¿Por qué el cristianismo crece en algunos países, mientras que mengua en otros?

Durante gran parte del siglo XX, los científicos sociales han respondido a esta pregunta apelando a la llamada tesis de la secularización: la teoría de que la ciencia, la tecnología y la educación darían como resultado el eventual descenso de la influencia social del cristianismo.

Más recientemente, algunos investigadores han sugerido que la causa es, más bien, la acumulación de riqueza. Al aumentar la prosperidad, según afirman, se libera a las personas de tener que buscar la provisión de sus necesidades diarias en un poder superior; es decir, que existe un vínculo directo entre la abundancia y el ateísmo.

En un estudio [enlace en inglés] revisado por pares y publicado en mayo de 2021 en la revista Sociology of Religion, mi coautor y yo desafiamos la percepción de que la educación y la abundancia certifican la defunción del cristianismo.

En nuestro análisis estadístico de una muestra global de 166 países, entre 2010 y 2020, encontramos que el determinante más importante para la vitalidad del cristianismo es el grado en el que los gobiernos le dan apoyo oficial al cristianismo a través de sus leyes y políticas. Sin embargo, no lo hace del modo en que los creyentes devotos pudieran esperar.

Según aumenta el apoyo gubernamental al cristianismo, el número de cristianos desciende significativamente. Esta relación se mantiene incluso cuando tomamos en cuenta otros factores que podrían estar causando el crecimiento del cristianismo, tal como sucede con las tendencias demográficas generales.

Image: Nilay Saiya

Reconocemos que nuestra metodología y conjuntos de datos no puede registrar un factor de gran importancia para los cristianos: el movimiento del Espíritu Santo. Sin embargo, las numerosas pruebas estadísticas de los datos disponibles revelan que la relación entre el privilegio del Estado hacia el cristianismo y el descenso del mismo es una relación causal, en oposición a una mera correlación.

Nuestro estudio señala tres diferentes paradojas de la vitalidad del cristianismo: la paradoja del pluralismo, la paradoja del privilegio y la paradoja de la persecución.

1. La paradoja del pluralismo

Muchos cristianos creen que el mejor modo para que el cristianismo prospere es excluir al resto de religiones. Irónicamente, sin embargo, el cristianismo es a menudo más fuerte en países donde tiene que competir con otras tradiciones de fe, cuando las reglas del juego son equitativas.

Quizá la mejor explicación para esto se derive de La riqueza de las naciones, el libro más importante de Adam Smith. El famoso economista defendía que, del mismo modo que la economía de mercado incentiva la competencia, la innovación y el vigor entre las empresas, forzándolas a competir por su participación en el mercado, un mercado religioso sin regulación tendría el mismo efecto sobre las instituciones de la fe.

Del mismo modo que el hierro afila el hierro, la competencia perfecciona la religión. Los contextos caracterizados por el pluralismo fuerzan a los cristianos a presentar los mejores argumentos posibles para sus creencias, mientras que otras tradiciones de fe se ven forzadas a hacer lo mismo. Esto exige a los cristianos un conocimiento profundo de sus creencias para defenderlas en el mercado de las ideas.

Nuestro estudio muestra que cuanto más crece el compromiso de un país con el pluralismo, también lo hace el número de adherentes cristianos. Siete de los diez países que muestran el más rápido crecimiento de población cristiana ofrecen poco o nada de apoyo oficial al cristianismo. Paradójicamente, al cristianismo le va mejor cuando tiene que valerse por sí mismo.

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La paradoja del pluralismo se puede ver en las dos regiones del mundo donde el cristianismo está creciendo con mayor velocidad: Asia y África.

El mayor crecimiento del cristianismo durante la última década ha ocurrido en Asia, donde la fe ha crecido el doble que la tasa de población. El crecimiento explosivo del cristianismo en esta parte del mundo es aún más notable cuando consideramos que la región solamente incluye un país de mayoría cristiana: Filipinas.

¿Cómo explicamos esta paradoja? En contraste con Europa, el cristianismo en los países asiáticos no ha estado en una posición de recibir un trato preferencial del Estado, y esto ha dado como resultado impresionantes tasas de crecimiento. En realidad, la fe cristiana se ha beneficiado al no estar atada institucionalmente al Estado, alimentado su crecimiento y vitalidad.

Consideremos el caso de Corea del Sur, que en el curso de un siglo ha pasado de ser un país sin cristianismo a ser uno de sus mayores exportadores. En la actualidad encabeza las listas como el segundo país que más misioneros envía, superado solamente por Estados Unidos.

Este ejemplo ilustra bien la paradoja del pluralismo. Debido a que Corea del Sur no es un país cristiano, el cristianismo no disfruta de una relación especial con el Estado. De hecho, el cristianismo en Corea sufrió una brutal persecución del gobierno colonial japonés, durante el cual se cerraron a la fuerza las iglesias y se confiscaron sus propiedades. De hecho, la iglesia persistió a pesar de la pobreza, la guerra, la dictadura y las crisis nacionales a lo largo de la historia del país.

Desde la Segunda Guerra Mundial, el cristianismo coreano ha crecido exponencialmente: se construyeron decenas de miles de iglesias y hoy en día los seminarios producen miles de graduados cada año. Actualmente, una tercera parte del país es cristiana.

África es la otra región en la que el cristianismo ha tenido un crecimiento impresionante, particularmente en las últimas décadas. Hoy hay casi 700 millones de cristianos en África, que lo convierten en el continente más cristiano en términos de población. De hecho, los diez países mencionados arriba con el mayor crecimiento de población cristiana entre 2010 y 2020 están localizados en el África subsahariana.

El cristianismo ha avanzado mucho en África no porque disfrute de una posición privilegiada con el Estado, sino porque tiene que competir con otras tradiciones de fe en un contexto en el que las reglas del juego son equitativas. De todos los países donde el cristianismo ha tenido un crecimiento notable, solo uno, Tanzania, tiene un nivel de apoyo oficial a la religión que se encuentra en la media global. En el resto de los casos (incluyendo a países de clasificación moderada como Kenia y Zambia), el apoyo al cristianismo estaba por debajo —y normalmente muy por debajo— de la media global.

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En resumen, el cristianismo en África, al igual que en Asia, está prosperando no porque se le apoye de parte del Estado, sino debido a que no se le apoya.

2. La paradoja del privilegio

Nueve de los diez países con un descenso más rápido de la población cristiana en el mundo a menudo ofrecen niveles entre moderados y altos de apoyo oficial al cristianismo. Mientras que la competencia entre religiones estimula la vitalidad cristiana, el favoritismo del Estado, involuntariamente, la suprime.

Cuando los cristianos perciben una amenaza de parte de las minorías religiosas, buscan al Estado para que les dé cierta ventaja. Ese privilegio puede incluir apoyo financiero para propósitos religiosos, acceso especial a las instituciones del Estado o exenciones de regulaciones impuestas sobre grupos religiosos minoritarios. Paradójicamente, sin embargo, privilegiar de esta manera al cristianismo desde el Estado termina no siendo de ayuda a la iglesia, según nuestros datos.

Los cristianos que tratan de ganarse el favor del gobierno se distraen de sus misiones a medida que se van inmiscuyendo en las cosas del césar en vez de en las cosas de Dios para mantener sus posiciones privilegiadas.

Sí, es posible que las iglesias favorecidas utilicen sus posiciones de privilegio para ejercer influencia sobre el resto de la sociedad; sin embargo, esto se cumple principalmente a través de rituales y símbolos —la religión civil— en vez de a través del fervor espiritual. Por esta razón las iglesias apoyadas por el Estado a menudo carecen de la sustancia espiritual que la gente que practica la fe encuentra valiosa, llevando a los creyentes a marcharse.

Es interesante que algunas investigaciones sugieran incluso que los misioneros de las iglesias apoyadas por el Estado sean menos eficaces que aquellos enviados por iglesias independientes.

Los investigadores de la religión han notado desde hace mucho tiempo que la tendencia a la secularización aparece en gran medida en los países occidentales, particularmente en Europa, donde durante siglos la iglesia ha jugado un papel importante en la vida de la gente. Muchas encuestas han documentado los débiles niveles [enlaces en inglés] de creencia confesional y de asistencia a los servicios religiosos en esta parte del mundo.

Que Europa sea la región más secular del mundo —y también la más rica— ha llevado a muchos a proponer una relación causal entre la abundancia y el declive del cristianismo.

Por el contrario, nuestro estudio defiende que la secularización de Europa se desprende de forma central del amplio apoyo otorgado al cristianismo por parte del Estado.

En Reino Unido, por ejemplo, la ley establece que la Iglesia de Inglaterra es la iglesia del Estado y que el cristianismo es su religión, garantizando privilegios que están fuera del alcance de grupos religiosos minoritarios. También ha tenido lugar el declive del cristianismo en las naciones protestantes de Escandinavia, donde las relaciones entre iglesia y Estado han estado marcadas por el privilegio (incluyendo antiguos subsidios públicos). Por ejemplo, la Iglesia de Suecia disfrutó de una relación muy cercana con el gobierno (se separaron en 2000), con el rey sueco sirviendo como cabeza de la iglesia y el gobierno señalando a los obispos para sus cargos.

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Se puede ver un patrón similar en los países de mayoría católica. Durante gran parte del siglo XX países como Portugal, España, Bélgica e Italia ofrecieron un fuerte apoyo a la Iglesia Católica Romana y discriminaron activamente a los no católicos en la legislación familiar, en los medios de comunicación religiosos, las políticas de impuestos y la educación. Aunque el privilegio católico se ha debilitado en muchas partes de Europa, las reglas del juego siguen sin ser equitativas en diversos aspectos, especialmente en lo que respecta a las barreras para la entrada de nuevos movimientos religiosos.

La relación entre el privilegio político y el declive cristiano es fuerte en países dominados por las formas orientales ortodoxas del cristianismo. Por ejemplo, Rusia ha extendido numerosos privilegios a la Iglesia Ortodoxa Rusa —como el financiamiento de lugares religiosos, acceso a las instituciones del Estado y autonomía sobre sus propios asuntos— a la vez que impone restricciones a los competidores de la Iglesia Ortodoxa, incluyendo la negación de visas para clérigos internaciones, la deportación de misioneros y la retención de los derechos sobre la tierra. En los países cristianos ortodoxos como Rusia es más probable [enlace en inglés] que se integren la iglesia y el Estado.

El resultado es que las iglesias en Europa no se tienen que preocupar por luchar contra otros competidores porque las reglas del juego no son equitativas. Como resultado, estas iglesias se han aletargado, al depender del Estado para su sustento.

La asistencia a la iglesia en estos países sigue siendo la más baja en el mundo cristiano, a pesar del hecho de que la vasta mayoría de ciudadanos de estas naciones conservan su membresía oficial. Las iglesias europeas han asumido una enorme función ceremonial, aunque tienen un papel muy pequeño en la vida diaria de las personas. Las resplandecientes catedrales diseñadas para reunir a cientos de personas normalmente solo reciben a un puñado de adoradores en sus servicios dominicales habituales.

En resumen, el cristianismo en Europa ha menguado no a pesar del apoyo del Estado, sino debido a él.

3. La paradoja de la persecución

En el siglo II, Tertuliano, uno de los padres de la iglesia, llegó a la sorprendente conclusión de que «la sangre de los mártires es la semilla de la iglesia». Sorprendentemente, nuestro estudio señala que los contextos de discriminación contra los cristianos no suelen tener el efecto de debilitar el cristianismo; en algunos casos, la persecución incluso fortalece a la iglesia.

Al igual que con una competencia religiosa sana, la persecución religiosa —por motivos completamente diferentes— no permite que los cristianos se vuelvan complacientes. Por supuesto, en algunos casos la persecución de los cristianos ha hecho mucho daño al cristianismo, como ocurrió en el siglo VII en el Norte de África, en el siglo XVII en Japón, en el siglo XX en Albania y actualmente en Irak. No obstante, en muchos otros contextos de discriminación y persecución (salvo por la violencia genocida) la iglesia ha desafiado las probabilidades, no solo sobreviviendo, sino en algunos casos incluso prosperando.

En estos entornos los creyentes vuelven a la fe como fuente de fortaleza, y esta devoción atrae a los de fuera.

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En todo el mundo, cientos de millones de cristianos viven en países donde experimentan un nivel de persecución muy alto. Aun así, el cristianismo continúa demostrando una extraordinaria resiliencia [enlace en inglés], al igual que la iglesia primitiva bajo la espada del césar.

El cristianismo actual crece rápidamente en ciertos países musulmanes como Irán o Afganistán, donde la fe experimenta altos niveles de persecución. Puertas Abiertas ha calificado a Irán como el octavo peor país del mundo para ser cristiano, con un nivel «extremo» de persecución. En la república islámica, el gobierno prohíbe la conversión del islam a cualquier otra religión, encarcela a los que hacen proselitismo y arresta a aquellos que asisten a iglesias clandestinas en casas o que imprimen y distribuyen literatura cristiana.

Sin embargo, a pesar de la amenaza del gobierno, la presión y la coacción hacia los cristianos, la iglesia en Irán se ha convertido en una de las de más rápido crecimiento en el mundo en términos de conversión. Aunque es difícil determinar exactamente cómo viven muchos cristianos en Irán, dado que la mayoría mantiene su fe en secreto por miedo a la persecución, se estima —basándose en datos de encuestas [enlace en inglés]— que podría haber hasta un millón de creyentes iraníes. El sorprendente crecimiento de la fe en Irán ha conducido a una amplia preocupación entre los gobernantes iraníes por la amenaza que supone el cristianismo a los fundamentos de la república islámica.

Una historia similar se ha estado desarrollando en el vecino oriental de Irán: Afganistán. Puertas Abiertas coloca al país en el segundo peor lugar para ser cristiano, solo detrás de Corea del Norte. Como ocurre en Irán, en Afganistán es ilegal convertirse desde el islam, y aquellos que lo hacen enfrentan violencia, cárcel e incluso la muerte. Los cristianos se enfrentan a la persecución no solo desde el gobierno islamista, sino también de parte de los militantes islamistas que tienen como principal objetivo perseguir a las minorías religiosas. Las comunidades cristianas afganas han sido golpeadas por décadas de guerra.

Es imposible asignar una cifra precisa al número de cristianos en Afganistán. Sin embargo, la evidencia disponible indica que el cristianismo continúa creciendo, sostenido por la existencia de una iglesia clandestina, a pesar de la amplia e intensa represión que enfrentan los cristianos. Algunos informes indican que el cristianismo se ha extendido incluso entre las élites afganas y los miembros del parlamento nacional. Un ejemplo de conocimiento público: Rula Ghani, la primera dama del país, es una cristiana maronita de Líbano.

Fuera del mundo musulmán, la experiencia de la mayor iglesia perseguida del mundo —la iglesia china— refleja lo que sucedió con la iglesia primitiva bajo la espada del césar cuando también experimentó un crecimiento exponencial.

Durante las tres primeras décadas de gobierno comunista en China, la iglesia fue objetivo de una severa persecución, especialmente durante la era conocida como la Revolución Cultural, de 1966 a 1976. Lanzada por Mao Zedong, la campaña buscaba preservar el comunismo en China declarando la guerra contra los enemigos percibidos, incluyendo a la religión. Cientos de miles de cristianos, tanto católicos como protestantes, fallecieron durante esta época.

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No obstante, el cristianismo persistió en la clandestinidad. Hay que señalar que los protestantes incluso presentaron un considerable crecimiento hacia el final de la Revolución Cultural. Fenggang Yang, sociólogo de la religión, señala que desde 1950 el cristianismo protestante se ha multiplicado 23 veces. Al menos un cinco por ciento de la población china, que asciende a casi mil quinientos millones de personas, se adscribe ahora al cristianismo.

Yang predice que el porcentaje crecerá exponencialmente durante los próximos años, de tal modo que para 2030 China tendrá más cristianos que cualquier otro país. Para 2050, la mitad de China podría ser cristiana.

Es posible que los años por venir demuestren que estas proyecciones eran demasiado optimistas, porque el Partido Comunista Chino continúa con su mano dura contra los grupos religiosos. Pero es poco probable que la represión en China sea capaz de limitar el crecimiento cristiano.

En resumen, la tentación del privilegio político y no la amenaza de la persecución parecen ser el mayor impedimento para la fe cristiana.

Lecciones para la cristiandad

Estas paradojas contienen importantes ramificaciones para las comunidades cristianas de todo el mundo.

En Europa, los políticos y partidos de Hungría, Italia, Polonia, Eslovenia, Francia, Austria, Alemania, Países Bajos y Suiza han hecho un llamado para profundizar la relación entre el cristianismo y sus gobiernos. Algunos políticos exitosos se han posicionado como defensores del cristianismo contra la fe islámica extranjera que amenaza la integridad cristiana de sus respectivos países.

En muchos casos, los partidos de derecha han logrado aumentar su número de votos en parte apropiándose de la defensa de la «nación cristiana». Si estas tendencias continúan, podemos esperar ver más corrosión y declive del cristianismo en esta parte del mundo por las razones descritas con anterioridad.

Se puede ver una historia similar al otro lado del Atlántico. El cristianismo en los Estados Unidos, y en particular el movimiento evangélico, se encuentra hoy en una disyuntiva precaria.

Mientras que los EE. UU., a diferencia de sus colegas europeos, no tienen un apoyo oficial del Estado a la religión, eso no significa que el cristianismo no se haya entrelazado con el Estado. A medida que el cristianismo se ha entretejido con la política partidista, los EE. UU. han visto un declive simultáneo en la religiosidad en las últimas décadas, y esta tendencia ha sido confirmada por diversos estudios académicos.

Durante los últimos treinta años, los EE. UU. han presenciado un agudo incremento del número de estadounidenses sin afiliación religiosa, desde un seis por ciento en 1991 hasta un 23 por ciento hoy, aunque la población estadounidense en su totalidad ha experimentado un importante crecimiento durante este periodo. Nuestro argumento sugiere que este aumento de los no afiliados en lo religioso se debe, en parte, a los intentos de los cristianos por ganarse el favor del Estado (y a que algunas veces lo ha recibido).

Los cristianos conservadores al comienzo se involucraron en la política en la década de 1970 como un modo de luchar contra la erosión de «los valores cristianos» en la sociedad y de «hacer regresar a los Estados Unidos a Dios».

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La intersección de la religión y la política, sin embargo, ha repelido a la gente del cristianismo, porque ven la fe cristiana como sinónimo de apoyar a cierta clase de políticas con las que discrepan en lo personal. Como resultado, el cristianismo politizado solo es capaz de apelar a un grupo de individuos cada vez más estrecho, al mismo tiempo que aleja a los liberales y a los moderados de la iglesia.

La sacralización de la política sugiere que puede ser que los EE. UU. se estén dirigiendo por el mismo camino que sus colegas europeos. La buena noticia para los cristianos a los que esto les preocupa es que, si nuestra investigación y nuestro análisis es correcto, puede que sea posible revertir las tendencias hacia la secularización.

Para lograrlo, se requieren instituciones de fe que rehúyan la tentación del privilegio y no vean la competencia religiosa como una amenaza o algo que se deba eliminar. Este enfoque no requiere que los cristianos se segreguen y se aparten de la vida pública, ni que abandonen la política por completo; sin embargo, advierte a los cristianos seriamente respecto a equiparar a cualquier partido, ideología política o nación con los planes de Dios.

Nuestra investigación sugiere que el mejor modo para que las comunidades cristianas puedan recuperar su testimonio del evangelio es rechazar la búsqueda del privilegio político y que noten que es inconsistente con las enseñanzas de Jesús. Al hacerlo, mostrarían que toman seriamente la promesa de Cristo de que ninguna fuerza prevalecerá contra su Iglesia. Y rechazar el privilegio hará que los creyentes confíen más en que el Espíritu Santo abra los corazones al mensaje del evangelio.

Nilay Saiya es profesor adjunto de políticas públicas y asuntos globales en la Universidad Tecnológica de Nanyang en Singapur. Es autor de Weapon of Peace: How Religious Liberty Combats Terrorism (Cambridge University Press, 2018).

Speaking Out es la columna de opinión para invitados de Christianity Today y (a diferencia de un editorial) no representa necesariamente la opinión de la publicación.

Corrección: una versión previa de este artículo aseguraba erróneamente que el rey sueco sigue siendo cabeza de la Iglesia de Suecia y designa a los obispos. La iglesia y el Estado se separaron en 2000.

Traducción por Noa Alarcón

Edición en español por Livia Giselle Seidel

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