Gran parte de la Iglesia, el cuerpo global de Cristo conoce el 6 de enero como el «día de la Epifanía», el último día del calendario eclesiástico de la Navidad y una oportunidad para recordar el temprano reconocimiento de Jesús como Dios por parte de los Magos, los sabios de oriente. En el mundo hispanohablante, este día se conoce como «el Día de los Reyes Magos», «el Día de los Reyes» o simplemente «el Día de Reyes», y a menudo incluye regalos, tradiciones culinarias e incluso la visita de los propios reyes magos. Por diversas razones, el día y sus festividades se han celebrado de manera inconsistente en las comunidades de origen latino en los Estados Unidos.

Hemos pedido a siete cristianos de origen hispano que compartan lo que el Día de los Reyes significa para ellos, cómo lo celebran hoy y hasta qué punto la insurrección del año pasado ocurrida en esta misma fecha ha afectado su forma de celebrar el día.

Noemi Vega Quiñones, directora asociada de formación espiritual y teología de la Fraternidad Latina de InterVarsity, Dallas, Texas

Cada 5 de enero, los niños de todo México (y de América Latina y España) colocan sus zapatos cerca del nacimiento (el belén) y esperan ansiosos para ver los regalos que les traerán los reyes magos a la mañana siguiente. Yo crecí con las historias de mi madre sobre su infancia en el rancho y cómo los reyes le traían muñecas de la lupita y coches de cartón, llenando sus zapatos con dulces mexicanos y cacahuates. Nos enseñó que el Día de los Reyes significaba algo más que recibir regalos. Era un día que recordaba la milagrosa encarnación de Dios hecho hombre en el nacimiento de Jesús y la milagrosa huida de los decretos genocidas de Herodes.

Dado que los ataques al Capitolio sucedieron un 6 de enero, la yuxtaposición del Día de Reyes y el aniversario de la insurrección nos dan mucho que analizar. El Día de los Reyes Magos encarna la verdad de que Dios se hizo hombre para redimir a la humanidad y que esta redención se vio amenazada por un rey que deseaba tener un dominio total sobre su pueblo. El rey quería que la salvación viniera de él y solo de él, no de un niño. Los sabios sabían que Jesús sería el verdadero rey de Israel. Al ver que la estrella que los guiaba se detuvo donde estaba Jesús, se llenaron de alegría y adoraron al niño.

En cambio, Herodes ordenó asesinar a todos los niños de dos años o menos por miedo a perder el poder sobre el pueblo judío. La violencia en el Capitolio de EE.UU. no es ciertamente comparable al genocidio de Herodes, pero quizás en ello todavía podamos percibir algo para nuestros tiempos. Jesús trae confusión a los poderes y principados de este mundo y declara que Dios tiene la última palabra sobre el bienestar de la humanidad. El Día de los Reyes es un momento para hacer una pausa y recordar el don milagroso que tenemos en el nacimiento y la vida de Jesús. Es un recordatorio para que los cristianos revisemos que nuestros corazones no alberguen pensamientos o violencia contra otros, y también es un llamado a adorar solo a Jesús.

Jules Martínez, profesor asociado de ministerio, Seminario Teológico de North Park, Chicago, Illinois

Yo celebraba el Día de los Reyes cuando era niño en Puerto Rico. La música navideña, los festivales y los regalos comenzaban justo después del Día de Acción de Gracias y continuaban hasta el 6 de enero. Este año, mi familia celebrará el intercambio de regalos de este día, concluyendo así la temporada navideña.

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Ahora, como miembro de la diáspora, atesoro cómo se conmemora el Día de los Reyes con desfiles en Puerto Rico (también en México, Argentina y la República Dominicana). Los reyes, tradicionalmente conocidos como Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen recorriendo los pueblos con regalos para el recién nacido Jesús. Frecuentemente van a caballo, con coloridos trajes y coronas hechas a mano, llevan regalos para los niños, y suelen terminar en una catedral católica para la celebración. En la víspera de la celebración, se anima a los niños a buscar pequeñas cajas, llenarlas de hierba (para alimentar a los camellos de los reyes) y colocarlas bajo sus camas. La idea es que, así como los reyes le llevaron regalos a Jesús cuando acababa de nacer, también ahora le llevan regalos a los niños. Así, cuando los niños se despiertan, buscan debajo de sus camas para encontrar sus regalos.

Celebro este día como parte de mi cultura y, sobre todo, como parte integral de la memoria sagrada de la Epifanía. Como cristianos gentiles, también respondemos al llamado de Dios para venir a ver al Hijo divino. También respondemos a las epifanías divinas que nos condujeron al evangelio.

Sin embargo, el evangelio siempre se ha anunciado en tiempos peligrosos. La insurrección del 6 de enero está en mi memoria con su violencia y su uso blasfemo de los símbolos cristianos. Sin embargo, este nefasto acontecimiento no hace sino aumentar mi anhelo por la celebración de la Epifanía: el Rey está aquí y transformará nuestro mundo.

Elizabeth Ríos, fundadora de Passion2Plant.com, Miramar, Florida

Aprendí acerca del Día de Reyes por medio de mi familia puertorriqueña. Al crecer en la ciudad de Nueva York, nunca hicimos lo de los regalos o la hierba debajo de la cama; nosotros éramos de la jungla de cemento. Sin embargo, lo celebrábamos con la comida y las canciones tradicionales, tratando de mantener viva nuestra práctica a pesar de la comercialización de la Navidad.

En mi casa, este día será recibido de forma un poco diferente después de que se viera empañado por la insurrección del año pasado, provocada por personas que creían seguir a Jesús. Tradicionalmente es un día para reflexionar sobre el niño Jesús adorado por los tres sabios de oriente; este año, elegiré reflexionar sobre por qué el niño Jesús vino a un mundo oscuro y cómo debemos cuidar nuestros corazones para no atar nuestra fe al poder político.

Sarah M. Guerrero, escritora, Austin, Texas

Durante mi infancia no celebramos el Día de los Reyes Magos, y lo lamento. Al igual que gran parte de mi historia cultural por parte de mi madre, no sé si esta fiesta nunca formó parte de la vida de mis antepasados, si se perdió en algún momento debido a la asimilación, o si se dejó de celebrar por preferencia personal. Mientras que mi padre puede rastrear su ascendencia hasta Escocia, la familia de mi madre ha vivido en tierras que han sido reclamadas por España, México y Texas (y que originalmente fue el hogar de pueblos como los tonkawa). Somos hispanos sin ser mexicanos, lo que no es habitual en la parte de Texas a la que llamo hogar.

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A pesar de ser una persona de etnia mixta, crecí con una fe y una tradición cultural no integradas, informadas principalmente por el cristianismo europeo. Esta tradición me enseñó a sospechar de todo lo que no tuviera origen en la raza blanca. Sin embargo, como adulta, he aprendido de teólogas como Kat Armas, Karen González y Liz Márquez que una fe integrada puede y debe abarcar todas las partes de mi etnia, especialmente la de mi herencia de gente de color.

A medida que he ido aprendiendo sobre las fiestas cercanas a mi herencia (¡estoy buscando cosas en Google como todo el mundo!), me he quedado atónita ante la sabiduría invertida de los sabios. Morenos, «paganos» y estudiantes de astrología, fueron los primeros en reconocer la realeza de Jesús de los que se tiene evidencia. Ellos me enfrentan con las personas e ideas que he descartado porque no eran lo suficientemente «cristianas». Me duele esta festividad porque me recuerda la herencia cultural que he perdido y los espacios en los que he fundado mi propia teología sobre una «base de raza blanca». Pero también hay un rayo de tierna esperanza de que al abrazar mi propia herencia étnica particular, encontraré a Jesús.

Aaron Reyes, pastor principal, Hope Community Church, Austin, Texas

El Día de Reyes no se celebraba mucho en mi hogar mexicanoamericano. Como la mayoría de los evangélicos o cristianos, interpretábamos este día como una tradición católica que debía ser ignorada. Así que no pude disfrutar de una Rosca de Reyes sino hasta mucho más tarde en mi vida. Pero era un día divertido para mis amigos católicos, quienes abrían muchos regalos.

Ahora, como padre y pastor, reconozco y celebro este día. Es significativo para mí este año, en el aniversario de la insurrección del año pasado, recordar que el Rey de los Judíos vino a nosotros como un bebé vulnerable, en la oscura ciudad de Belén, en una parte oscura del Imperio Romano. Este día me recuerda que la grandeza y el poder no se consiguen por la fuerza. Jesús no llegó a Roma con un ejército para disputar el poder. El modelo de Jesús es que la verdadera grandeza se encuentra en la humildad y el servicio. Si bien Jesús fue adorado y recibió regalos en el día de Epifanía, Jesús no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos.

Por eso, hoy voy a deleitarme con una Rosca de Reyes con mis hijos. Utilizando la tarta de forma ovalada, recordaremos cómo, al igual que el muñeco escondido dentro de la tarta, Dios protegió al niño Jesús de Herodes. Además, llamando la atención de la forma de corona de ese pan adornado con frutas confitadas, les explicaré a mis hijos que Dios envió a los magos extranjeros para reconocer que Jesús es Rey, no sólo de los judíos, sino de todos los pueblos. Y, como tal, Jesús es merecedor de nuestra adoración y de nuestras vidas.

Rodolfo Galván Estrada III, profesor asistente de Nuevo Testamento en la Universidad Vanguard, Costa Mesa, California

Mi familia me enseñó sobre el Día de los Reyes cuando me explicaron cómo celebraban las fiestas en su país natal, Costa Rica. Recibían los regalos el 6 de enero y el 24 de diciembre lo celebraban con una cena. Cuando les preguntaba: «¿Por qué no hacemos esto aquí en Estados Unidos?», me preguntaban: «¿Cómo podemos competir con Santa?».

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Desafortunadamente, como latino de tercera generación, esta fiesta es una de esas tradiciones que se ha perdido por nuestra asimilación cultural en los Estados Unidos. Nuestra familia quería que encajáramos culturalmente con la sociedad y con los demás, así que no llevamos esta tradición en nuestras prácticas familiares. Hoy quiero recuperar estas importantes y perdidas tradiciones que marcan y definen nuestra identidad cultural y religiosa.

Además, estas tradiciones hacen que las celebraciones navideñas sean más bíblicas y significativas al conectar las historias de la Biblia con las celebraciones reales en el hogar y en la vida de la iglesia. Hacemos que la Navidad se torne más real por medio de pequeñas actuaciones y representaciones, y centrándonos en toda la historia de la Navidad en la Biblia. Por esta razón, los nacimientos (los belenes) son importantes en los hogares latinos: nos recuerdan visualmente el nacimiento de Jesús.

Fernie Cosgrove, escritora para Well-Watered Women, Connecticut

Tengo muchos recuerdos queridos en torno al Día de Reyes de cuando era niña en México. Cada año, el 6 de enero, nos reuníamos con nuestra familia para comer una «rosca de reyes», un delicioso pan que contiene pequeños figurines de plástico en forma de bebé. Si al cortar la rosca encuentras al bebé, eres el anfitrión de la siguiente reunión, en la que sirves tamales para los invitados. Como adulto, esto es un gran recordatorio de la forma en que los Reyes Magos pudieron reunirse para alabar al Rey Jesús en un pesebre, y a través de sus regalos proclamar que Él era realmente el Rey de reyes que habían estado esperando por mucho tiempo. Esta celebración ha moldeado mi pensamiento para recordar que el nacimiento de Jesús no solo nos impacta en Navidad, sino durante todo el año y me lleva a pensar en la forma en que estimo a Jesús como el Rey de mi vida.

Traducción y edición en español por Livia Giselle Seidel.

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