso de anticonceptivos y drogas abortivas. Posiciones así se pueden esperar de líderes evangélicos tradicionales, y no ameritan una etiqueta de "radical de la derecha religiosa."

Sin embargo, Rodríguez también demuestra una sospecha profunda en cuanto a colaborar con activistas de otros campos. Por ejemplo, cuenta que en 2006 cuando el cardenal Roger Mahony trabajó junto a los líderes laborales católicos que apoyan el derecho de la mujer para escoger abortar (pro-libre albedrío) y unieron fuerzas sobre el asunto de la inmigración ilegal. Cuando los activistas pro-vida (contra el aborto) retaron las acciones de Mahony, éste contestó, "esto no es sobre izquierda o derecha. Esto es sobre justicia." Desafortunadamente, los líderes laborales no le correspondieron, sino que lucharon activamente en contra de una iniciativa de voto que hubiera requerido permiso paternal para que menores de edad pudieran obtener un aborto. Rodríguez concluye, "gente de buena voluntad que colaboran en asuntos sociales con enemigos de la vida suelen encontrarse traicionados." Dichas palabras no fomentan un espíritu bipartidista en una edad de polarización.

Sin embargo, los progresistas deben estar contentos de que Rodríguez no expresa la misma reserva cuando se trata de rectificar las injusticias gubernamentales. Aplaudirán su liderazgo en asuntos de migración, su desapruebo repetido de la violencia y el prejuicio en contra de los homosexuales y las lesbianas, y su condenación de bullying en las escuelas. Estos son asuntos, que parafraseando a Mahony, no son de izquierda o de derecha, sino de justicia.

Los progresistas están divididos en cuanto a los esfuerzos de la administración de Bush de poner a las organizaciones basadas en la fe al mismo nivel de agencias seculares en cuanto a recibir fondos para ministerios sociales. Rodríguez dice que "es totalmente contrario al espíritu de la Biblia que un grupo basado en la fe vaya al gobierno a mendigar fondos para llevar a cabo un mandato divino de caridad y compasión. … Si aceptamos subsidios de Cesar, aceptamos jugar bajo las reglas de Cesar, y sus reglas no se parecen en nada a nuestras reglas."

Rodríguez es hispano con orgullo y sin disculpa. Se designa hijo de inmigrantes y celebra lo que los creyentes inmigrantes de América Latina pueden ofrecer a los Estados Unidos económicamente, demográficamente, espiritualmente, y moralmente. Pero Rodríguez nunca se deja llevar por la política de identidad. Escribe como un americano (sin guión en medio) y como cristiano. Ve un potencial tremendo para una renovación nacional en "la iglesia multiétnica." No promueve a ningún grupo étnico americano como un bloque de poder, sino que trata a todos los grupos en conjunto como el campo del reino en el cual los evangelios gemelos de la rectitud y la justicia pueden florecer.

La casa publicadora del primer libro de Sam Rodriguez, Path of Miracles, lo empaquetó dentro del género religioso de auto ayuda. Subtitulado "los siete principios que cambian la vida que llevan al propósito y a la satisfacción," tanto el título como el subtítulo estaban grabados en color dorado. Estos toques de mercadeo apelaban a los creyentes del evangelio de la prosperidad. Sin embargo, había una nota discorde en la cubierta: "Prólogo por Jim Wallis." De hecho, los milagros de los que hablaba el libro no enfocaban las riquezas y el bienestar sino el vivir dentro de los propósitos radicales de Dios.

Sin embargo, Rodríguez planteó ese libro mayormente en términos individualistas–con un leve gesto de inclinación del sombrero sobre la importancia de encontrar socios. Muy a lo contrario, el libro La Agenda del Cordero, se plantea en términos corporativos amplios y comunales. Es sobre Estados Unidos como una ciudad sobre el monte, y sobre la iglesia como el puesto a la vanguardia del reino de Dios. Es sobre traer el mensaje de rectitud a aquellos que deben escucharlo y de que reine la justicia en la vida de aquellos a quienes se les ha privado de ella. Es sobre el llamamiento divino que ha sido puesto en nosotros como el pueblo de Dios y como estadounidenses.

David Neff es un vicepresidente editorial de Christianity Today.

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En 2006, el escritor principal Tim Stafford escribió sobre Samuel Rodríguez para Christianity Today.

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