Durante 15 preciosos años, Ron Sider fue mi colega en el Seminario Palmer de la Universidad del Este, a las afueras de Filadelfia. Una de las voces más apasionadas por defender a los vulnerables, rompió los estereotipos negativos acerca de los evangélicos, así como los estereotipos negativos con respecto a la justicia social de parte de algunos evangélicos conservadores [enlaces en inglés].

La primera vez que oí hablar de Ron fue cuando el erudito del Nuevo Testamento Gordon Fee declaró que Cristianos ricos en la era del hambre era un libro que todo cristiano norteamericano debería leer.

Gordon no era dado a exagerar sus recomendaciones, así que, como estudiante universitario, ahorré mis monedas y compré una copia usada. Había venido leyendo 40 capítulos de la Biblia al día, así que estaba muy familiarizado con el mensaje recurrente del libro sobre el cuidado de los pobres. Mientras leía el libro, algo me sorprendió: este era un autor que genuinamente había prestado atención al énfasis de las Escrituras con respecto a este tema.

Con el tiempo descubrí que Ron también abogaba por la justicia racial y había desafiado el apartheid, incluso en un momento en que esas posturas eran todavía muy controvertidas entre los evangélicos blancos en Estados Unidos.

Ron siempre estaba listo para aprender. Su compromiso no era con una teoría económica específica, sino más bien con ayudar a las personas necesitadas. En ese espíritu de humildad, ajustó su enfoque a soluciones económicas específicas en las subsecuentes revisiones de Cristianos ricos. Su doctorado fue en historia de la Reforma, no en economía global.

Yo sabía menos de economía que él, así que no habría sabido la diferencia si no me hubiera explicado más tarde por qué hizo las revisiones. Su enfoque inicial de la economía necesitaba ajustes, me dijo, pero aún así, esperaba que la gente recordara que él y sus colegas tenían razón sobre el apartheid.

Algunos de los críticos más extremos se quejaron de que el manejo de Ron de las demandas de las Escrituras con respecto a los pobres era «marxista». Aparentemente, no habían leído realmente sus escritos, nunca habían leído realmente la Biblia, o estaban más comprometidos con las agendas económicas o políticas que con la Biblia.

La lealtad de Ron era a las Escrituras. No era más radical que John Wesley o Charles Finney (y ciertamente mucho menos radical que San Antonio y San Francisco).

Como le señalé una vez, era mucho más conciliador que las figuras bíblicas de Amós, Jeremías, Juan el Bautista (Lucas 3:11) y, lo más importante de todo, que el mismo Señor Jesús, quien dijo que no podemos ser sus discípulos a menos que entreguemos todas nuestras posesiones (Lucas 12:33; 14:33).

Aunque Ron a menudo fue vinculado con la izquierda evangélica, se mantuvo consistentemente provida a lo largo de su vida, e insistió en que la iglesia debería mantener la ética sexual bíblica. Estoy bastante seguro de que él y yo no siempre votamos de la misma manera a pesar de nuestro acuerdo en temas éticos, pero nunca dudé que su voto siempre fue informado por su conciencia bíblica.

En las conversaciones, lo encontré siempre dispuesto a acoger lo que él veía como las mejores soluciones a ambos lados del espectro político actual (trágicamente polarizado), y mantuvo contactos en ambos lados del mismo. Siempre siguió siendo el anabautista evangélico consistente que era, viviendo de manera simple y sacrificial, y trabajando en nombre de los necesitados. El libro de ensayos de 2013 dedicado en su honor se titula apropiadamente Following Jesus: Journeys in Radical Discipleship [Seguir a Cristo: viajes en el discipulado radical].

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A pesar de las críticas punzantes, Ron se negó a renunciar a lo que encontró en las Escrituras. Uno de nuestros exalumnos, Michael Jordan, ahora decano de la capilla de Houghton College, lo expresó de esta manera en una publicación de Facebook:

El Dr. Sider insistió obstinadamente en que los cristianos deberían actuar por el cambio en temas de injusticia sistémica, no a pesar de nuestras convicciones religiosas, sino debido a ellas. Lo hizo completamente inconveniente para todas las causas, porque se negó a ser el idiota útil de todos: se opuso al aborto y a la salida de la gente de raza blanca de las áreas urbanas con la misma ferocidad; nos dijo que escucháramos al Sur Global tanto sobre el matrimonio como sobre el imperialismo estadounidense.

Ron se unió con humildad a la iglesia global y siempre se mostró ansioso por aprender de otros líderes cristianos de todo el mundo. Habló sobre los regímenes totalitarios en América Latina (ya fueran de derecha o marxistas), el apartheid en Sudáfrica, el martirio de los cristianos en Nigeria, el hambre global, el acceso a la atención médica y el ambientalismo.

Confesaré que, durante un tiempo, pensé que solo estaba siguiendo las tendencias en temas ambientales. Sin embargo, después de aprender sobre los cristianos del Pacífico Sur cuyas casas están siendo destruidas por el aumento del nivel del mar, así como las experiencias de mi esposa con la contaminación por petróleo en África, pronto me convencí de que este problema también tenía un rostro humano. Ron llegó a esa conclusión mucho antes que yo.

Su impacto en la iglesia norteamericana es particularmente notable. Superó abismos al hablarles a muchos evangélicos sobre la justicia social, una preocupación apasionada de muchas iglesias de denominaciones tradicionales, así como hablar con gran parte de las iglesias de denominaciones tradicionales sobre evangelización, una preocupación apasionada de muchos evangélicos. Se negó a permitir que nuestras polarizaciones culturales nos cegaran de tal forma que no pudiéramos ver los pasajes de las Escrituras que eran incómodos para nosotros.

En un momento en que me sentía destrozado por mis compromisos de ser teológicamente evangélico, experiencialmente carismático y miembro de la iglesia negra, no hubo mejores guías para mí que mis colegas principales, Ron Sider y Samuel Escobar. Ron respetaba y daba la bienvenida a los dones de todos en el cuerpo de Cristo, y quería reunir a los mejores de ellos.

De izquierda a derecha: Ron Sider y su esposa, Arbutus, con Médine y Craig Keener, alrededor del año 2011, en la casa de la familia Sider.
Image: Cortesía de Craig Keener.

De izquierda a derecha: Ron Sider y su esposa, Arbutus, con Médine y Craig Keener, alrededor del año 2011, en la casa de la familia Sider.

Conocí a Ron en persona cuando era un estudiante de doctorado involucrado con la organización que él fundó, entonces conocida como Evangélicos por la Acción Social (ahora Christians for Social Action). En parte gracias al apoyo y aliento de Ron, terminé en el Eastern Seminary (ahora Palmer Seminary of Eastern University).

Aunque ya era un líder cristiano respetado con una agenda bastante saturada, aceptó cobijarme bajo su ala, brindándome aliento y consejo. Cuando diferimos en nuestra exégesis del pasaje «en cuanto lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños» en Mateo 25, Ron honró humilde y gentilmente mi interpretación mencionándola como una visión alternativa respetable.

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Era un activista genuino, siempre haciendo todo lo posible para ayudar a las personas necesitadas. A través de la oficina del senador Rick Santorum, incluso me ayudó a llevar a mi esposa, Médine, a los Estados Unidos después de que los eventos del 11 de septiembre ralentizaran el proceso de inmigración. Muchos otros podrían contar historias similares del afán de Ron por participar, establecer contactos y ser mentor. (La querida esposa de Ron, Arbutus, una consejera profesional, también me ayudó con el estrés postraumático de algunos eventos pasados).

Después de 15 años de trabajar con él en el Seminario Palmer, me mudé al Seminario Asbury (donde enseño ahora). Pero dejarlo fue una de las muchas razones por las que encontré difícil esa transición, a pesar de que nos mantuvimos en contacto.

El impacto que tuvo en mí, en sus estudiantes y lectores, y en el evangelicalismo norteamericano es incalculable.

Cuando estaba haciendo mi doctorado en la Universidad de Duke, las objeciones al cristianismo que escuché de parte de los estudiantes universitarios no eran las tradicionales a las que estaba entrenado para responder. Acusaron a la fe cristiana de ser racista, sexista e imperialista. Sin embargo, la vida y el legado de Ron han desafiado constantemente todas esas percepciones.

Dadas algunas de las preocupaciones similares expresadas por el creciente movimiento actual de jóvenes sin afiliación religiosa, creo que un reconocimiento más amplio de la voz de Ron podría haber ayudado a prevenir gran parte de esa hemorragia.

Te extraño, querido hermano. Te veré del otro lado.

Craig Keener ocupa la cátedra F. M. y Ada Thompson en Estudios Bíblicos en el Seminario Teológico de Asbury.

Traducción por Sergio Salazar.

Edición en español por Livia Giselle Seidel.

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