La clasificación de la iglesia como una institución no esencial ha significado otro golpe para la iglesia latina. Muchos han experimentado de primera mano lo que significa la marginación social. Las indicaciones de mantener las iglesias cerradas se suman a esta experiencia de rechazo. La iglesia latina percibe estas medidas como un mensaje de que el papel de su ministerio en la comunidad no es necesario durante esta pandemia. El gobierno federal no ha asignado a las iglesias un papel tan esencial como si su cierre pudiera "tener un efecto debilitante en la seguridad, la estabilidad económica o la salud pública". Esta categorización ha provocado molestia no solo en los ministerios latinos, sino también entre muchos otros cristianos, como se puede observar en las recientes demandas en California, Virginia, Tennessee, Illinoisy Kansas, por nombrar algunos.

Al igual que muchos otros, los ministros pentecostales latinos en el sur de California se enfrentan a la difícil decisión de elegir entre la libertad de reunirse o la libertad de poner a los demás en primer lugar y quedarse en casa.

Dado que la Primera Enmienda incluye la libertad de adoración y la capacidad de congregarse, las iglesias están luchando por su libertad constitucional de congregarse, incluyendo a algunos pastores latinos en California que planean reafirmar este derecho el domingo de Pentecostés, el 31 de mayo, con o sin la aprobación del estado. Es posible que no tengan los recursos para unirse a una demanda, por lo que la desobediencia civil es otro medio para expresar su disgusto.

Pero este deseo de abrir nuestras puertas nuevamente implicará algo más que una expresión de nuestro derecho constitucional a reunirnos. Revelará cómo entendemos nuestras libertades en Cristo, y si defendemos el derecho a reunirnos por encima de las necesidades de salud y seguridad de los demás. Esta decisión no es tan simple. También se cruza con los desafíos ministeriales, culturales y tecnológicos de ser la iglesia para la comunidad latina.

John Brito, el pastor principal de Spirit Life Community Church en Norwalk, California se preocupa no sólo por el bienestar espiritual de su congregación, sino por sus vidas en un sentido holístico: espíritu, alma y cuerpo. "La familia promedio se está quedando sin dinero. Conozco a personas que obtuvieron el estímulo gubernamental y no ha sido suficiente para mantenerlos a flote", dijo Brito. "Hay familias reales que están sufriendo; empresarios que se están hundiendo a pesar de la intervención del gobierno. Las tasas de mortalidad previstas por los modelos nunca se materializaron. ¿En verdad tenemos que soportar el encierro durante tres meses más?"

Las dificultades económicas son "otro tipo de dolor, sufrimiento y muerte", dijo. El ardiente amor por su congregación es lo que lo mantiene en marcha. Él continúa ministrando, predicando, enseñando en línea y creando redes para la provisión de recursos para su comunidad. Pero Brito también tiene cuestionamientos acerca de las órdenes de estancia en casa emitidas por el gobernador de California, Gavin Newsom, y por el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti. Incluso se pregunta si "están aprovechando la pandemia para imponer otra agenda", para mantener las iglesias cerradas indefinidamente, aún cuando las declaraciones más recientes proponen la apertura de las iglesias en cuestión de semanas. Para muchos pastores y pastoras latinos, el cierre indefinido también se interpreta como un ataque espiritual a la misma institución y misión de la iglesia, un ataque que no permitirán sin exigir una respuesta.

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Brito representa a aquellos que no están seguros si los datos sobre la pandemia y la enfermedad en California se han obtenido con una evaluaciónprecisa. Después de todo, las muertes relacionadas con COVID-19 en California no reflejan lo sucedido en Nueva York, y los cierres prolongados de pequeñas empresas afectan a las familias latinas de manera desproporcionada. Otros pastores se sienten desanimados porque los políticos no confían en las iglesias para practicar el distanciamiento social seguro. Un pastor de una gran iglesia latina preguntó: "¿Por qué somos más peligrosos que otros? ¿Por qué representamos un riesgo mayor que tiendas como Home Depot?" El impacto financiero, psicológico y emocional de la COVID-19 en la comunidad latina ha llevado a algunos a decidir reafirmar sus derechos con desobediencia civil organizada.

Libertad de reunión

La pandemia por COVID-19 está obligando a la iglesia pentecostal latina en el sur de California a meditar acerca de lo que significa ser llamada una iglesia para la gente. La identidad de la iglesia latina está siendo confrontada tanto con las órdenes de estancia en casa, como con el derecho constitucional estadounidense de reunirse en asamblea pacífica. Como explica el pastor Brito, "la iglesia es una reunión de personas, es una ecclesia. Si no nos reunimos, no somos la iglesia".

No todos los ministros latinos están de acuerdo. "Pastor, si su noción de 'servicio en la iglesia' es una reunión en domingo, no es de extrañar que nuestro gobierno nos vea como no esenciales", dice Jack Miranda, el director ejecutivo del Centro Jesse Miranda para el Liderazgo Hispano. Miranda alienta a los ministros a examinar sus ministerios y determinar si están haciendo un impacto esencial en sus comunidades. Si nuestras iglesias tomaran en serio la enseñanza de Jesús en Mateo 25, tal vez la iglesia nunca habría sido categorizada como una institución no esencial. Miranda cree que mantener las reuniones de la iglesia suspendidas temporalmente por el bien de la salud de las personas no impide la proclamación del Evangelio.

Los pastores latinos reconocen que sus iglesias son una institución esencial. La iglesia latina sirve a la comunidad más vulnerable y subrepresentada. Se establece en lugares donde ninguna iglesia privilegiada quiere estar. ¿Quién ministrará al drogadicto, al pandillero, al migrante, y a las personas sin hogar, si no la iglesia latina, que también reside en la misma comunidad? La iglesia latina puede no tener una campaña de marketing público para anunciar los beneficios que ha proporcionado a la ciudad, pero sí tiene un papel esencial. La falta de reconocimiento de esta contribución no le parece bien a muchos pastores y ministros.

Una vida cristiana sin culto corporativo resulta más difícil para muchos latinos y latinas. Nosotros no vamos a la iglesia solo por una hora. Nuestros servicios son más largos, a menudo duran hasta tres horas. La Iglesia es un lugar no solo para compartir en la adoración, sino también en la comida, la cultura y el idioma. Es el único lugar sagrado donde una latina marginada puede adorar con sus hermanas y hermanos en su propia lengua materna. Es el único lugar donde su identidad cultural forma parte de su experiencia religiosa. Hay algo diferente en un lugar donde uno no se siente marginado, perfilado y estereotipado. La Iglesia, para la comunidad latina, es el lugar donde somos importantes a los ojos de Dios. No poder reunirse representa una mayor pérdida para el creyente latino, especialmente en una sociedad que margina y devalúa su contribución. Por estas razones y más, los pastores y ministros latinos están dispuestos a reafirmar su derecho a reunirse.

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Libertad para servir

Pero, ¿qué pasa si todo nuestro enfoque en la libertad de reunión está fuera de lugar? O mejor dicho, ¿qué pasa si ésta es una temporada para que la iglesia utilice su libertad para servir?

El apóstol Pablo habla de libertad, pero no de una manera que pueda reconciliarse fácilmente con los ideales estadounidenses. No es el tipo de libertad por la que luchamos en batallas legislativas o demandas colectivas. En Gálatas 5:1, Pablo afirma: "Cristo nos libertó para que vivamos en libertad." Pablo habla de "libertad en Cristo", pero ¿para qué fin? ¿Para protestar todas las leyes que limitan nuestra capacidad de movernos, de darnos la mano o de reunirnos en nuestras iglesias?

Este debate sobre la libertad se refiere a la Ley de Moisés. Pablo está tratando de argumentar en estos versículos que aquellos que intentan ser justos por la ley por medio de la circuncisión están anulando la justicia que proviene de Cristo por medio del Espíritu (Gal. 5:2-6). Continúa: "Les hablo así, hermanos, porque ustedes han sido llamados a ser libres; pero no se valgan de esa libertad para dar rienda suelta a sus pasiones. Más bien sírvanse unos a otros con amor. En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento: 'Ama a tu prójimo como a ti mismo'" (Gal. 5:13-14).

Pablo alienta a la iglesia en Corinto a servir a los demás con su libertad. A los cristianos que se quejan de las personas que buscan limitar sus "libertades", Pablo responde: "No hagan tropezar a nadie... no busco mis propios intereses, sino los de los demás, para que sean salvos" (1 Cor. 10:29-33). Las libertades tienen limitaciones y deben orientarse hacia el servicio a otros.

¿Y si tomamos en serio el lenguaje de Pablo sobre la libertad? ¿Qué pasaría si en lugar de luchar por reunirnos en un edificio, lucharamos activamente por la libertad de servir a nuestro prójimo? ¿Qué pasaría si ponemos la seguridad de nuestro hermano o hermana por encima de nuestros propios deseos de estar con ellos? Las actividades de mi libertad deben estar determinadas y moldeadas por las necesidades de mi prójimo.

Sus necesidades son simples: alimentos, salud y recursos médicos para las comunidades más vulnerables. Muchos han perdido sus puestos de trabajo y están luchando para traer el alimento a la mesa, o para sobrellevar esta temporada de pandemia con una vivienda adecuada y sustento económico. De hecho, las directrices de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés) alientan a las organizaciones comunitarias a "trabajar en todos los sectores para conectar a personas con servicios, tales como la entrega de comestibles o la vivienda temporal".

"Es un gran problema", dijo la directora de un banco de alimentos, Cecelia Bernal. "Porque si no tienes comida, entonces muchos otros problemas surgirán, como el estrés y la ansiedad". Desde que la pandemia COVID-19 golpeó el condado de Los Angeles, el ministerio de alimentos en otra iglesia pentecostal latina, La Iglesia del Redentor en Baldwin Park, ha crecido exponencialmente. Al igual que muchos otros bancos de alimentos, están trabajando duro para atender las necesidades de la comunidad. Solían servir a la comunidad una vez al mes. Ahora abren la iglesia ocho veces al mes e incluyen entregas a domicilio para personas mayores y para aquellos que no pueden conducir a la iglesia.

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Bernal es una líder latina para un ministerio que sirve a personas en todo el condado de Los Angeles. Ella y sus voluntarios representan otra forma de utilizar la libertad en Cristo atendiendo necesidades esenciales. La gente no viene por comida espiritual, sino por su pan de cada día. "Siempre decimos que somos la iglesia", dijo. "Ahora vemos que no tenemos que estar dentro de un edificio, [pero] juntos seguimos siendo la iglesia".

¿Qué libertad elegiremos?

No somos los únicos creyentes a lo largo de la historia que hemos perdido el derecho a reunirnos públicamente. El pueblo judío que fue exiliado a Babilonia, así como los que sobrevivieron a la destrucción del templo en 66-70 d.C. fueron capaces de adorar sin edificios. Los primeros cristianos se reunían en secreto en hogares o catacumbas, y adoraban juntos antes del surgimiento de la basílica. Sí, la adoración se puede facilitar a través de reuniones grupales. Hebreos 10:25 pide que los creyentes se reúnan.

Debemos recordar que nuestra libertad de adoración no ha sido restringida; sólo la capacidad de reunirnos en edificios. Los creyentes a lo largo de los años han aprendido a adorar sin edificios. Las reuniones deben ser diferentes durante la pandemia de COVID-19. Podemos predicar en línea. Otros ministros latinos ya se habían adaptado a la nueva realidad de la iglesia en línea. Pero estas son las iglesias adaptables, con conocimientos tecnológicos, o aquellas que habían utilizado las habilidades de los latinos y latinas de segunda generación antes de la COVID-19. Otras iglesias latinas no tienen presupuestos tecnológicos ni miembros de la iglesia con acceso confiable a internet en casa. Esta es otra razón por la que resulta atractivo volver a ingresar a los edificios y desafiar las órdenes. Hay un deseo de tener un sentido de pertenencia, y el edificio de la iglesia es un lugar de pertenencia. La iglesia está luchando con este deseo, sin poner en riesgo a los más vulnerables.

La iglesia latina es un ejemplo de la complejidad y los desafíos de las reuniones. ¿Cómo deseamos que nuestra iglesia sea identificada durante esta temporada? ¿Como una iglesia que desafió las órdenes de permanecer en casa y pusimos a los más vulnerables en peligro? La forma en que nos reunimos es también una declaración pública sobre cómo nos vemos y nos valoramos unos a otros. La libertad en Cristo que es fundamental para nuestra fe no debe ser vivida para uno mismo. Es una libertad que nos impulsa a reimaginar cómo podemos amar y servir a otros, especialmente durante esta pandemia. Debemos ejercer nuestra libertad teniendo en cuenta a los más vulnerables. Nuestras libertades no son derechos ilimitados para poner en riesgo la salud de la comunidad, especialmente cuando se trata de comunidades que podrían no tener acceso a atención médica adecuada, y que podrían experimentar mayores consecuencias no deseadas en caso de una infección por COVID-19.

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Hay una carga aún más pesada sobre los pastores latinos: sus congregaciones buscan de una forma muy especial la dirección de sus líderes espirituales. Los creyentes latinos ven al pastor como una figura estimada, ungida por Dios para dirigir la iglesia local. La decisión del pastor comunicará algo más que el deseo de reunirse, revelará cómo ellos creen que Dios ve a los más vulnerables.

Pero tal vez también tenemos que mirar a aquellos latinos que ya son considerados trabajadores esenciales, las personas que componen la iglesia en todo el país. Esto incluye a los trabajadores indocumentados que recogen alimentos en los campos agrícolas, las empleadas de tiendas de comestibles que se exponen a multitudes de personas, y los empleados de las plantas que procesan alimentos a quienes se les ha ordenado reanudar el trabajo por orden ejecutiva. La iglesia latina y muchas de nuestras iglesias multiétnicas están compuestas por muchos miembros migrantes y marginados que son la iglesia.

Estas personas ejemplifican lo que significa servir a los demás a través de sus vocaciones. No son libres de servir bienes de consumo a través de reuniones por Zoom, sino que están poniendo sus vidas en riesgo. Se reúnen para servir y poner las necesidades de los demás en primer lugar. ¿Puede la comunidad cristiana más amplia seguir su ejemplo? ¿O utilizaremos a los más vulnerables entre nosotros, a nuestro pueblo, para obligar a las autoridades gubernamentales a ceder y permitir que nos reunamos oficialmente?

Necesitamos reorientar nuestra comprensión de la libertad y hacer que las iglesias sean realmente esenciales de nuevo. Necesitamos nuevas formas de pensar sobre lo que significa hacer que nuestra iglesia sea visible para nuestros líderes civiles. Necesitamos una lluvia de ideas creativas de lo que significa reunirnos el uno para el otro. No podemos volver a la iglesia como siempre, pensando que luchar por la libertad de reunión ejemplifica lo que significa ser una iglesia. No es así como debemos usar la libertad que nos ha dado Cristo. La libertad de Cristo no se encuentra en aquellos que quieren caminar sin mascarillas faciales, sobrecargar a nuestros trabajadores de servicios médicos al no lavarse las manos, o abrir iglesias sin medidas sociales de distanciamiento y propagar la enfermedad. La iglesia no es un lugar únicamente para la pertenencia social. Es la iglesia porque su identidad imita a Cristo, quien utilizó su propia libertad y vida para servir a los demás, especialmente a los más vulnerables. Esta sería la libertad a la que Pablo hace referencia: la libertad de anteponer las necesidades del otro a las mías.

Rodolfo Galvan Estrada III es director de investigación institucional y profesor adjunto del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Fuller. Su libro más reciente es A Pneumatology of Race in the Gospel of Johnla raza en el Evangelio de Juan.

Traducido por Livia Giselle Seidel

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