Justo González es uno de los teólogos e historiadores de la iglesia más influyentes el día de hoy. Nacido en La Habana, González ha enseñado en el Seminario Evangélico de Puerto Rico y en la Escuela de Teología Candler en Atlanta. Ha publicado más de 100 libros entre los que se encuentran A History of Christian Thought de tres tomos, The Story of Christianity en dos tomos, y Mañana: Christian Theology from a Hispanic Perspective. Su libro más reciente—The Story Luke Tells: Luke’s Unique Witness to the Gospel (Eerdmans), aplica un lente Latinoamericano a partes familiares de las Sagradas Escrituras. Gary Burge, profesor de Nuevo Testamento en Wheaton College, habló con González sobre temas poco apreciados en Lucas y Hechos.

¿Cómo es que un historiador de la iglesia termina escribiendo sobre Lucas?

Me interesa Lucas porque él es lo más cercano que tenemos en el Nuevo Testamento a un historiador. Su historia funciona como un tipo de invitación al evangelio. Quiere que nos unamos a la historia que empezó con Jesús.

Otra razón por la cual me siento atraído al Evangelio de Lucas es por los temas que enfatiza. Lucas le da mucha atención a los asuntos de igualdad de género, a la justicia, al cuidado del pobre. Estos temas siempre han sido importantes en mis propios escritos.

¿Cuando un teólogo latinoamericano lee Lucas, qué temas nota que otros pudieran pasar por alto o minimizar?

Cuando uno lee Lucas con gente pobre que no tiene esperanza, o con gente que se está escondiendo de dictadores o de patrullas de la muerte, uno puede ver cosas que de otra manera quizás no vería. El tema que más se pasa por alto es lo que se llama “el gran giro.” Esta es la idea—en Lucas 13—de que cuando llegue el reino de Dios, los últimos serán primero, y los primeros serán los últimos.

O tome el canto de María (el Magníficat) del primer capítulo de Lucas (versículos 46-55). Habla sobre cómo Dios colma de bienes a los hambrientos y a los ricos los envía vacíos. No quiere decir que las interpretaciones tradicionales sobre este pasaje estén equivocadas, sino de que hayan descuidado los temas de la riqueza y la pobreza. Necesitamos una variedad de perspectivas, incluyendo la perspectiva de los pobres, para poder llegar al significado completo.

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¿Cuál tema es más fácil que los evangélicos Norteamericanos pasen por alto?

En comparación con los otros escritores de los evangelios, Lucas se preocupa por enfatizar la palabra salvación. Nosotros tendemos a pasar por alto las implicaciones económicas, políticas, y sociales de esta salvación. Lucas nos ayuda a ver cómo se ve la salvación desde la perspectiva de los pobres.

El relato de Lucas sobre el alboroto en Éfeso (Hechos 19:23-41) es un buen ejemplo de estar atento a estos asuntos. El ministerio de Pablo a Éfeso tuvo un impacto directo social y económico. El alboroto empezó porque Pablo estaba retando la adoración de los habitantes de la ciudad a la diosa griega Diana, y esto amenazaba los intereses económicos de aquellos que hacían templecillos de la diosa. O tome la historia de Antioquía de Pisidia en Hechos 13. Cuando Pablo les predica el evangelio a un grupo de judíos y gentiles, en parte está hablando de incluir culturas diferentes, y de cómo las culturas mayoritarias se sienten presionadas cuando muchos extranjeros llegan. Lucas está tratando el problema de la rivalidad racial. Todos estos temas siguen teniendo relevancia el día de hoy.

Usted usa la palabra liberación para describir la vida y la tarea de la iglesia. ¿Qué significa liberación, y cómo la buscamos?

Liberación significa liberar a las personas de cualquier cosa que les impide llegar a ser todo lo que Dios quiere que sean. Esto significa ser liberados del pecado y la condenación—y también de la pobreza, la opresión, y la violencia. En un sentido amplio, liberación es un sinónimo de salvación. Es la obra de Dios restaurándonos a lo que él siempre ha querido que seamos.

Inevitablemente, esto significa involucramiento en la actividad política. Pero la iglesia debe tener cuidado de no entran en debates partidarios. Cualquier persona que piensa que su posición política es de alguna manera la encarnación de la voluntad de Dios está cayendo en la idolatría. Los protestantes evangélicos en los Estados Unidos pueden caer en esta trampa, pero igual pueden hacerlo los teólogos de la liberación en América Latina.

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¿Si usted fuese a predicarles a los cristianos en Cuba, de qué manera incorporaría temas de Lucas y Hechos?

Obviamente muchas cosas en Cuba necesitan cambiar. Y tengo la esperanza de que el compromiso de los cristianos con el pueblo de Cuba se pueda sobreponer al asco que le tienen al gobierno de Cuba.

La gente que vive fuera de Cuba debe tener cuidado sobre tratar de decirle a la gente dentro de Cuba lo que debe hacer. Sin embargo, los cubanos necesitan un mensaje de esperanza. Yo haría un contraste entre el temor y la esperanza, afirmándoles que Dios estará con ellos y su futuro. Les diría, como el ángel dijo a los pastores, que no teman, porque el Señor trae buenas nuevas de gran gozo (Lucas 2:10).

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