Nota del editor: Una versión anterior de este artículo daba a entender que la gente no debe cantar durante las reuniones. La sugerencia es utilizar mascarillas de protección, tanto para cantar como para hablar. Ver tabla actualizada para mayor información.

Los últimos cuatro meses han sido un período extraordinario para el mundo. La propagación de una nueva enfermedad por coronavirus nombrada oficialmente COVID-19, escaló a nivel mundial. Son comunes las imágenes de salas de emergencias saturadas, de pacientes de cuidados intensivos auxiliados por respiradores, y de familias en duelo por la pérdida de sus seres queridos. Para limitar la propagación de este virus, la mayoría de los gobiernos tuvieron que implementar órdenes estrictas de permanecer en casa. Este tipo de regulación fue necesaria porque muchos países simplemente no estaban preparados para la rápida propagación de este virus. De no haberse tomado tales medidas, las infecciones habrían aumentado al punto de desbordar los sistemas de salud y el número de muertes se habría incrementado rápidamente.

Durante este período, iglesias en todo el país han cancelando sus servicios presenciales. Al igual que con muchas otras acciones preventivas, es posible que nunca sepamos cómo esto ha limitado la propagación del virus; sin embargo, estoy convencido de que esto ha evitado muchas infecciones y muertes entre los congregantes, sus familiares y amigos.

Ahora, mientras algunos estados están flexibilizando las órdenes de estancia en casa y otros están planeando prolongar las restricciones por un poco más de tiempo, nuestras iglesias se enfrentan a decisiones difíciles: cuándo reanudar las reuniones presenciales y cómo llevar a cabo los ministerios con seguridad cuando se reanuden.

En este artículo, propongo que el camino a seguir sea adoptar un enfoque paso a paso que ayude a la iglesia a vivir su llamamiento misional, a satisfacer las necesidades de sus congregantes y a proteger la salud de quienes están en la iglesia y en nuestras comunidades.

Nota: Las iglesias en otras partes del mundo se enfrentan a los mismos desafíos de cuándo y cómo reanudar las reuniones presenciales a medida que se reducen las órdenes de estancia en casa ordenadas por el gobierno. El enfoque descrito aquí es aplicable a la mayoría de los países fuera de los EE.UU., aunque siempre hay una necesidad de adaptación local. El plan paso a paso descrito no es costoso ni difícil de implementar y puede ayudar a garantizar un entorno seguro para los congregantes de las iglesias.

Decisiones difíciles sobre cuándo y cómo reanudar las reuniones

La decisión de reanudar las reuniones presenciales es más difícil que la decisión inicial de suspenderlos. Cuando comenzó la pandemia, la gente temía a lo desconocido y las iglesias tuvieron que seguir las restricciones gubernamentales de evitar reuniones masivas. Pero después de seis o más semanas de órdenes de estancia en casa, las solicitudes de seguro de desempleo se están acumulando, la gente se está poniendo nerviosa en sus hogares, y muchos empiezan a demandar a sus gobiernos que relajen las restricciones.

A pesar de que los expertos en salud pública advierten que el país carece de pruebas suficientes, de capacidad de rastreo de contactos y de los espacios de cuarentena necesarios para mantener la pandemia bajo control, algunos estados están flexibilizando sus restricciones y permitiendo que negocios "no esenciales" vuelvan a abrir. Muchos gobiernos estatales no están trabajando de forma colaborativa, los líderes gubernamentales a nivel nacional y estatal están enviando mensajes mixtos, y con las elecciones que se avecinan, estas decisiones fundamentales se están politizando.

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Con voces tan diversas, ¿cómo deben las iglesias decidir qué hacer en sus circunstancias específicas?

Ahora más que nunca, creo que tenemos que apagar el ruido que nos rodea y escuchar la voz de Dios en este momento crítico.

Nuestras guías para la toma de decisiones

Para discernir el llamado de Dios para las iglesias locales para las cuales estoy sirviendo como consejero, he confiado en dos guías fundamentales: verdades bíblicas y conocimiento científico. Ambas nos han sido dadas por Dios como ayuda para estos tiempos de prueba.

El Gran Mandamiento dice: "Ama al Señor tu Dios... y ama a tu prójimo como a ti mismo." Durante esta pandemia, expresamos amor propio al protegernos a nosotros mismos de la infección. Del mismo modo, una de las formas de expresar el amor por nuestro prójimo es proteger a otros de la infección.

Sin embargo, aun cuando nos concentramos en prevenir la propagación de la enfermedad, hay necesidades espirituales, emocionales y sociales que no debemos descuidar, ni en nosotros mismos ni en los demás. Durante este período de distanciamiento social, tal vez sea aún más importante que nuestras iglesias atiendan estas necesidades.

Como discípulos de Cristo, dichas necesidades se satisfacen al vivir nuestro llamado a adorar, orar, alentar, testificar, discipular y servir; sin embargo, ahora debemos hacerlo de tal forma que minimicemos el riesgo de contagio. Por lo tanto, necesitamos utilizar el conocimiento científico sobre este virus para prevenir su propagación en nuestras iglesias.

Conocimiento científico reciente sobre la enfermedad COVID-19

Con las mejores mentes en el mundo trabajando en la investigación de la enfermedad COVID-19, hay un constante crecimiento en el conocimiento científico sobre el virus que la causa [SARS-CoV-2]. También estamos acumulando lecciones de muchos países sobre lo que verdaderamente está funcionando para controlar la propagación de la enfermedad. Algunas de estas ideas recientes son particularmente relevantes para que la iglesia analice opciones sobre cómo reanudar las reuniones presenciales.

En primer lugar, tenemos una mejor comprensión sobre cómo se propaga el virus

Contrario a nuestro entendimiento inicial, ahora sabemos que este virus puede transmitirse antes de que una persona desarrolle síntomas. Esto explica por qué el virus se propaga tan fácil y sigilosamente, y complica enormemente los esfuerzos para contener su propagación.

También sabemos que no todas las personas infectadas infectarán a otra persona. Se necesitan otros factores para facilitar la transmisión, entre los que se encuentran:

  • Infecciosidad de un paciente enfermo con COVID-19
  • Acciones que aumentan la liberación de gotas respiratorias y aerosoles en el aire circundante
  • Cercanía con una persona infectada (dentro de una distancia igual o menor a 6 pies o 2 metros aprox.)
  • Ambientes cerrados con ventilación limitada al exterior
  • Cantidad de tiempo que se pasa con una persona infectada
  • Tipo de red social; por ejemplo, contacto intergeneracional

Cuanto más estén presentes estos factores, mayor será el riesgo de transmisión; pero cuando logramos reducir estos factores de manera eficaz, el riesgo de transmisión baja considerablemente. (véase el Cuadro 1 abajo).

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Cada vez hay más evidencia de que las personas más jóvenes y los niños son menos susceptibles al virus que causa la COVID-19. Los niños también son menos propensos a mostrar síntomas cuando están infectados. Sin embargo, la cantidad de virus que albergan y su capacidad de propagarlos a otros no parecen ser diferentes. Debido a que las personas mayores son más susceptibles a esta enfermedad, la implicación es que el contacto intergeneracional debe minimizarse para reducir la transmisión de este virus.

En segundo lugar, sabemos mucho más sobre los efectos nocivos de la COVID-19

Inicialmente, la mayor parte de la atención sobre el peligro de esta enfermedad se centró en los ancianos porque tienen una tasa de mortalidad mucho mayor. Luego aprendimos que los adultos jóvenes con enfermedades crónicas comunes como hipertensión y diabetes también tienen un mayor riesgo de complicaciones graves. De hecho, casi el 60% de los ingresos hospitalarios por la enfermedad COVID-19 en los Estados Unidos son personas menores de 65 años.

Un estudio reciente informó que el 45% de los adultos estadounidenses tienen factores de riesgo que los hacen más vulnerables a complicaciones graves de la COVID-19. Debido a que los asistentes a nuestras iglesias son en promedio mayores que la población general, una proporción aún mayor de congregantes de la iglesia está en riesgo de complicaciones graves por esta enfermedad.

En tercer lugar, tenemos una mejor comprensión de qué medidas de control funcionan

Las realización de pruebas para el virus, el rastreo de aquellas personas con quienes estuvieron en contacto (en adelante referidas como "contactos") y la cuarentena de personas infectadas y de sus contactos, son medidas que en sí mismas pueden abatir la epidemia de COVID-19, aún sin un programa de cierre total de los países. Sin embargo, estas medidas deben tomarse de manera muy rápida y eficaz. Corea del Sur y Taiwán han hecho esto. Las pruebas del virus se realizan dentro de los primeros 2 o 3 días en que la persona muestra síntomas, y tanto el paciente como la mayoría de sus contactos son puestos en cuarentena de manera efectiva. Esto ha funcionado porque Corea del Sur y Taiwán tienen un cuadro bien entrenado de rastreadores de contactos, así como un sistema de vigilancia electrónica para localizar rápidamente a los contactos e implementar la cuarentena.

Hay buena evidencia de que el uso de una mascarilla facial reduce sustancialmente la liberación de gotas respiratorias y aerosoles en el aire circundante, incluso cuando una persona tose o grita. El principal beneficio del uso de una mascarilla facial es reducir la propagación del virus proveniente de la fuente de infección, es decir, de una persona infectada. Las mascarillas también proveen una protección limitada para evitar que una persona susceptible contraiga la infección. Las mascarillas caseras son menos eficaces que las mascarillas quirúrgicas, pero siguen siendo efectivas. Además, usar una mascarilla facial evita que una persona infectada se frote la nariz y luego deposite virus en las superficies que toca.

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En cuarto lugar, los expertos coinciden en que la enfermedad COVID-19 estará en los Estados Unidos en el futuro previsible con niveles fluctuantes de infección en la comunidad

Varios estados han comenzado a retirar las órdenes de estancia en casa a pesar de que las cifras de enfermos de COVID-19 siguen siendo altas, o apenas han comenzado a declinar. Es muy probable que esto dé lugar a un incremento en la transmisión del virus. Dicho incremento se puede mitigar mediante pruebas exhaustivas, seguimiento eficaz de contactos y cuarentena de los mismos. Sin embargo, ningún estado tiene todavía la capacidad de prueba y el personal capacitado para llevar a cabo un rastreo y cuarentena eficaces de las personas que estuvieron en contacto con un enfermo.

Luego está el desafío de que la COVID-19 se propague de un estado a otro. Mientras una parte del país tenga una epidemia mal controlada, los estados que han reducido significativamente sus casos de pandemia seguirán siendo vulnerables a la propagación de la enfermedad al recibir personas contagiadas de otros estados.

Aplicar conocimientos científicos recientes para desarrollar un plan

Al considerar la decisión de reanudar las reuniones presenciales, primero debemos reconocer que la iglesia es un entorno de alto riesgo para la transmisión de esta enfermedad. Las actividades cotidianas de las iglesias contienen múltiples factores que facilitan la transmisión del virus por aire (ver Tabla 1 a continuación), y nuestros congregantes corren un mayor riesgo de complicaciones graves de la enfermedad COVID-19. Por lo tanto, las iglesias deben tener un plan claro sobre cuándo y cómo reanudar las reuniones presenciales. Este plan debe lograr lo siguiente:

  • Mitigar el riesgo de transmisión de la COVID-19 en el aire durante las actividades de la iglesia. (Véase la tabla a continuación)
  • Tener la capacidad de incrementar y/o reducir las actividades de la iglesia de acuerdo a cómo la infección se incremente o se reduzca en la comunidad.
  • Ser capaz de identificar rápidamente a las personas que estuvieron en contacto con una persona infectada, y ayudar a rastrearlos, de ser necesario.
  • Reanudar las actividades presenciales de la iglesia sólo cuando haya clara evidencia de un nivel de infección decreciente y bajo en la comunidad.

Un enfoque paso a paso para reanudar las reuniones presenciales

He desarrollado un plan de 4 pasos con actividades modificadas que nuestras iglesias pueden usar. Este plan paso a paso contiene actividades que pueden incrementarse o disminuirse dependiendo del nivel de infección en la comunidad.

Durante esta pandemia, el plan tiene como objetivo ayudar a nuestras iglesias a:

  • Vivir nuestro llamamiento a las misiones.
  • Satisfacer nuestras necesidades sociales, emocionales y espirituales.
  • Proporcionar protección contra la COVID-19.
  • Apoyar el esfuerzo más amplio para contener la enfermedad.

Al adaptar este plan a su iglesia, es muy importante adherirse a las directrices del gobierno local; por lo tanto, el número de personas permitidas para reunirse en el plan que usted elabore para su iglesia puede diferir del plan aquí presentado debido a las regulaciones locales. Las actividades en el mismo paso están destinadas a ser implementadas en aproximadamente el mismo nivel de infección en la comunidad.La tabla solo incluye algunas de las actividades más comunes de la iglesia. Al tomar decisiones sobre cómo se pueden llevar a cabo otras actividades de forma segura, tenga en cuenta los factores del Cuadro 1 y dónde deben colocarse las actividades modificadas en el Cuadro 2.

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Vivir nuestro llamado a las misiones a través de reuniones en grupos pequeños

A medida que se flexibilizan las órdenes de estancia en el hogar, con frecuencia se permitirá reunirse en grupos pequeños, también conocidos como células. Por lo tanto, este tipo de reuniones deben ser la primera actividad que se implemente. Debemos estar entusiasmados con esto, porque las reuniones de grupos pequeños son una manera maravillosa de vivir el llamado de Dios. En grupos pequeños podemos construir relaciones más profundas, crecer en la Palabra de Dios, fomentar un ambiente más seguro para la mutua rendición de cuentas, y alentarnos unos a otros al amor y a las buenas obras. Estos grupos incluso tienen la capacidad de alcanzar a muchos que en circunstancias normales no querrían entrar en un edificio de iglesia, pero que sí aceptarían una invitación a un hogar. También pueden ser útiles como un tiempo de preparación previo a la reanudación de los servicios de adoración presenciales. Los grupos pequeños pueden reunirse cada semana para la adoración mientras se espera la reanudación de los servicios presenciales de mayor tamaño.

Al igual que los cristianos perseguidos en Hechos 8, que fueron esparcidos más allá de Jerusalén, nuestros ministerios han sido esparcidos también, y obligados a salir del confinamiento de nuestro edificio de la iglesia. Al construir grupos pequeños fuertes en nuestras comunidades, y organizarnos alrededor de ellos para el eventual regreso a las actividades normales, estamos construyendo una base sólida y flexible para el ministerio de la iglesia.

El riesgo de transmisión del virus en estos grupos es bajo, y puede reducirse aún más manteniendo a los mismos miembros en cada grupo y dentro del mismo grupo de edad. Cuando la infección en la comunidad sigue siendo alta, el uso de mascarillas faciales proporciona una capa adicional de protección. Debido a que los miembros se conocen, pueden informarse rápidamente entre sí si una persona desarrolla síntomas similares a los de la enfermedad COVID-19. Esto facilitará la rápida decisión de ponerse en cuarentena por parte de otros miembros del grupo.

Satisfacer nuestras necesidades sociales, emocionales y espirituales

Todos necesitamos contacto humano, pero en ocasiones este contacto se siente superficial. Esta pandemia nos está ofreciendo la oportunidad de construir relaciones más profundas. Para reducir el riesgo de infección, debemos reducir el número de personas con las que estamos en contacto; sin embargo, reunirnos con las mismas personas todo el tiempo y reunirnos sólo con personas de nuestro grupo de edad también reduce el riesgo de infección.

Imagine la estrategia como la creación de pequeñas burbujas de seguridad en toda la iglesia. Cuantos más congregantes permanezcan dentro de su burbuja, más seguros estarán todos en la congregación durante el tiempo que permanezca la infección en la comunidad. Reunirnos con personas que están pasando por la misma etapa de la vida por la que nosotros estamos pasando, también puede satisfacer mejor nuestras necesidades sociales, emocionales y espirituales.

Proporcionar protección contra la COVID-19

Cuando las reuniones presenciales en la iglesia se reanuden, es esencial observar una distancia física de al menos 6 pies o 2 metros. Aunque el distanciamiento físico generalmente se guarda a nivel individual, es importante resaltar que también es posible guardarlo al nivel de unidades sociales. Por ejemplo, aquellas personas que viven juntas representan una unidad social y, por tanto, no necesitan ser separados físicamente entre sí en la iglesia. Como unidad, más bien deben separarse físicamente de otras unidades sociales.

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El uso de la mascarilla facial puede ser muy útil. Debido a que cualquiera que entre en nuestra iglesia podría ser un portador asintomático, solicitar el uso de mascarillas para todos los que entren en la iglesia puede contribuir a reducir la propagación del virus. Se recomienda solicitar el uso generalizado de mascarillas. Esto elimina el estigma sobre el uso de las mismas, y usa la presión social para que todos las usen.

Debido a que el uso de mascarillas faciales, especialmente las caseras, no impedirá toda transmisión, el uso de las mismas no debe reemplazar la implementación de otros enfoques para mitigar la propagación de COVID-19. Debido a que el método de distanciamiento físico generalmente no es práctico para reuniones de grupos pequeños en un hogar, el uso de mascarillas faciales en dichas reuniones resulta fundamental durante el periodo de tiempo en el que todavía haya un alto nivel de infección en la comunidad.

Apoyando el esfuerzo más amplio para contener la COVID-19

Debido a que todo parece indicar que esta enfermedad estará con nosotros en el futuro previsible, la transmisión de este virus podría ocurrir durante la reanudación de las actividades presenciales de la iglesia. Por lo tanto y pensando en la seguridad de toda la congregación, así como de sus amigos y vecinos, las iglesias deben estar preparadas para ayudar a los departamentos de salud pública a identificar y encontrar a los contactos de las personas infectadas.

Al trabajar con el departamento local de salud pública, la primera tarea es identificar rápidamente a todas las personas que estuvieron en contacto con un paciente infectado cuando éste asistió a la iglesia. Por lo tanto, las iglesias deben estar preparadas para notificar rápidamente a dichas personas para que puedan ponerse en cuarentena y solicitar una prueba de COVID-19. De esta manera, incluso si estos contactos ya habían sido infectados, cualquier transmisión posterior puede ser minimizada.

Recuerde, la velocidad es esencial cuando se trata de la identificación de contactos y el rastreo de los mismos.

Por lo tanto, su iglesia debe establecer un sistema para recopilar información sobre todos los participantes. A continuación se presentan algunas sugerencias para hacer esto:

  • Mantenga un registro de dónde se sienta cada persona. Asigne un número de asiento y fila (o número de mesa, en su caso) en todas sus salas de reuniones.
  • Registre a todas las personas que entren en una reunión. Registre su nombre, información de contacto y el número del lugar donde se sentaron. Sólo es necesario registrar a una persona por hogar, pero debe enumerar el número de personas en su grupo.
  • Mantenga el registro durante al menos 3 semanas.
  • Asigne a una persona de la iglesia como responsable de mantener el registro de la reunión, mantenerse en contacto con el departamento de salud pública y ayudar a identificar contactos y notificarlos en caso de ser necesario.

Decisión sobre cuándo pasar a las diferentes fases

Tal vez el aspecto más difícil de usar este enfoque paso a paso es la decisión de cuándo pasar de un paso a otro, ya sea para incrementar o reducir las actividades de la iglesia.

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Hay muchos factores a considerar. Recientemente, leí esta declaración: el gobierno no puede abrir la economía, la gente tiene que hacerlo. De la misma manera, las iglesias no pueden reanudar las reuniones presenciales: la gente tiene que hacerlo. Por lo tanto, uno de los factores más importantes a considerar son las necesidades de los miembros de nuestra iglesia. Cuando existe una necesidad real que se satisface mejor o que sólo puede satisfacerse cara a cara, debemos buscar formas de reanudar los servicios presenciales más rápidamente.

Sin embargo, recomiendo con especial insistencia que cada iglesia estudie primero el nivel de contagios por COVID-19 en su comunidad. Si el nivel de infección está a la alza, o sigue siendo muy alto, no debemos contemplar la reanudación de las reuniones presenciales. Pero si el nivel de infección va a la baja, o es bajo, entonces es seguro pasar al paso 1 de nuestro plan.

Específicamente, sería ideal ver una tendencia constante a la baja en el número de casos y muertes por COVID-19 durante al menos 3 semanas antes de considerar el paso 1 de este plan. Pero la tendencia a la baja no es suficiente, también debemos tener bajos niveles de infección. Aquí es donde la situación se complica, ya que si no se están realizando pruebas exhaustivas, no sabemos con certeza el verdadero número de infecciones en nuestras comunidades. Hasta que el número de pruebas aumente considerablemente, sólo podemos hacer una suposición basada en el número de casos y de muertes reportadas. Pero esto es claramente problemático.

Cuando existe una tendencia a la baja y un bajo nivel de infección, podemos considerar otros factores que pueden ayudarnos a decidir cuándo reanudar las reuniones presenciales. Es importante involucrar al liderazgo de la iglesia y a la congregación general en este proceso. Tenemos que ayudar a nuestros congregantes a entender por qué y cómo estamos tomando estas decisiones.

Por ejemplo, para una población como el condado en el que yo vivo (2,2 millones de habitantes), tomando como base una disminución constante de muertes y casos de COVID-19, un conjunto de criterios a considerar podría ser el siguiente (usando la información disponible de promedios móviles durante 3 días):

  • Paso 1: Datos consistentes de <5 muertes por día durante 3 semanas consecutivas
  • Paso 2: Datos consistentes de <1 muerte por día durante 3 semanas consecutivas
  • Paso 3: Datos consistentes de <5 casos por día durante 3 semanas consecutivas
  • Paso 4: Datos consistentes de <1 caso por día durante 3 semanas consecutivas

Es importante aclarar que aún este tipo de criterios serían solamente suposiciones educadas, basadas en información y conocimientos limitados. Con el tiempo, aprenderemos más y será posible brindar mejores directivas.

Conclusión

Esta pandemia ha cambiado drásticamente nuestras vidas y ha puesto nuestro mundo de cabeza. Para muchos, esto ha sido difícil, muy difícil. Han pasado sólo un par de meses desde el inicio de esta pandemia, pero, en algunos casos, el dolor y la ansiedad para nosotros y para los que nos rodean son muy reales.

Para nuestras iglesias, las decisiones inmediatas son cuándo reanudar las reuniones presenciales y cómo hacerlo de forma segura. Para ayudar con estas decisiones, he utilizado las verdades bíblicas y el conocimiento científico disponible como guías para desarrollar un enfoque paso a paso.

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Para terminar, quisiera traer a la memoria una certeza. La pandemia de COVID-19 en su forma actual pasará. Un día miraremos hacia atrás y veremos claramente que Dios estaba con nosotros y que estaba trabajando en medio de nosotros para bien. Sabiendo esto, podemos dirigirnos a Él hoy y pedirle que nos dé el discernimiento, la compasión y la fe para dirigir nuestras iglesias en este tiempo.

Mi oración es que este artículo ayude a su iglesia a vivir su llamado, a satisfacer las necesidades de sus congregantes y a proteger la salud de los miembros de su iglesia y comunidad en este tiempo crítico.

Daniel Chin es un médico con 25 años de experiencia en salud pública global, especializado en medicina pulmonar, cuidados críticos y epidemiología. En 2003, dirigió gran parte del proyecto de la OMS para detener la epidemia del SARS en China.

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