Cuando comencé a estudiar en la Universidad Estatal Bowie en 1991, yo —al igual que muchos afroamericanos en los ochentas y noventas— caí de lleno en un semillero nuevo de identidades ideológicas. Muchas de las personas de raza negra que entraban a la universidad en aquel momento (en particular, en las universidades históricamente negras) llevaban puesta alguna clase de accesorio cultural que pusiera de relieve su conexión con África, desde medallones africanos hechos de cuero hasta camisetas que representaban el continente africano utilizando patrones artísticos de origen africano.

Fue una época importante en la que las personas de raza negra batallamos con nuestra identidad étnica y cultural. Podías ver a hermanos en el club de estudiantes vendiendo libros y aceites de Nilo azul, sándalo, incienso y mirra. Estos puestos de venta estaban llenos de recursos que prometían llenar el vacío en nuestras mentes negras con la verdad que los hombres blancos habían suprimido para evitar que supiéramos quiénes éramos.

Como cristiano de raza negra, a veces tiendo a sentirme como si estuviera siguiendo la religión de mis opresores. Es como un síndrome de Estocolmo, como llegar a la conclusión de que todo lo que creías que estaba bien, en realidad estaba mal. En Estados Unidos, hay una continua tensión relacionada con el hecho de ser de raza negra y a la vez ser cristiano, algo grabado en la psique de muchos afroamericanos.

Pensemos en las siguientes citas de defensores de lo que comúnmente se llaman comunidades de «la conciencia negra». Según Elijah Muhammad, líder desde hace mucho tiempo de la Nación del Islam, «los que se hacen llamar negros deben despertar antes de que sea demasiado tarde. Piensan que el cristianismo del hombre blanco los salvará pase lo que pase, y están en un grave error. Deben saber que la religión del hombre blanco no viene de Dios, ni de Jesús, ni de ningún otro de los profetas. Está controlada por la raza blanca y no por el Todopoderoso Alá (Dios)».

O fijémonos en Jabari Osaze, historiador y sacerdote autodidacta del antiguo reino kemético (egipcio). Como declara en 7 Little White Lies: The Conspiracy to Destroy the Black Self-Image [Siete mentiras blancas: La conspiración para destruir la autoimagen negra]:

«Recuerdo ir a la clase de la escuela dominical y que la profesora sacara de la caja aquellas figuras recortadas de cartón de Moisés y Noé… y que fueran invariablemente hombres blancos, mayores y vestidos con bata. Se parecían a mi vecino de al lado, solo que con bata. Imagina lo que significa que se me inculcara como niño que todos los héroes del cristianismo eran de raza blanca. Yo creo que eso está equivocado».

Comentarios como este crean una disonancia cognitiva en las personas de raza negra que es difícil de superar. Como apologetas cristianos, no deberíamos dejar de lado este desafío. Sencillamente, significa que tenemos mucho trabajo que hacer, y esa es una de las razones principales por las que hoy se necesita un enfoque al que llamo apologética urbana.

Es cierto que, en Occidente, el cristianismo blanco europeo a menudo se ha esforzado por destruir la identidad negra. Sin embargo, estas «comunidades de la conciencia negra» lo han tirado todo por la borda al deshacerse por completo de la fe cristiana. No han hecho la tarea de mirar de cerca la verdad. Una apologética urbana desactiva los falsos orígenes que estos grupos promueven.

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Las comunidades de la conciencia negra a menudo interrogan a los cristianos de raza negra. Invariablemente, siempre escuchamos un discurso acerca de nuestra aceptación del cristianismo, puesto que ciertas personas de raza blanca que se hacían llamar cristianos jugaron un papel principal en el secuestro y la esclavización de personas de raza negra. A muchos se les ha enseñado que el primer contacto de los africanos con el cristianismo fue a través del comercio de esclavos. Muchos ven el papel histórico del cristianismo en la esclavitud como un factor clave en la destrucción de la mente negra. Ven el cristianismo como una creación europea utilizada por los opresores blancos como una herramienta para mantener en cautiverio a las personas de raza negra.

Y hay cierto mérito en este argumento. Durante la era de la esclavitud en Occidente, existía una falsa forma de cristianismo que justificaba el secuestro de seres humanos. ¿Es cierto que los que proponían esta forma de cristianismo crearon una Biblia abreviada llamada «la Biblia del esclavo» para evitar que los esclavos tuvieran una comprensión clara y completa del Evangelio? Sí. ¿Es cierto que aquellos supuestos cristianos aseguraban que las personas de raza negra eran menos que humanos, y contaminaron así la imago Dei que está dentro de todo ser humano? Sí.

Durante los últimos cien años la comunidad negra ha luchado para ofrecer respuestas teológicas robustas a los desafíos que enfrentan nuestras comunidades. No ha sido sino hasta hace poco que hemos visto un esfuerzo común para encarar las objeciones y preguntas presentadas por los representantes de los movimientos de la conciencia negra. Y ciertamente, en la era del internet, el juego ha cambiado. Las objeciones se expanden con más rapidez. Las falsedades acerca del cristianismo tienen una vida más larga. Por esta razón, necesitamos urgentemente una apologética urbana única que responda a los movimientos de conciencia negra y otras objeciones al cristianismo relacionadas con la raza negra.

Responder a las narrativas revisionistas

¿Qué es la apologética urbana? Urbano es una palabra popular hoy día y su uso ha venido creciendo ininterrumpidamente durante las últimas cuatro décadas y media. Señala a la ciudad. Antes de convertirse en jerga, urbano tenía la connotación de la complejidad concentrada: un paisaje definido por gruesos asentamientos de personas, edificios y tráfico, junto a una mezcla diversa de culturas, comercios, política y espiritualidad.

Sin embargo, en la jerga cotidiana del inglés, en algún momento el término urban [urbano] comenzó a usarse para referirse a las personas pobres, de piel negra o de color. Así es como el mundo corporativo utiliza la palabra urban hoy en gran medida. Las divisiones urbanas de las compañías están dedicadas a mercadear sus productos hacia las personas de piel negra o de color. Actualmente, por supuesto, la cultura urbana ya no se circunscribe a las ciudades, en gran parte debido a la emergente popularidad de formas de arte como el hip-hop. Es una cultura móvil que encontramos tanto en áreas rurales como en áreas suburbanas.

Apologética es un término acuñado a partir de Primera de Pedro 3:15: «… sino santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que les demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia…» (NBLA). La palabra traducida aquí como «defensa» proviene del griego apologia. En contexto, la apologética involucra la mente, las emociones y la voluntad, al mostrarle a los demás la obra transformadora de Cristo. Es una defensa razonable del evangelio basada en la esperanza escatológica e inminente que uno tiene en Jesús.

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El versículo 3 de Judas es otro texto clave cuando se trata de explicar los fundamentos bíblicos de la apologética: «Queridos hermanos, he deseado intensamente escribirles acerca de la salvación que tenemos en común, y ahora siento la necesidad de hacerlo para rogarles que sigan luchando vigorosamente por la fe encomendada una vez por todas a los santos» (NVI). La palabra luchando traduce una palabra griega (epago nizomai) que se refiere a competencias atléticas tales como las luchas. Pablo insinúa esta asociación en Primera de Corintios 9:25: «Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible» (RVR60, énfasis añadido).

La apologética se presenta en muchas variedades. La apologética clásica destaca los argumentos a favor de la existencia de Dios. La apologética evidencial destaca la necesidad de pruebas que apoyen las afirmaciones cristianas, ya sean racionales, históricas, arqueológicas o incluso experienciales. La apologética histórica destaca las pruebas históricas que apoyan las afirmaciones cristianas. La apologética experiencial apela a la experiencia religiosa en general o a las experiencias religiosas especiales, tales como fenómenos aparentemente sobrenaturales, como un punto de apoyo para creer en Cristo. La apologética presuposicional normalmente presupone la verdad básica del cristianismo y entonces procede a mostrar, de varias maneras, por qué únicamente el cristianismo tiene sentido.

Cuando hablo de apologética urbana me estoy refiriendo específicamente a la defensa de la fe cristiana contra las objeciones presentadas por personas de raza negra y un argumento a favor de cómo el cristianismo suple las necesidades únicas de las personas de raza negra. La apologética urbana utiliza varios de los enfoques enumerados arriba de una manera sinfónica. Empleamos el enfoque de la apologética clásica cuando hablamos con ateos o agnósticos de raza negra, muchos de los cuales valoran las explicaciones científicas por encima de las afirmaciones basadas en la fe. El modelo evidencial es particularmente útil cuando enfrentamos desafíos como el de «Demuéstrame que Jesús existió» o «¿Dónde están las tumbas de todos los personajes de la Biblia?», o «El cristianismo se creó en Europa».

Por debajo de la mayoría de las declaraciones o preguntas que encontramos en la apologética urbana hay diferentes narrativas revisionistas. Estas narrativas apelan a la experiencia que muchas personas de raza negra han tenido con el racismo y la injusticia, y la afirman. Para refutarlas, debemos echar mano de elementos tanto de la apologética histórica como de la experiencial. Nuestra labor en la apologética urbana es atender estas cuestiones, en oración, con humildad y cuidado.

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Decir la verdad en un mundo de mentiras

La apologética urbana es hacer el trabajo de compartir el evangelio ofreciendo una defensa del cristianismo para las personas de raza negra a la luz de las preocupaciones intelectuales y emocionales que están conectadas con su identidad étnica de comunidades minoritarias. Es darles a las personas de raza negra una razón para la esperanza en el evangelio a pesar de las barreras culturales, históricas, espirituales y teológicas que tienen hacia la fe cristiana. Y en el núcleo de la apologética urbana está la restauración de la imago Dei. La injusticia y la desigualdad racial han creado la necesidad de afirmar la humanidad mientras se confronta el orgullo humano pecaminoso. Las Escrituras demandan que tratemos a todas las personas como portadores de la imagen de Dios (Génesis 1:26-17; Santiago 3:9).

La apologética urbana también busca decir la verdad a un mundo que ahora se caracteriza por las mentiras. Vivimos en un mundo de verdades de contrabando promocionadas por los Cultos de Identidad Religiosa Negra (BRICs, por sus siglas en inglés). Puesto que muchas personas no han aprendido a distinguir la verdad del error, lo real de lo falso, se creen las mentiras. La mayoría de las ideologías o cultos dirigidos a las personas de raza negra tienen un fundamento en la cosmovisión judeocristiana. Enfocan su rechazo al cristianismo y su marco de supuesta verdad a la luz de la historia del cristianismo. La apologética urbana busca demostrar que solamente el cristianismo ha demostrado ser razonable y verdadero como cosmovisión.

La apologética urbana también disipa multitud de leyendas urbanas, mitos históricos, falacias teológicas, erróneas denominaciones científicas y perspectivas reduccionistas del cristianismo que existen en la comunidad negra. Gran parte de lo que combatimos en la apologética urbana son argumentos que fueron populares en generaciones pasadas y que ahora resurgen con un enfoque étnico. Por ejemplo, vemos que vuelve a surgir la teoría de que el cristianismo es una copia de una antigua religión egipcia llamada kemetismo: una teoría que fue refutada hace décadas.

Debido a que la comunidad negra desconfía profundamente de las personas de raza blanca y de las ideas europeas, muchas personas de raza negra tienden a dejarse persuadir con facilidad por cualquier sugerencia de corrupción blanca, y el cristianismo es un objetivo fácil. Cuando los BRICs sugieren que el cristianismo es una religión blanca instituida por los europeos blancos, mucha gente de raza negra lo cree. Sin embargo, en realidad el cristianismo se extendió desde Jerusalén hasta África y después a Europa. Mucho antes de que se formara la cristiandad en Roma, los cuarteles centrales del cristianismo se encontraban en Alejandría, en Egipto.

La disposición de la gente a creer que los europeos difundieron el cristianismo por África apunta hacia una cuestión aún más grande. Como explicó el teólogo Thomas C. Oden en su libro de 2010 How Africa Shaped the Christian Mind [Cómo África dio forma a la mente cristiana]:

Los historiadores intelectuales modernos se han acostumbrado demasiado a la fácil premisa de que cualquier cosa que África aprendió, la aprendió de Europa. En el caso del fecundo neoplatonismo, sin embargo, su trayectoria desde África hasta Europa (un movimiento de sur a norte) está clara en los textos históricos. Entonces, ¿por qué se olvida o se menosprecia tan fácilmente esta trayectoria?

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Creencias erróneas acerca del origen del cristianismo en África se pueden identificar en el trasfondo del racismo que presenciamos en los ambientes intelectuales tanto seculares como cristianos. En mis propios estudios históricos acerca de los cushitas (el reino negro africano que se expandía por el Nilo hasta llegar al sur inmediato de Egipto) y el papel que jugaron en el mundo bíblico, me he encontrado con un persistente sesgo racial dentro de la academia, que sigue dominada por eruditos de raza blanca.

¿A qué me refiero con sesgo racial? No me refiero al abierto sesgo racial que era relativamente común en los estudios históricos y religiosos del siglo XIX y principios del XX. Más bien, lo que nos encontramos hoy es un sesgo racial subconsciente o sutil: a menudo inintencionado, aunque real. Este sesgo racial es algo que permea todas las facetas de la sociedad, incluyendo los estudios históricos cristianos, y ha supuesto grandes desafíos para los esfuerzos de los afroamericanos de compartir el evangelio con otras personas de raza negra. El racismo inconsciente y cómplice ha echado a perder los campos de cultivo de la comunidad negra.

Hoy luchamos contra el racismo en el mundo y en la iglesia, nos enfrentamos con personas de raza negra que entran en el juego de los de raza blanca y niegan el racismo, y resistimos los cultos e ideologías de origen negro que están destruyendo nuestras comunidades. ¡Tenemos mucho trabajo que hacer!

Pelear por las almas

Cuando se trata de cuestiones de verdad o mentira, ¿realmente importa el color? No particularmente. Aun así, el esfuerzo de las personas de raza blanca a lo largo de la historia por pintar la historia cristiana con una capa blanca y europea ha hecho que el color de la piel sea un problema. En vez de abrir el camino para enfrentar el racismo, los académicos cristianos occidentales han seguido los pasos de los revisionistas seculares. Este blanqueamiento de la historia es repugnante a los ojos de Dios. Pintar la historia con el color que uno prefiere es divisivo, en vez de investigar las verdaderas etnias de las personas mencionadas en la Biblia y las figuras importantes de la historia de la iglesia. Es una afrenta para las Buenas Nuevas en sí sugerir que Dios solamente salvó y obró a través de europeos blancos.

No puedo culpar a mis hermanos de raza negra por su sospecha constante hacia el cristianismo. La apologética existe debido al pecado de todos los hombres y mujeres, y la apologética urbana explora cómo el pecado afecta a las minorías étnicas en particular. Es necesario, tristemente, debido a la pecaminosidad del racismo y a la injusticia de nuestro mundo. ¿Podrían imaginarse que haya personas que rechacen el Evangelio solo porque creen que es solo para personas de raza blanca? ¡Ojalá nunca sea así!

Nuestra tarea es dar respuestas que respondan al trauma psicológico que han experimentado las personas de raza negra mientras la cristiandad occidental se fue mezclando con la fe cristiana histórica (no occidental). Desde tiempos de la iglesia primitiva, el cristianismo ha tenido que lidiar con el problema de un grupo de personas queriendo excluir al otro grupo. La cuestión de si el cristianismo es solo para una etnia en particular no es nueva: se remonta hasta la visión de Pedro acerca de la salvación de las naciones (Hechos 10) y al Concilio de Jerusalén (Hechos 15). Gálatas 2 va más allá al demostrar que excluir a las personas basándose en líneas de división étnicas es un tema central del Evangelio.

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Al final, somos llamados a predicar el Evangelio a todas las personas sin importar la raza o el trasfondo, y lo hacemos con el poder que Dios provee. Como dice Pablo en Primera de Corintios 2:1-4:

Yo mismo, hermanos, cuando fui a anunciarles el testimonio de Dios, no lo hice con gran elocuencia y sabiduría. Me propuse más bien, estando entre ustedes, no saber de cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de este crucificado. Es más, me presenté ante ustedes con tanta debilidad que temblaba de miedo. No les hablé ni les prediqué con palabras sabias y elocuentes, sino con demostración del poder del Espíritu. (NVI)

Pablo apela aquí a la propia conversión de los corintios. Fue la poderosa predicación de la debilidad de la cruz, no la retórica humana, la que los salvó (1:18).

La apologética no consiste en ganar el debate; consiste en luchar por el alma del oyente. No se equivoquen: aunque luchemos con las barreras de la identidad étnica, el racismo y la injusticia, en última instancia estamos tratando de ayudar a las personas a reconocer su propio pecado (Juan 16:8). Nuestro deseo es que el Espíritu Santo ilumine su necesidad del Evangelio.

No solamente deseamos hablar acerca de las atrocidades que se cometieron contra la población de raza negra. No ignoraremos estas atrocidades, pero no debemos dejar que nos desalienten al señalar la necesidad de cada persona del poder salvador del Evangelio de Jesucristo en nuestras vidas.

Este artículo fue extraído de Urban Apologetics: Restoring Black Dignity with the Gospel, editado por Eric Mason. Copyright © 2021 por Zondervan. Usado y traducido al español con permiso de Zondervan. www.zondervan.com.

Traducción por Noa Alarcón.

Edición en español por Livia Giselle Seidel.

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