El viernes 6 de mayo, una explosión sacudió una esquina muy transitada en La Habana Vieja. El casi centenario Hotel Saratoga, que había pasado por extensas renovaciones y que según los planes reabriría sus puertas la semana siguiente, quedó en ruinas.

La cobertura de los medios de comunicación se centró en el emblemático hotel, y las imágenes de los enormes daños ocasionados al edificio, así como a autobuses y otros vehículos que circulaban por la calle frente a él dieron la vuelta al mundo. Una semana más tarde, el número definitivo de muertos por la explosión ascendió a 45, entre los que había niños, ancianos y una mujer embarazada. Más de 100 personas fueron hospitalizadas por lesiones. Las autoridades atribuyeron la causa de la explosión a la ignición accidental de gas líquido.

Los funcionarios del gobierno y la cobertura de los medios de comunicación estatales se centraron en gran medida en el hotel, que es propiedad de una empresa turística perteneciente al ejército cubano, aunque también mencionaron daños en los edificios circundantes, entre ellos una escuela y algunos edificios de departamentos [enlaces en inglés].

Sin embargo, algo que permaneció ausente en toda la cobertura de los medios de comunicación gubernamentales fue el daño devastador que sufrió la iglesia bautista El Calvario —que comparte una pared con el Hotel Saratoga—, así como la destrucción total de la casa de una pareja de líderes bautistas retirados, que se encontraba entre la iglesia y el hotel.

La iglesia bautista El Calvario es uno de los edificios religiosos de mayor importancia histórica en la isla. La iglesia, establecida a finales de la década de 1870 en el lugar donde antes había un circo, fue la primera iglesia bautista de lo que más tarde sería la Convención Bautista de Cuba Occidental. Además del santuario, los edificios de la iglesia albergan oficinas administrativas de la denominación.

En el momento de la explosión, 18 personas, entre ellas tres niños pequeños, se encontraban dentro de las instalaciones de la iglesia. Milagrosamente, a pesar del derrumbe de la cúpula del santuario y de algunos edificios administrativos, nadie resultó herido. Los supervivientes lograron encontrarse y ayudarse mutuamente a salir del edificio para ponerse a salvo. La pareja de ancianos estaba fuera de la casa cuando se produjo la explosión.

Jorge Luis Iriarte trabaja como cocinero en la iglesia bautista El Calvario y estaba allí con su hijo cuando ocurrió la explosión. Compartió su creencia de que se había producido un milagro y señaló que las vidas de muchos de los trabajadores de la iglesia y de los niños se salvaron porque, por diversas razones, en el momento de la explosión no estaban donde se suponía que debían estar.

«Ya afuera vimos realmente lo que había pasado», dijo en una declaración escrita. «El hotel perdió casi tres pisos y el costado, que colinda con la iglesia, se desplomó, destruyendo todo lo que había a su paso, [como] el baño, la casa pastoral, las aulas laterales, oficinas y el techo del templo».

El Hotel Saratoga en La Habana Vieja, Cuba, tras la explosión del 6 de mayo de 2022.
Image: Cortesía del reverendo Abel Peréz Hernández.

El Hotel Saratoga en La Habana Vieja, Cuba, tras la explosión del 6 de mayo de 2022.

Quedan muchos interrogantes sobre lo que sucederá tras el incidente. El gobierno cubano controla los servicios de gas, y el ejército es el propietario del hotel en el cual se produjo la explosión. Estos hechos parecerían indicar que el gobierno debería asumir la responsabilidad de todos los daños y de resarcir a los afectados. Sin embargo, parece muy poco probable que esto suceda.

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El gobierno ha dicho que se está evaluando el futuro del edificio del Hotel Saratoga. Dado que la propiedad pertenece al ejército cubano y está situada en uno de los inmuebles más codiciados de la isla, es probable que el gobierno, en colaboración con empresas privadas, invierta para garantizar que el edificio siga prestando servicio a los turistas y aportando ingresos de una u otra forma. El turismo es una de las principales fuentes de ingreso para el ejército y el gobierno cubanos, y sería sorprendente que dejaran perder el hotel, a pesar de lo costosa que será su reconstrucción.

El futuro de la iglesia es más complicado.

El gobierno tiene un largo historial de dificultar a los grupos religiosos la reparación de sus edificios —incluso cuando estos han logrado obtener materiales de construcción a pesar de la escasez crónica en la isla—, puesto que niegan los permisos, o no responden a las solicitudes presentadas para obtener los permisos requeridos.

La iglesia bautista El Calvario también se encuentra en el centro de la lucrativa industria turística de Cuba, en una zona privilegiada de La Habana Vieja. Los residentes de la zona informan de que se les han acercado personas que se presentaron como empresarios y que les han ofrecido comprarles sus casas.

Y aunque la Convención Bautista de Cuba Occidental es una asociación religiosa histórica y legalmente registrada, no forma parte del Consejo de Iglesias de Cuba, que es la organización que cuenta con el apoyo del gobierno. En los últimos años, los dirigentes de la Convención han sido objeto de ataques por parte del gobierno debido a su participación en iniciativas que promueven la unidad interconfesional, así como por sus críticas públicas a las políticas gubernamentales.

Para emprender la reconstrucción, la iglesia bautista El Calvario y toda la denominación se enfrentarán a una ardua batalla. Considerando experiencias anteriores, pueden esperar falta de apoyo, si no una obstrucción activa, por parte del gobierno.

La reconstrucción y restauración de la iglesia histórica y de la sede de la denominación tendrá un costo prohibitivo y requerirá materiales que son difíciles, si no imposibles, de encontrar en la isla. Incluso si grupos extranjeros intentan ayudar con donaciones financieras y materiales, necesitarán permisos para permitir la entrada de fondos y bienes en la isla. Si lo consiguen, necesitarán permisos adicionales del gobierno para las obras de reparación en sí.

Cada paso dependerá del apoyo y la cooperación del gobierno.

Los cristianos cubanos han expresado su preocupación a CSW (anteriormente conocida como Solidaridad Cristiana Mundial), y señalaron que es posible que el gobierno vea la oportunidad de matar dos pájaros de un tiro. Tan solo con no conceder los permisos, o con alargar el proceso hasta el punto en que la restauración de los edificios históricos ya no sea viable, el gobierno tiene en sus manos el poder para obligar a un grupo religioso que considera una espina en su costado a renunciar a un sitio de profunda importancia histórica y simbólica para los protestantes cubanos. De esta forma, podría apropiarse del terreno y convertirlo en otra empresa que genere ingresos para los militares a través de la industria turística.

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La iglesia bautista El Calvario después de la explosión.
Image: Cortesía del reverendo Abel Peréz Hernández.

La iglesia bautista El Calvario después de la explosión.

«El edificio es [considerado como un patrimonio nacional de Cuba], con un diseño posiblemente inglés. [Esto] significa que las modificaciones las aprueba el gobierno. [Es obligatorio] mantener la fachada. Tendrán que transformarlo y por dentro hacerlo más moderno», dijo a CSW un experto jurídico residente en La Habana, que pidió que su nombre no sea revelado. «Será muy caro de todas formas. El gobierno apoya la restauración de edificios de la Habana Vieja que se consideran patrimoniales, pero a las iglesias no les ayudan. Les permiten que arreglan con sus propios recursos y donaciones».

La Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos (OAAR) del Comité Central del Partido Comunista de Cuba es la encargada de aprobar los permisos que se otorgan a los grupos religiosos para cualquier obra, desde la simple reparación en un tejado, hasta la instalación de baños o la remodelación de edificios existentes. La OAAR ha utilizado durante mucho tiempo la concesión de permisos como una forma de ejercer presión, puesto que en muchos casos recompensa a grupos considerados simpatizantes del gobierno con permisos, mientras que deniega permisos, o simplemente no responde a las solicitudes de aquellos grupos religiosos que no muestran su apoyo o son hostiles.

Por ejemplo, en 2010, cuando los dirigentes de la Iglesia Bautista La Trinidad en Santa Clara (que también forma parte de la Convención Bautista de Cuba Occidental) se negaron a prohibir a los familiares de los presos políticos que asistieran a la histórica iglesia, el gobierno congeló la cuenta bancaria de la iglesia, impidiéndole acceder a la ayuda que había sido donada desde el extranjero para realizar reparaciones importantes en el tejado de la iglesia.

En otro caso, la Iglesia Bautista El Cristo, construida originalmente en 1901, que pertenece a la Convención Bautista de Cuba Oriental (también registrada, pero que no forma parte del Consejo de Iglesias de Cuba), esperó 20 años para recibir respuesta a una solicitud de 1996 para realizar reparaciones vitales en el techo de la iglesia. Mientras tanto, el edificio se infestó de murciélagos y se volvió tan peligroso que en 2005 el Ministerio de Salud lo cerró. Los miembros de la iglesia se vieron obligados a reunirse en una estructura improvisada construida a un costado de la iglesia; dicha estructura no estaba permitida y, por tanto, era técnicamente ilegal. No fue sino hasta 2016, después de que un huracán devastara la zona, que el gobierno expidió permisos para que la iglesia pudiera hacer reparaciones, al igual que otros edificios de la zona, y le permitió recibir donaciones del extranjero para reconstruirla. Lamentablemente, el pastor de la iglesia, que luchó durante más de una década para reparar el templo, falleció antes de su restauración.

Hay cientos de historias similares. En el caso de la iglesia bautista El Calvario, su singular ubicación en un terreno de gran valor y de gran interés financiero para el ejército hace que las posibilidades de que la denominación reciba un trato justo sean aún más inciertas.

El experto legal expresó su esperanza de que la denominación se mantenga firme.

«Pero debemos insistir en no perder la ubicación. El lugar es lo que tiene más valor. La iglesia no debe ceder el lugar, ni cambiarlo por otro. [El gobierno quiere convertir] toda esa zona… en hoteles. Esperan que se caiga, para que [la denominación] tenga que salir y [puedan empezar] a levantar un hotel».

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La vigilancia y la defensa, tanto dentro como fuera de Cuba, serán vitales. Es muy poco probable que el gobierno cubano acepte la responsabilidad por la destrucción causada por la explosión e indemnice a los afectados (con excepción de los suyos). Aquellos que se preocupan por la libertad de religión o de creencias en Cuba no pueden permanecer al margen. A medida que la Convención Bautista de Cuba Occidental consiga fondos y materiales de sus homólogos y simpatizantes en el extranjero, nuestra ayuda será necesaria para seguir de cerca el proceso. Debemos presionar al gobierno para asegurar que las autoridades emitan rápidamente los permisos para las amplias y urgentes reparaciones y restauraciones necesarias para asegurar que la iglesia bautista El Calvario continúe sirviendo a los cristianos en Cuba, desde su estratégica ubicación, en las próximas décadas.

Mientras tanto, algunos de los afectados directamente por la explosión siguen encontrando motivos para dar gracias. El pastor de avanzada edad cuya casa fue destruida a causa de la explosión dijo a CSW: «A la iglesia El Calvario le han concedido dos domingos seguidos reunirse en lugares públicos, algo que no hemos podido realizar en más de 60 años. Dios está en control».

Anna-Lee Stangl es jefa de defensa y líder del equipo de las Américas de CSW.

Speaking Out es una columna de opinión para invitados de Christianity Today y, a diferencia de un editorial, no representa necesariamente la opinión de la publicación.

Traducción por Sofía Castillo.

Edición en español por Livia Giselle Seidel.

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