Mateo Magdaleno es un líder y orador reconocido internacionalmente. Actualmente es el Director de Educación para IDQ Group Inc., proveyendo estrategias innovadoras para corporaciones de Fortune 500, organizaciones de no lucro, agencias gubernamentales, universidades, y distritos escolares comprometidos a edificar un futuro más fuerte a través de combatir la epidemia de analfabetismo, reducir la tasa de abandono de estudiantes de la escuela preparatoria e incrementar la inscripción a la universidad y la retención de estudiantes

menos favorecidos. El hermano Mateo obtuvo su licenciatura en Comunicación de Corporaciones y Asuntos Públicos de Southern Methodist University. El reside en Dallas donde cuida de su madre de edad avanzada, Maria, y está en el proceso de adoptar a su hermana mayor, Sylvia, quien está dotada con síndrome de Down.

Los desafíos de la vida pueden a veces ser demasiado grandes. Para estudiantes minoritarios de bajos ingresos, el graduarse de la escuela preparatoria o de la universidad puede verse como algo imposible cuando no tienen apoyo familiar, ayuda económica o lo básico como donde vivir o comida. La brecha académica que existe entre estudiantes minoritarios y sus compañeros blancos ha sido tema de discusión por décadas. Y aunque hemos visto progreso en reducir la brecha, necesitamos hacer más para apoyar a estudiantes en riesgo.

Me deleita poder platicar con Mateo sobre esto porque él trae experiencias personales a la discusión y por su experiencia profesional. Te he oído decir que te has visto inspirado al animar a estudiantes a través del mundo. ¿Cómo sucede esto?

Los estudiantes me han enseñado tanto al viajar de China a Colombia a México, a Honduras y aquí en los Estados Unidos. Una reunión de estudiantes que tuve ofrece un ejemplo inolvidable. Me invitaron a una reunión con estudiantes dotados con necesidades especiales (mi hermana mayor es dotada con síndrome de Down). El cuarto estaba lleno con alrededor de 60 estudiantes, cada uno enfrentando desafíos diferentes. Algunos estaban en sillas de ruedas, algunos sordos, otros tenían diferentes formas de aprendizaje. Les dije a estos jóvenes, "Gracias por inspirarme a ser mejor."

Una jovencita quien era sorda levantó su mano y con una mirada de confusión preguntó, "Señor, ¿cómo le inspiramos nosotros? Mírenos. Mire a su alrededor. Somos los muchachos con quienes nadie quiere comer. Mírenos, somos los que nadie quiere en la escuela. ¿Cómo dice usted que le inspiramos?" Todo me lo estaba diciendo en señas y un intérprete me lo estaba traduciendo. Fue uno de esos momentos que cambian tu vida. Le contesté "me inspiras porque trabajas con lo que tienes."

En veces estamos tan enfocados en lo que no tenemos. Nos enfocamos en que "no tuve padre" o "soy pobre" o lo que sea nuestro desafío. Pero estos estudiantes estaban trabajando con lo que tenían en vez de enfocarse en lo que no tenían. Si un muchacho no tenía una pierna, trabajaba con la pierna que tenía. Si esa jovencita no podía hablar con su boca, se comunicaba con sus manos. Estaban trabajando.

Después de ese intercambio, otros estudiantes empezaron a señalarme. El intérprete me dijo que estaban diciendo "trabaja chico, trabaja chica." ¡Que lección para nosotros! Tienes que aprender a trabajar con lo que tienes. Con lo que te queda. Sea lo que sea.

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¿Que consejo le das a padres con un estudiante que enfrenta algún obstáculo abrumador en su jornada educativa? ¿Como pueden los padres ayudar a un hijo o hija que se siente desanimado?

El primer paso, que puede suceder mucho tiempo antes que se vea el desafío, es rodear a tu hijo/a con modelos positivos incluyéndote a ti mismo. Lo demuestren o no, tú eres su mayor modelo positivo. Si los padres vienen de una familia quebrantada/disfuncional, pueden parar el ciclo. Mi madre es un ejemplo perfecto.

Cuando regresé a la universidad, mi madre me dijo "oh no, no me vas a dejar atrás m'ijo. Me voy contigo y yo también obtendré mi educación." Mi madre tenía 62 años cuando decidió aprender a leer y escribir. Por sus circunstancias, era analfabeta pero no permitió que eso la venciera. Padres, ustedes son el primer líder de sus hijos. Ustedes son un testimonio andante, viviente de lo que Dios puede hacer.

Un segundo paso es orar por sus hijos y hablarles con palabras positivas. Quizás no le fue muy bien a usted durante el día, pero considere que es posible que sus hijos también hayan tenido un día difícil. Cuando interactuamos con nuestros hijos ya tarde en el día, podemos orar, "Dios, a ti te entrego mis preocupaciones. Te las entrego porque me importa mi hija, y mis palabras importan."

Mateo, la historia de tu vida es de ánimo para muchos estudiantes. ¿Puedes compartir algo de tu historia con nosotros?

Absolutamente. Como el hijo menor de 10 de familia y como inmigrante a este gran país llamado Norteamérica, fui el único miembro de mi familia que se graduó de la escuela preparatoria. Tuvimos grandes desafíos como familia y como estudiantes. A veces vivimos bajo puentes porque mi madre fue víctima de violencia doméstica y no teníamos ningún otro lugar donde dormir.

Cuando mi mamá estaba embarazada de mi hermana mayor, mi padre le pegó tan fuerte que daño el cerebro de la bebé y nació con daño mental severo. Antes que naciera yo, mi mama contempló un aborto porque financieramente no podía sostener a los 9 hijos que ya tenía. Yo era de aquellos que la sociedad considera "un error," pero me encanta lo que Dios hace con errores. Los transforma en milagros.

Comparto mi historia con la esperanza de poder animar a alguien que esté enfrentando obstáculos en la vida o en la escuela. Desde que era joven, siempre supe que era diferente, no era popular en la escuela, y no encajaba en ningún lugar. Aún en la iglesia no sentía que pertenecía allí. Le empecé a preguntar a Dios "¿porque no encuentro mi lugar? ¿Porque nací en una familia disfuncional? ¡Cambia mi situación!" Dios me respondió muy claramente: "no cambiaré tus circunstancias porque quiero que tus circunstancias te cambien a ti."

Tuve que escoger si iba a dejar que mi situación y mi pasado me convirtieran en una persona amargada, o en una mejor persona. Empecé a depender en la Palabra de Dios. Durante la escuela preparatoria me mantuve enfocado recordando quien decía Dios que yo era. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Cada semana hacía una decisión intencional de aprender un versículo bíblico me hablara sobre mi identidad propia. Aprendí a confiar más en lo que Dios decía de mi que en lo que decían los demás.

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