“¡He llegado a casa por fin! ¡Esta es mi verdadera patria! Aquí es donde pertenezco. Esta es la tierra que he estado buscando durante toda mi vida, aunque nunca lo supe hasta ahora. La razón por la cual amamos la antigua Narnia es que a veces se parecía un poquito a ésta... ¡Vamos más hacia arriba, vamos más hacia adentro!” —C. S. Lewis, La Última Batalla

Como pastor y autor, John Piper es conocido desde hace mucho tiempo por cantar el cántico de la gloria de Dios con una pasión poco común. Su libro más reciente, el voluminoso Providence [Providencia, disponible en español en enero de 2022] (escrito más de tres décadas después de su emblemático volumen Desiring God [Deseando a Dios]) confirma que Piper tiene aún más versos empapados de las Escrituras por cantar.

En esta etapa de su ministerio, podría ser útil imaginar a Piper en el papel del personaje de C. S. Lewis, Digory Kirke, de Las crónicas de Narnia. Piper, sin embargo, es Kirke en la edad de su mayor influencia, cuando ha pasado de ser el niño Digory al anciano profesor que acoge a los niños Pevensie para que se alojen en su propiedad y encuentren en su armario un portal a un nuevo mundo.

El profesor Kirke, como descubrirá el lector en volúmenes posteriores, ha estado antes en Narnia y conoce el otro mundo que descubren los niños. A su regreso, está ansioso por escuchar acerca de su viaje y guiarlos a ir “más hacia arriba y más hacia adentro”, de tal forma que puedan ver y comprender mejor ese mundo y a su creador. Piper, al igual que Kirke, muestra al lector de hoy cuánto ha visto de la gloria de Dios, y cuánto consuelo y verdad transformadora hay en la doctrina de la providencia.

La doctrina de la providencia

En la introducción, Piper abre la puerta para ver a Dios y su mundo de una manera renovada, ofreciendo cuatro invitaciones para estudiar la providencia de Dios. Son invitaciones a adorar y conocer al Dios que “no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros”, y a encontrar la seguridad de que mediante su providencia “generosamente habrá de darnos todas las cosas”, incluyendo, por encima de todo, a Cristo mismo (Romanos 8:32, NVI). Lo que sigue son 700 páginas divididas en 45 capítulos, agrupados en tres partes.

La primera parte define la concepción de Piper sobre la providencia. Esta doctrina transmite la idea de una acción con propósito en el hecho de que Dios “sostiene, dirige, dispone y gobierna ‘todas las criaturas, acciones y cosas’”. Piper llega a esta definición sin querer desarrollar nada nuevo. Trabaja a partir de la articulación clásica reformada de la providencia, citando confesiones de fe clave, incluyendo el catecismo y confesión de Westminster (documentos familiares para los estudiantes de Piper dada su famosa edición que consistió en cambiar el “y” por “al” en la respuesta del catecismo a la primera pregunta sobre el fin principal del hombre: debemos glorificar a Dios al disfrutarlo para siempre).

Además, la definición de Piper es coherente con la forma en que la tradición reformada posterior organizó la doctrina en términos de preservación (Dios sostiene el mundo), gobierno (lo gobierna según su voluntad) y concurrencia (utiliza el funcionamiento ordinario de la naturaleza para cumplir sus propósitos). Piper cita a Charles Spurgeon para mostrar cómo su definición distingue entre providencia y destino, y, de hecho, suena muy similar a Calvino (quien cita a Pablo, Agustín y Basilio) en los Institutos: “Afirmamos que Dios es el soberano y gobernador de todas las cosas. …Los planes e intenciones de los hombres son gobernados por su providencia de tal manera que son llevados por ella directamente a su fin señalado”. El hecho de que Piper escriba desde la tradición reformada es significativo, ya que los reformadores vieron la doctrina de la providencia como un medio de consuelo y certeza en respuesta tanto a las enseñanzas de Roma de aquella época, como a los ataques a su bienestar.

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La segunda parte de Providence explora el objetivo último del gobierno providencial de Dios. En otras palabras, revela la respuesta de Piper a la pregunta: “¿Adónde lleva Dios al mundo?”. Aquí el lector es deleitado con una teología bíblica completa de la providencia, desde la creación hasta el Nuevo Pacto, y concluyendo con la glorificación del pueblo de Dios. Piper subraya que este plan de Dios para Israel y para “el impacto salvador y global de Jesús en todas las naciones” es “un solo plan”, no algo que evoluciona o cambia con el tiempo o bajo diferentes circunstancias.

Piper muestra que, aunque su comprensión de la providencia se basa en el cristianismo clásico, la tradición reformada y Jonathan Edwards, hace hincapié en los aspectos de la doctrina que proporcionan respuestas únicas y necesarias a las preguntas del siglo XXI. Dios, nos asegura, está llevando al mundo a un día en el que se exaltará a sí mismo, no para distraer a la humanidad de “lo que en última instancia es satisfactorio”, sino precisamente para “revelárnoslo e invitarnos a disfrutarlo”. En resumen, no hay conflicto entre la glorificación de Dios, nuestro gozo a través de Jesucristo, y el deleite de Dios en nuestro disfrute de él. Entretejer estos elementos es el objetivo último de la providencia.

La tercera y más larga parte de Providence examina la naturaleza y el alcance de la doctrina. Por naturaleza, Piper se refiere a la cuestión de cómo Dios influye en lo que gobierna. Por extensión, tiene en mente el alcance del gobierno de Dios. Siguiendo a la Biblia y a Edwards, Piper afirma que el mundo está concentrado en Dios y que “nada en la naturaleza ocurre sin la sabia, justa y bondadosa providencia de Dios”. En estos capítulos, marcados por un lenguaje poético y un uso inspirador del relato, hay amplias reflexiones sobre los osos, el viento y el pensamiento de un día de providencias no agradecidas. Providence considera la naturaleza y el alcance de la relación de Dios con Satanás, los reyes y las naciones, y la vida y la muerte, y concluye que “no hay ninguna esfera de la vida... en la que la providencia esté suspendida o limitada en su dominio último o decisivo”.

La sección más extensa de la tercera parte trata de la providencia de Dios sobre el pecado y las decisiones humanas pecaminosas. En lugar de ver esto como un tema a evitar, Piper se esfuerza por mostrar por qué las acciones de Dios son la última esperanza para los pecadores y sus víctimas. Explica: “Cualquiera que sea el verbo que utilice para describir la relación de Dios con las elecciones humanas, siempre me refiero a que de alguna forma Dios las ‘permite’ y las ‘asegura’ (providencia), lo que nunca significa que Dios peque, o que el hombre no sea responsable de sus elecciones. En concreto, Dios puede ocuparse de que se produzca el pecado sin pecar él mismo ni quitarle la responsabilidad al pecador”. En esta sección, al igual que en gran parte del volumen, Piper utiliza el texto bíblico como su fuente principal y autoridad última: él siempre se detiene donde las Escrituras se detienen y reconoce los límites de las mentes humanas finitas para comprender los misterios que aún se mantienen ocultos acerca de “cómo” actúa Dios.

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Pero esto no quiere decir que actúe sin influencia teológica. La idea de que la providencia de Dios permite el mal sin desearlo es coherente con la tradición de la Iglesia primitiva en las obras de Tertuliano, por un lado, y de Agustín, por otro, además de Anselmo y Aquino, quienes la trasladaron a la época de la Reforma. Aquino, apoyándose en Agustín, afirma: “Por tanto, Dios no quiere que se haga el mal, ni quiere que no se haga, sino que desea permitir que se haga el mal, y esto es bueno.” Los puntos de vista de Piper sobre la compatibilidad de la libertad humana y la soberanía de Dios siguen a Calvino, las confesiones reformadas y el libro Freedom of the Will [La libertad de la voluntad] de Jonathan Edwards.

Las secciones restantes abordan la naturaleza y el alcance de la providencia en la conversión, la vida cristiana y el futuro. Aunque no menciona por nombre a las diversas teologías de la era moderna que se han desviado, los argumentos de Piper se sostienen lo suficientemente bien como para refutar las afirmaciones del deísmo, la teología del proceso, el liberalismo protestante y el teísmo abierto, por no mencionar otras cosmovisiones y religiones del mundo. Además, sus exhortaciones a una vida cristiana llena de alegría y amor en respuesta a la naturaleza y el carácter de Dios sirven para abordar muchas de las preguntas que los evangélicos se hacen, o bien necesitan hacerse. Sus diez ejemplos de los efectos de conocer y amar la providencia de Dios son una receta para la renovación entre aquellos que se llaman a sí mismos seguidores de Cristo nacidos de nuevo y creyentes en la Biblia.

Una doctrina fundamental

Piper cierra con un capítulo completo sobre la esperanza que comparten todos los que anhelan el regreso de Jesucristo. Esto debería mover al lector a la alabanza, de forma muy parecida a la del poeta puritano George Herbert al final de su poema “Providence”:

Todas las cosas que son, aunque siguen diversos caminos,
Dentro de su ser se unen en un solo consejo
A honrarte a ti; y así te ofrezco mi alabanza
En todos mis himnos, pero en este lo hago doblemente.

A lo largo de la historia de la Iglesia, la recuperación y la defensa de la doctrina de la providencia han resultado fundamentales. Desde la estabilidad de la Iglesia primitiva en respuesta a la herejía, pasando por la certeza medieval en respuesta a los dilemas filosóficos, hasta el consuelo de la Reforma en respuesta a la falta de certeza en la salvación y la refutación teológica en respuesta a la innovación y deconstrucción modernas, la doctrina de la providencia ha servido y preservado al pueblo de Dios.

En nuestra época de conflicto, duda, pesimismo y confusión, es necesaria una recuperación de la doctrina de la providencia. El libro Providence de Piper permite a los lectores ver a Dios en acción, aportando esperanza y un fundamento para capear las olas del tumulto cultural. Como escribió Calvino en los Institutos, la providencia proporciona consuelo al recordarnos que “cuando el mundo parece estar revuelto y sin rumbo, el Señor está actuando en todas partes”.

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Durante décadas, Piper ha apuntado hacia un gran Dios de belleza y misterio, y en este gran volumen, apunta una vez más, ensalzando tanto la belleza como el misterio en la providencia para el presente y el futuro. El profesor Piper, aquí en las tierras sombrías, escribe con alegría sobre un verdadero “otro mundo” en el que se conoce a Dios en su totalidad, y nos invita a todos a ir “más hacia arriba y más hacia adentro”.

Jason G. Duesing es rector y profesor de teología histórica en el Midwestern Baptist Theological Seminary. Es coeditor de Historical Theology for the Church y autor de un nuevo libro para niños: The Moon Speaks.

Traducción y edición en español por Livia Giselle Seidel

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