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El mundo que los misioneros hicieron
Foto por Alice Seeley Harris / Panos Archives

Para muchos de nuestros contemporáneos, nadie resume a los misioneros de una época anterior, como lo hace Nathan Price. El patriarca de la novela de Bárbara Kingsolver de 1998 The Poisonwood Bible [La Biblia venenosa] intenta bautizar a los nuevos cristianos congoleses en un río lleno de cocodrilos. Él proclama "¡Tata Jesús es bangala!" pensando que está diciendo, "Jesús es amado." En realidad, la frase significa: "Jesús es venenoso." A pesar de ser corregido muchas veces, Price repite la frase el resto de su vida—Metáfora no muy sutil de Kingsolver sobre la imprudencia culturalmente insensible de las misiones modernas.

Por alguna razón, nadie ha escrito un best-seller sobre la vida real del misionero John Mackenzie del siglo XIX. Cuando los colonos blancos en Sudáfrica amenazaron con tomar la tierra de los indígenas, Mackenzie ayudó a su amigo y aliado político Khama III a viajar a Gran Bretaña. Allí, Mackenzie y sus colegas llevaron a cabo campañas de peticiones, también tradujo durante mítines políticos para Khama y otros dos jefes, e incluso organizó una reunión con la reina Victoria. Finalmente, sus esfuerzos convencieron a Gran Bretaña para promulgar un acuerdo de protección de tierras. Sin ella, la nación de Botsuana probablemente no existiría hoy.

Las crónicas de las misiones protestantes occidentales incluyen a Nathan Price, por supuesto. Pero gracias a un sociólogo tranquilo y persistente, llamado Robert Woodberry, ahora sabemos con certeza que incluyen muchos más que eran como John Mackenzie. De hecho, el trabajo de misioneros como Mackenzie resulta ser el factor más importante para garantizar la salud de las naciones.

"Esto es por lo que Dios me hizo"

Hace catorce años, Woodberry era un estudiante de postgrado en sociología en la Universidad de Carolina del Norte–Chapel Hill (UNC). Hijo de J. Dudley Woodberry, profesor de estudios islámicos y ahora decano emérito en el Seminario Teológico Fuller, comenzó a estudiar en el respetado programa de doctorado en UNC con una de sus figuras más influyentes, Chistian Smith (ahora en la Universidad de Notre Dame). Pero cuando Woodberry se puso a buscar una fructífera línea de investigación propia, empezó a sentirse descontento.

"La mayor parte de la investigación que estudié fue acerca de la religión americana," dice sobre sus inicios en la escuela de posgrado. "No fue mi pasión, y no se sentía como una vocación, algo en lo que podría verter mi vida."

Una tarde asistió a una conferencia requerida que puso un alto repentino en su vida profesional que iba a la deriva. La conferencia fue de Kenneth A. Bollen, profesor de UNC-Chapel Hill y uno de los principales expertos en la medición y el seguimiento de la propagación de la democracia global. Bollen comentó que en sus investigaciones seguido se encontraba con una conexión estadística significativa entre la democracia y el protestantismo. Alguien tenía que estudiar el motivo de dicha relación, dijo Bollen.

Woodberry se inclinó hacia delante en su asiento y pensó: ese soy yo. Yo soy la persona indicada.

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