«Bienaventurados los que son perseguidos… »; sin embargo, ellos necesitan nuestras oraciones.

«La Biblia nos dice que debemos orar por los que son maltratados como si nosotros mismos lo fuéramos (Hebreos 13:3) y que si un miembro del grupo sufre, todos sufrimos (1 Corintios 12:26)», dijo la Alianza Evangélica Mundial (AEM).

Desde hace más de dos décadas, la AEM organiza el Día Internacional de Oración por la Iglesia Perseguida (IDOP, por sus siglas en inglés). Anualmente, el IDOP se celebra el primer o el segundo domingo de noviembre.

Este recurso ha sido creado por la AEM «a modo de ayuda para orar de manera informada por nuestros hermanos y hermanas en Cristo que sufren persecución por su fe en diferentes partes del mundo»:

10 países en el punto de mira

India:

La India, uno de los países más poblados del mundo, alberga a más de 65 millones de cristianos. El nacionalismo hindú es el principal impulsor de la persecución de cristianos en el país. En muchos estados, la conversión es un delito punible. Además, aquellos que se convierten al cristianismo se enfrentan a la presión de sus familias para que se retracten de su fe. Los líderes cristianos y las iglesias han seguido sufriendo ataques violentos e intimidaciones por parte de grupos extremistas hindúes, que los consideran seguidores de una fe extranjera. Las mujeres cristianas dalit son particular y extremadamente vulnerables a la persecución debido a su condición de género y de clase.

Nigeria:

Casi el 50% de los 200 millones de habitantes de Nigeria son cristianos. El principal impulsor de la persecución en el país es el extremismo islámico. Las comunidades cristianas se enfrentan a ataques violentos por parte de grupos extremistas islámicos como Boko Haram y los Fulani, especialmente en las zonas del norte y el cinturón en la zona central del país. Según Puertas Abiertas, en Nigeria son asesinados más cristianos que en cualquier otro país. Las niñas cristianas, en particular, se enfrentan a la amenaza del secuestro y el matrimonio forzado.

Nepal:

Hasta 1990, Nepal era el único reino hindú del mundo. El principal impulsor de la persecución en el país es el extremismo hindú. Aquellos que se convierten del islam al cristianismo se enfrentan a la persecución de sus familiares y allegados. Según la ley, la conversión está prohibida en Nepal. Los líderes cristianos a menudo enfrentan acoso y con frecuencia son detenidos por parte de las autoridades por dedicarse a la evangelización. Asimismo, las organizaciones y ministerios cristianos encuentran dificultades a la hora de solicitar el reconocimiento legal y el registro ante el gobierno.

Somalia:

La mayoría de los 16 millones de habitantes de Somalia son musulmanes. Sin embargo, se desconoce el número exacto de cristianos. En Somalia, la religión del Estado es el islam. Además, los cristianos tienen enormes dificultades para revelar su identidad en público. Los conversos, por su parte, se enfrentan a una intensa presión por parte de sus familiares y allegados, quienes buscan obligarlos a retractarse de su fe. Además, los cristianos también se enfrentan a ataques violentos por parte de grupos extremistas como Al Shabaab.

Myanmar:

Myanmar es el hogar de más de cuatro millones de cristianos. El nacionalismo budista es el principal impulsor de la persecución en el país. En los estados afectados por el conflicto y con una gran población cristiana, las iglesias se enfrentan a restricciones y discriminación por parte de las autoridades, así como a ataques por parte de los militares. Además, los cristianos conversos se enfrentan a la oposición de sus familias, quienes buscan obligarlos a retractarse de su fe. Por si fuera poco, la ley regula la conversión religiosa, misma que conlleva un amplio proceso de aprobación.

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Afganistán:

Los cristianos sufren una intensa persecución en Afganistán. Por ejemplo, la apostasía es un delito castigado con la muerte en el país, en cumplimiento de la ley islámica. Los cristianos, por tanto, no revelan su fe en público. Además, no hay espacio para ninguna forma de expresión cristiana en el país, ya que grupos como los talibanes mantienen un enfoque radical del islam.

Pakistán:

De los 200 millones de habitantes de Pakistán, unos cuatro millones se identifican como cristianos. Más del 95% de la población del país es musulmana. El extremismo islámico es la principal fuente de persecución en el país. En particular, aquellos que se convierten del islam al cristianismo se enfrentan a una gran amenaza de persecución. Las niñas cristianas también corren el riesgo de ser secuestradas y obligadas a casarse. Además, las leyes sobre la blasfemia en Pakistán son una herramienta de opresión en manos de los extremistas, quienes las utilizan para atacar a los cristianos. Además, las iglesias se enfrentan a la amenaza de ataques y los cristianos sufren una fuerte discriminación en la sociedad, especialmente en relación con el empleo.

Argelia:

Menos del 1% de la población argelina se identifica como cristiana. El principal impulsor de la persecución en el país es el extremismo islámico. Quienes se convierten del islam al cristianismo se enfrentan a un mayor riesgo de persecución, especialmente por parte de sus padres, familias y la comunidad en general. En el pasado, las autoridades estatales también han cerrado por la fuerza muchas iglesias. Además, el ordenamiento jurídico contiene leyes que regulan cualquier culto no musulmán e incluye estipulaciones legales que prohíben cualquier cosa que «sacuda la fe de un musulmán» o que pueda utilizarse como «medio de seducción con la intención de convertir a un musulmán a otra religión».

Irán:

Hay unos 800 000 cristianos en Irán. Esto representa menos del 1% de la población total. Los cristianos conversos corren un gran riesgo de ser perseguidos por sus familias y comunidades. Además, las autoridades realizan periódicamente redadas en iglesias clandestinas y detienen a sus líderes. Decenas de líderes cristianos siguen siendo encarcelados por su fe. El gobierno suele ver el cristianismo como una amenaza para el dominio islámico en el país.

Eritrea:

Más del 60% de la población de Eritrea se identifica como cristiana. Sin embargo, los cristianos evangélicos o pertenecientes a iglesias no tradicionales se enfrentan a una dura persecución por parte del Estado. Muchos de los cristianos que son detenidos en el país enfrentan el encarcelamiento en condiciones inhumanas. Además, los cristianos conversos sufren acoso e intensas presiones de sus familias para que se retracten de su fe. Los líderes eclesiásticos también se quejan de que las autoridades vigilan intensamente sus actividades, hacen redadas en las iglesias y confiscan material cristiano.

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